Aprendizajes de mi viaje interestelar


La verdad es que no llevo la cuenta exacta de cuántos días he estado sin salir de mi casa, pero sin lugar a dudas es un récord personal. En función de las características de las condiciones que han provocado éste aislamiento, se me hace igual la situación a la vivida por la familia Robinson en aquella serie original de “Perdidos en el Espacio”. Por ello, prefiero pensar que he estado en un viaje interestelar, como para darle una descripción positiva. y en éste tiempo en que la vida continuado pero en condiciones nuevas en cada minuto, he tenido la oportunidad de aprender varias cosas de éste nuevo mundo.

Así como se ha reportado que el planeta se está recuperando, he tenido la oportunidad de atender mis finanzas. A pesar de que se mantuvieron los costos operativos (servicios, escuela, alquiler), éste tiempo me ha permitido descubrir cómo vivir sin necesitar tantas cosas. No he llegado a un minimalismo extremo, pero si logré desarrollar una visión distinta, la cual estará sometida a prueba una vez regresemos a la “nueva normalidad”.

Si algo me ha ayudado en muchos aspectos es escuchar podcasts. Estos me dan una perspectiva más dinámica que complementa la lectura de libros (y audiolibros), razón por la cual seguía una larga lista de opciones. Una vez que se concretó la necesidad de no salir, asumí que tendría el tiempo más que suficiente para mantenerme al día con los mismos, lo cual no sucedió. Pude entender que a pesar de que las opciones que seleccioné me encantan, su fin era el de llenar el tiempo “muerto” que formaba parte de mi rutina diaria, como por ejemplo el tiempo para ir o regresar de la oficina. Obviamente que todo conocimiento es bueno, pero dado que contrario a mi expectativa tuve que asignar espacios de tiempo a todo lo que ahora hago en medio de éste así llamado “viaje”, me vi forzado a seleccionar los podcasts que en realidad más me interesan, reduciendo casi a la mitad o menos mi lista original.

Casualmente el mes de Mayo está lleno de cumpleaños de familiares, compadres y amigos muy cercanos, razón por la cual aprovechamos de usar los medios tecnológicos para acompañar a los cumpleañeros en su día. Para ello usamos la aplicación Zoom. Así tuvimos la primera “fiesta”, que pensé iba a durar poco y a ser muy aburrida, pero para mi sorpresa fué todo lo contrario! casi con desespero esperé la siguiente, y ya para la tercera sucedió lo que jamás hubiese pensado: estuvimos un grupo de amigos desde distintas partes del mundo compartiendo cuentos y cada quien tomándose sus tragos por más de 8 horas! de manera que a eso de las 5 de la mañana decidimos desconectarnos, la mayoría conscientes de las consecuencias que se venían, tal como en las fiestas “presenciales”.

Y del trabajo… quizás es la mayor lección que he vivido en éstos días. Como fanático de la eficiencia y la eficacia siempre consideré que toda interrupción era una ofensa, pero ahora tengo muy claro la necesidad que tenemos de esas pausas. Ir a buscar una tasa de café, recibir a cualquiera que pregunta cualquier cosa, hasta ir al baño, lo cual termina convirtiéndose en un momento de contacto social tanto de ida como de vuelta, lo cual ayuda a despejarse, a tomar esa pausa que ahora no tenemos al estar 12 o 14 horas dedicados por completo a atender juntas, tareas o simplemente a mantener el buzón de correos limpio. Estar en la oficina ofrece un ambiente balanceado, muy al contrario de cómo lo consideraba antes del viaje.

En fin, que las circunstancias realmente nos hicieron cambiar radicalmente. Ahora nuestra familia conoce en detalle todo lo que uno hace y trata a diario; mi hija me comentaba que quisiera que las clases siempre fueran en línea, y definitivamente el estar 24 horas compartiendo ha sido una de las experiencias más intensas de vivir, que en mi caso ha resultado en una profundización de la confianza, ya que el hecho de pasar momentos solos, apenas separados por alguna pared y un pasillo, es una necesidad y no significa un rechazo, sino por el contrario es una necesidad que permite mantener la madurez en una relación.

Pero el viaje aún no ha terminado. Houston avisa que hay que ir haciendo los preparativos para un regreso en los días próximos a la tierra, y llegado el momento final nos tocará ver si es lo mismo que dejamos, o si como en la película de Will Smith “Después de la Tierra”, nos conseguimos con un planeta totalmente extraño y hostil.

La Vida te da Sorpresas


Debí entender que era una señal temprana del destino, una advertencia a considerar sobre cómo suceden las cosas en la vida: a golpes!

Corría el año 1978, y como todos los años estábamos en casa de mi Tía Sara. Por el período de vacaciones allí nos concentrábamos todos los primos bajo el cuidado y responsabilidad de mi Tía y de mi Abuela. Hoy en día me asombro de la capacidad que tuvieron de mantener bajo control una pandilla de 7 muchachos que iba de los 15 o 17 años hasta un recién nacido. Mis primas, que eran las mayores del grupo, siempre han sido las artistas de la familia, con una habilidad increíble para el canto y la música en general. Como se acervaba mi cumpleaños número 8, se decidió hacer una obra de teatro interpretada por todos nosotros, para lo cual se eligió la canción Pedro Navaja de Rubén Blades. En esa canción hay básicamente 3 personajes: Pedro Navaja, la mujer del bar, y el borracho del final. Por ser yo el cumpleañero, mi expectativa era ser Pedro Navaja, pero la opción de la directora del proyecto, una de mis primas, fué seleccionar a su hermano, que es contemporáneo conmigo. Obviamente a pesar del tiempo que ha pasado, sigo convencido de que fué una elección sesgada, sin embargo todos fuimos sometidos a un riguroso proceso de selección basado en cómo interpretábamos cada personaje. Total, que no hubo más opción que ser el borracho de la historia…

Eran otros tiempos, y una de las cosas que me dejó mi Papá fué su cuchillo de Scout, el cual estaba, como debe ser, hiper afilado. Con eso pasaba los días, y fué la herramienta perfecta para emprender el proyecto de esas vacaciones: una guarida secreta. Así, pasaba los días con dos cómplices más haciéndola, para lo cual seleccionamos un tupido árbol, y comenzamos a cortar ramas para crear el espacio que sería la guarida. Como dos días antes de mi cumpleaños, apenas un segundo de descuido justo en el momento en el que cortaba una rama que sostenía con mi mano izquierda, produjo un profuso hilo de sangre que emanaba de la unión de mi dedo índice con el resto de la mano. Asustado, traté de ocultar el accidente, pero al final resultó en 4 puntos de sutura, y milagrosamente conservé todos los dedos de mi mano.

El acto para el que tanto habíamos practicado estuvo, lógicamente, a punto de suspenderse, sin embargo decidimos seguir adelante. Todo salió como estaba planificado, hasta que yo salí al escenario y, sintiéndome culpable aún de casi suspender el evento, quise hacer una interpretación digna de un premio Oscar, por lo cual ese borracho, mientras decía su texto, se movió de manera magistral, hasta que en uno de los vadeos, me estrellé contra una ventana golpeando justamente la herida, la cual se abrió y, por segunda vez, casi se arruinan los planes.

Muchos años después, pude concluir que a pesar de que las circunstancias parecían adversas, pues fueron todo lo contrario. Al escuchar bien la canción, para mi el personaje principal es el borracho, ya que da el mensaje de la canción: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios“. Y si algo he aprendido es que esa es la verdad más absoluta. Hay que estar siempre abiertos a aceptar lo más seguro en nuestras vidas: la incertidumbre. Y esa lección de hace tantos años, ahora es de las más útiles en las circunstancias en las que vivimos, donde cada día es como un siglo de experiencia si lo vemos en términos de las sorpresas que nos traen.

Como cuando pasé Calculo 10


Era mi segundo semestre en La Universidad, y aún me estaba “adaptando”. En ese proceso, no había podido aprobar Calculo 10, una (si no la más) de las materias más importantes en el primer semestre de la carrera que estudié, y al enterarse mi papá de la situación, y que tenía una última oportunidad para hacerlo en ese semestre (el examen de reparación), me visitó de improviso, sin mi mamá, lo cual me pareció muy extraño. Al final de ese día me invitó a comer, y como era costumbre en mi casa, justo en medio de la cena salió a relucir la razón de tan extraño viaje.

Comenzó mi papá diciéndome que ya yo era mayor de edad (apenas había cumplido 18 años), por lo que no podía obligarme a retirarme de la Universidad, sin embargo, si no lograba aprobar la materia en ese último examen, que ya no me apoyarían más, por lo cual tendría que valerme por mi mismo si quería seguir estudiando. Al comienzo lo tomé no muy en serio, sin embargo pude ver en su mirada que hablaba muy en serio. Regresamos a la casa, y al otro día, como si no hubiese pasado nada, se fué muy temprano. El mensaje era claro y conciso, por lo que tomé la decisión que había estado evitando: dedicarme a estudiar con seriedad para el examen.

Vivía en casa de una de mis Tías, quien en ese momento estaba de viaje, de manera que decidí encerrarme y sólo dedicarme a estudiar. Todos los días estudiaba los problemas del Leithold y del Piskunov, sin planes de dejar para nada la casa. La probabilidad de aprobar ese examen era muy, muy pequeña, de manera que el esfuerzo debía ser muy serio y grande. Me llamaban mis amigos de juerga para salir como de costumbre, y en todos los casos logré no sucumbir a la tentación. Incluso iban a buscarme a la casa, extrañados de mi actitud, y en cada visita tuve que explicar a mis incrédulos interlocutores las razones para no salir. Todos los días estudiaba, y estudiaba, sin hacer nada más, con el único objetivo de lograr aprobar el difícil exámen, lo cual finalmente sucedió.

Estos días de encierro me recuerdan mucho esa experiencia. Con la voluntad de no salir bajo ninguna tentación (sólo a lo estrictamente necesario), dedicado en cuerpo y alma a mi trabajo, que es lo que nos mantiene por ahora, y que resulta ser el punto de mayor debilidad. Pero como en esa oportunidad, estoy enfocado en cada cosa relevante, no solo en lo laboral sino en lo personal, de manera de aprovechar todo lo que se pueda la situación en la que vivimos. Lo más importante es la actitud… Eso es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso en todo reto que se enfrente, incluso en los que parecen más imposibles.

Aceptar o Crear el “nuevo normal”


Desde que iniciaron los días de la pandemia, se comenzó a hablar de “un nuevo normal”, haciendo referencia al hecho de que nuestro mundo, el que cada uno de nosotros vivíamos y dábamos por sentado, cambió de manera abrupta y sin posibilidad alguna de volver a ser lo que fué. Quizás el mundo, nosotros, nos merecíamos éste “reinicio”, quizás más que merecerlo, lo necesitábamos, ya que ahora se nos ha hecho muy presente la importancia de esos detalles diarios que llenaban nuestras vidas, y que ahora han desaparecido, con la gran duda de que puedan volver.

Muchas veces pensé que mis días eran monótonos, sin saber lo equivocado que estaba al vivir ahora unos días donde la incertidumbre está reducida casi a cero. Otras tantas pasó por mi mente todo lo que quisiera hacer “si tuviera tiempo”, teniendo que enfrentarme ahora al monstruo del tiempo disponible, que me atormenta con cada minuto que pasa sin que haga algo de esa larga lista que me iba formando. Ante la situación que todos vivimos, mi primera reacción fué esperar a ver qué sucedía. Todos los días recuerdo los capítulos de la serie original, en blanco y negro, de “Perdidos en el Espacio”, donde la familia Robinson tenía que aprender a sobrevivir en cada mundo al que por alguna razón llegaban, lo cual es básicamente lo mismo que vivimos mi familia y yo. Todos los días, y me refiero literalmente a TODOS los días, me conecto para trabajar con la gente de la oficina, lo cual sí es una repetición infinita de las mismas acciones, con la misma gente, a la misma hora, sobre los mismos temas…

Pero, somos nosotros los que debemos decidir si simplemente nos adaptamos a un mundo que cambia constantemente, o si por el contrario en medio de esos cambios inesperados e impensables que suceden a diario, nos convertimos en los creadores de nuestro espacio normal. Quizás la incertidumbre diaria de no saber lo que va a pasar nos mantiene expectantes, pero ya en estos momentos sabemos con detalle lo que va a suceder, lo que tenemos que hacer, y lo único que nos atormenta es la incertidumbre de lo que también sabemos que no va a suceder por ahora: que se declare el mundo libre de la pandemia. Entonces, nuestro “nuevo normal” ya no es tan “nuevo”. Ya tenemos semanas viviéndolo y es hora de enfrentarlo y convertirlo en lo que necesitamos para bien de nuestra salud física y mental.

Al menos yo así lo decreto, y comienzo a implementar.

Buscando al Perro


Photo by Tim Gouw on Unsplash

Hay oportunidades en las que sencillamente se tiene que hacer lo que se tiene que hacer. Unas será voluntariamente, otras no necesariamente, pero habrá alguna situación que requiere la acción.

A menudo me encuentro preguntándome por qué debo ser yo quien haga algunas cosas. En algunos casos por el impacto que tienen, en otras porque incluyen a personas que debieron hacerlas pero que por alguna razón no atendieron a tiempo su responsabilidad. Pero un factor común es que siempre hay una ganancia en todo lo que me toca hacer. Unas veces más evidente e inmediato, otras no, pero a la larga termino entendiéndolo.

Lo más importante es tener en cuenta que a todos nos sucede. “Mal de muchos, alegría de tontos”, se podría decir, pero definitivamente hay distintos niveles. En todo momento de duda, recuerdo cuando un par de personas de mi equipo de trabajo andaban de viaje, y me reportaron que habían tenido un pequeño accidente. Les pregunté si estaban bien, y en ese momento sólo me dijeron “lo llamamos después, porque ahorita estamos buscando al perro”. Me quedé con la duda, y esperé a que me contactaran de nuevo. Resultó que en plena carretera se les había atravesado un perro y al atropellarlo le causó un daño importante a la camioneta que tenía asignada uno de ellos. Se detuvieron y al hacer el reporte a la aseguradora, les dijeron que para que procediera la cobertura, debían tener evidencias de que habían chocado a un perro, caso contrario, correrían ellos con los costos. Fué entonces que comenzó la búsqueda del perro, que no si había muerto o si se había escapado tanto al choque como a la muerte misma.

Al final, me regresaron la llamada para darme los detalles de lo sucedido, detallando cómo habían logrado encontrar el cadáver del causante del problema, y ya habían enviado las evidencias necesarias para evitar cargar con los costos del accidente.

“La necesidad es la madre de todas las invenciones”, frase que se atribuye a Einstein… Y por necesidad hasta se encuentra al perro!

Tu paz, mi alivio, nuestra unión


Photo by Christopher Sardegna on Unsplash

Cuando algo me saca de mi estado “normal”, digamos un problema, me tomo algún tiempo para verlo en perspectiva y encontrar cómo tratarlo. Si es muy grande, salgo, camino, me distraigo para encontrar la solución. Pero en éstos días no puedo hacerlo, y no hay problema por el que valga la pena arriesgar mi vida y la de la gente a mi alrededor para buscarle solución. Además, para donde se mire, todos estamos, en el mejor de los casos, en la misma posición, y sin lugar a dudas muchos con problemas peores. Entonces, qué hacer?

En un escenario en el que todos tenemos al menos un mismo problema, lo primero es mantener la perspectiva. Soy de los que siempre quiso trabajar desde la casa, como ahora hago, pero obviamente no es la misma situación que en circunstancias normales. El no poder salir a mi antojo es la primera gran diferencia, y luego sigue estar haciendo básicamente lo mismo, todos los días, sin posibilidad de cambiar la rutina. Otro factor es que no estamos solos, y quizás como nunca antes, hemos tenido que compartir con nuestros seres más queridos cada una de las 24 horas del día. Esto crea la oportunidad natural de que haya momentos en los que nos cueste entendernos, razón por la cual debemos buscar en lo más profundo de nuestro ser la fuerza necesaria para entendernos en el restringido espacio que compartimos, y con el tiempo infinito en el que estaremos juntos.

No sabemos cuánto tiempo durará nuestra situación actual, y no parece ser poco, de manera que nos toca estar realmente unidos en nuestra circunstancia y mucho más allá de la restricción física, y trabajar para que la paciencia, el entendimiento y la paz no nos abandonen bajo la presión de las circunstancias.

El control de la situación


Pensé que iba a ser más fácil. Muchas veces ya había hecho “home office”, de manera que pensé que sería como una vez más, pero no tenía idea de la dimensión de repetir la misma rutina sin falta cada día… y es que por más que se pretenda cambiarla, no hay muchas opciones, pero algo es mejor que nada.

También pensé que parte de mi tiempo se iría escribiendo, escribiendo como loco ante tanto tiempo disponible, pero tampoco ha sido tan perfecto como me lo imaginé. Y no es por falta de inspiración, sino porque creo que mi cerebro, ante la repetición reiterada de mis actos, está entrando como en “modo de ahorro de energía”. No queda más que luchar contra la rutina, porque como dicen los representantes del gobierno: lo peor aún está por llegar…