El Viaje al Vaticano


Cuento Corto

Siempre quise vivir de escribir. Es de esos sueños que uno tiene de hacer todos los días lo que a uno le apasiona, y pues a mi me apasiona escribir. Por ello siempre estuve buscando cualquier oportunidad para compartir lo que brotaba de mi inspiración: en la escuela escribía cuentos; en la Universidad escribía en distintos medios, desde discursos para eventos políticos, hasta participación en algunas publicaciones de la Facultad; y luego llegaron los Blogs, y fue cuando “formalicé” mi pasión por escribir, dedicándome a publicar todo lo que se me ocurría.

En esa búsqueda de oportunidades, hubo un llamado a compartir artículos en el periódico de la parroquia a la cual asistimos. Luego de superar ese miedo que surge cuando se está decidiendo presentar a mucha gente desconocida lo que se piensa, lo cual es una expresión de lo susceptibles que somos a la vulnerabilidad, contacté al Padre y me propuse para colaborar. Así, comenzaron los artículos de los domingos.

El Padre comenzó a agradecerme por lo que compartía, comentándome que había mucha gente que le comentaba que le gustaban mucho los artículos. Las semanas fueron pasando, y un día me comentó que el Arzobispo le había pedido utilizar los artículos en las publicaciones que tenían, a lo cual le agradecí mucho porque representaba un mayor nivel de exposición, así como representaba un nivel mayor de confirmación de que tanto lo que escribía, como mi estilo, no estaban nada mal. Ese es un temor que siempre esta presente, el saber si se va a leer lo que se escribe, y mas si va a gustar. La lucha está en simplemente escribirlo, y si se escribe, es para compartirlo, ya que de lo contrario podría vivir en nuestra mente como idea, rondando, amenazando con desaparecer, quemando en la conciencia…

Pasaron muchos meses durante los cuales recibí muchos comentarios sobre lo que iba compartiendo. Mi cuenta de títere se transformó en el espacio donde intercambiábamos ideas y opiniones acerca de lo que compartía, con todo lo que eso significa, y un día recibí la llamada que le dio sentido a esa necesidad permanente de vivir de lo que escribo. EL Padre me comentó que como parte de los procesos que siguen, en el Vaticano leen lo que se publica en el mundo, y comenzaron a seguir los artículos que estaba escribiendo, y que había sucedido que le habían presentado al Papa los mismos, y le habían gustado mucho, así que habían organizado un viaje de la Parroquia, en el cual estaba invitado junto con mi familia para que el Papa me conociera.

Vivir de lo que se hace definitivamente no significa ganar dinero por ello. La vida es mucho mas que dedicarse a generar el medio para obtener lo necesario para la supervivencia, sino por el contrario, es aprovechar cada inspiración, cada deseo, cada acción para llenar de satisfacción cada segundo en el que tenemos la oportunidad de estar vivos.

El Rosario en Pampan


Tenía no mas de 11 años y hacía poco había hecho mi primera comunión, pero la verdad es que aparte del Credo, el Padre Nuestro y el Ave María, no recordaba mucho mas. Un compañero de clases y muy amigo mío vivía en Pampan, un pueblo cercano de donde yo vivía. Regularmente me iba los fines de semana a pasarlo en casa de Tomás, y en una de esas oportunidades me dijo que debía acompañarlo porque su abuela lo había pedido que fuera al Rosario que le rezarían a algún familiar recientemente fallecido. No tuve problema, además de que tampoco tenía escapatoria, y lo que pensé es que sería suficiente con sólo estar presente, y de ser muy necesario rezar el Padre Nuestro o el Ave María. No sabía (ni lo sé hoy en día) cuántos Padres Nuestros y Ave Marias son, y mucho menos el orden, pero si soy bueno siguiendo la corriente. De hecho, en esos pueblitos era costumbre “contratar” a alguien para que rezara El Rosario, con lo cual se garantizaba que se hiciera de manera correcta.

En una de las calles del pueblo estaba la casa verde donde sería El Rosario. En el zaguán habían arreglado las sillas, todas contra la pared en el espacio cuadrado, y en medio de una de las paredes había una especie de altar, otras dos sillas hacia la esquina estaba sentada la abuela de Tomás. Nosotros llegamos y nos sentamos cerca de la señora, como dos sillas a partir de la esquina, de manera que quedábamos diagonal a ella. Luego de unos minutos de silencio, se sentó a mi lado un viejito muy típico del lugar. De repente la señora se volteó hacia donde estábamos y mirándome a los ojos me increpó de manera fuerte a que comenzara a rezar El Rosario. Yo me quedé estupefacto ante la solicitud, pensando qué iba a hacer. Por un segundo me dije que seguro me confundía con alguien, y que Tomás me rescataría, pero pasaron unos muy largos segundos y la señora me seguía mirando fijo y me gritó que era conmigo! Que para que había ido si no era a rezar El Rosario, y que comenzara! Me la quedé mirando, y sentía todas las miradas posadas en mi. No tenía mas opción, así que literalmente me encomendé a Dios y comencé: “Padre Nuestro que estás en el cielo…” y de inmediato me volvió a gritar la señora diciéndome “no, usted no! El viejo vagabundo al lado suyo que lo trajimos pa que rezara y está ahí sin hacer nada!”.

Resultó que para comenzar la abuela de Tomás tenía desviada la mirada, de manera que en realidad se estaba dirigiendo al señor a mi lado pero yo veía que era conmigo.

Ese ha sido uno de los sustos más grandes de mi vida, y sin embargo, como ha sido mi actitud desde esos días de mi niñez, pues afronté la situación y me lancé a rezar un Rosario que no sabía cómo hacerlo, y mucho menos cómo terminaría esa aventura, pero estoy más que convencido por las cosas que he vivido, que a quienes enfrentan con buena actitud las circunstancias siempre les va bien.

El Reto de Escribir


Esta semana tuve la oportunidad de leer la carta de renuncia de Bari Weiss al New York Times. Más allá del hecho de su renuncia, lo que me pareció más importante es lo que entiendo que fué una de sus razones.

Hay gente que decide correr, lanzarse en paracaídas, estudiar, y por supuesto escribir. Como sucede con toda actividad, en la medida en la que se practica se va desarrollando la habilidad que eventualmente lleva a la maestría. En este año en el que decidí dedicarme con mas formalidad a escribir, he podido descubrir que se hace tan intenso el cumplir con las metas establecidas como en cualquier otra actividad que se practique. Hay días en los que la inspiración es híper activa, y otros en los que no se siente nada como para plasmarlo, sin embargo la maestría se hace presente cuando se logra mantener la constancia a pesar de las circunstancias.

Con un compromiso de publicar semanalmente, así como de avanzar en 2 libros, me ha tocado ver la diferencia entre hacerlo cuando provoca, con respecto a hacerlo de acuerdo a un plan, y en medio de esa dicotomía, se me ha hecho presente la pregunta de por qué escribo?

Sin lugar a dudas, y en total acuerdo con muchos otros que también lo hacen, escribo en primer lugar para mi. Es una actividad que me permite organizar mis ideas, atender mi preocupación por trascender, y compartir lo que pienso y lo que hago. Obviamente habrá quienes disfruten de lo que comparta, así como otros que les parecerá una basura, pero en mi caso lo mas importante es que me guste a mi! Y atreverme a compartirlo tiene el único objetivo de hacer lo que considero un aporte. El tema es que actualmente las redes sociales han ido convirtiendo el arte de escribir en una actividad reactiva y con el objetivo de obtener una aprobación instantánea en la forma de “likes”. No podría yo decir que eso es malo, ya que es un producto de la disponibilidad de las nuevas tecnologías, sin embargo, introduce una opción que se debe tomar al momento de sentarse a escribir: hacerlo para recibir la mayor cantidad de “likes”, o simplemente para expresar lo que pienso y siento?. En algunas oportunidades se alineará ese hecho con la decisión al momento de escribir, pero en otras no, y quizás una opinión importante y necesaria no será compartida. En su carta, Bari Weiss establece: “I was always taught that journalists were charged with writing the first rough draft of history. Now, history itself is one more ephemeral thing molded to fit the needs of a predetermined narrative”.

Entonces, el reto de escribir consiste en simplemente hacerlo, independientemente de lo que genere lo que compartamos. Inevitablemente a veces lo haremos para que lo que la mayoría considera importante nos beneficie, otras porque es lo que nos importa independientemente de lo oportuno o aceptado que termine siendo.

En mi experiencia, escribir con la idea de que le guste a los demás es un gran error. Lo que se debe hacer es simplemente escribir, y el tiempo y las circunstancias se encargarán de lo demás.

Todos tenemos opiniones e historias para compartir, y el primer paso es escribirlas. A partir de allí el resto del proceso será mucho más fácil, así que si lo has pensado, toma tu papel y tu lápiz y comienza a hacerlo, sin pensar en mas nada, que eso que produzcas te guiará en los pasos posteriores.

Las Teorías de Conspiración y la Vejez


Mientras veía la explicación sobre cómo funcionan las estadísticas de la Pandemia, se me vino a la cabeza la opción de que todo eso no fuera más que números, y que no reflejaran la realidad. Dados los intereses principalmente económicos qué hay y que presionan para que la gente esté en la calle, podría manejarse la situación por medio de las gráficas que tantos vemos y que es la única opción que tenemos de saber cómo estamos. Realmente están bajando los casos? No será solo en esas gráficas, que dicen qué hay tendencias de baja, pero que el mensaje es “quédense en casa”, aunque puedo hacer una cita para que un peluquero venga a arreglarme el cabello…

En medio de mis pensamientos, caigo en cuenta que el sólo hecho de compartirla alimentaría, o sería la piedra fundacional, de una excelente teoría de conspiración. Y eso me lleva a pensar que de joven no escuchaba ni mucho menos pensaba en eso, y quizás es porque realmente no le prestaba mucha atención a nada, sino sólo a lo que de alguna manera tenía un espacio en mi futuro inmediato.

Lo que si es cierto es que las explicaciones son bien hechas, científicamente fundamentadas y absolutamente convincentes, pero acaso no es lo mismo con todas las conspiraciones? Pues por ahora no hay mas remedio que seguir en casa ocupando el tiempo en la mejor teoría que se nos ocurra.

Los Lazos Eternos


Todas las cosas que manejamos hoy en día nos mantienen distraídos, como viviendo una vida en la que todos los días hacemos lo mismo, o así nos quieren hacer pensar, de manera que buscamos en sitios como las Redes Sociales algo “interesante”, sin embargo, cada segundo que compartimos con alguien nos provee de todo lo que necesitamos para el resto de nuestros días.

En estos días en los que abruman las circunstancias, nada mejor que recordar los momentos mágicos con quienes los vivimos. Regularmente recuerdo tantos momentos con mis Padres, muchos que cuando sucedieron pasaron desapercibidos pero que muchos, muchos años después son tesoros que me alivian. Los días de confesión con el amigo o amiga más cercanos; la música que sonaba en momentos especiales. Son detalles que quedan almacenados, y que a veces salen para aliviar de alguna tribulación, otras para complicarnos la vida, pero al final terminan siendo la sal que le da sabor a la vida.

Siendo el Doble


De Wikipedia: Doppelgänger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico o sosias malvado de una persona viva. La palabra viene proviene de doppel, que significa “doble”, y ganger: “andante”. El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al “gemelo malvado” o al fenómeno de la bilocación.

Por el año 2000 trabajaba en un organismo público, que realizaba eventos a los que asistía mucha gente en Mérida, una ciudad en el occidente de Venezuela, y en muchos de esos eventos participaba como moderador, por lo cual me vestía con traje y corbata y siempre al llegar me confundían con “el de la televisión”, que era un reportero del canal del Estado, de nombre Ricardo Durán, y que era quien básicamente cubría los eventos del Presidente de la República. Entonces, era muy común que cuando yo llegaba a los eventos, muchos decían “Llegó VTV” (Venezolana de Televisión).

En Marzo del año 2007, el Gobierno no renovó la concesión al canal Radio Caracas Televisión (lo cual representó su cierre), lo cual acentuó la polarización política en el país, que ya venía agravándose, de manera que dependiendo en qué lugar se estaba en Caracas, podías recibir agresiones en función de cualquier señal que te identificara con cualquiera de los dos sectores. Justo algunos días después del cierre de RCTV, un grupo de compañeros de trabajo decidimos ir de visita al Teleférico del Avila. Tenía también una concesión la infraestructura del Teleférico en manos de un grupo económico identificado como opositor al gobierno. Teníamos mi esposa y yo como un año de habernos mudado a Caracas, por lo cual era nuestra primera visita a ese ícono de la capital. Decidimos ir luego de salir de la oficina, con el objetivo de disfrutar la vista nocturna que ofrecía el sitio. Como parte de la experiencia, y por la hora, decidimos comer en el restaurante que había allí, donde por la hora sólo tenía una mesa grande ocupada con gente que daba muestras de su alegría y entusiasmo ayudados por las bebidas espirituosas que disfrutaban. Cuando llegamos nos recibieron con mucha amabilidad, y nos sirvieron los primeros tragos. Seguidamente pedimos la comida, y mientras la disfrutábamos en la mesa vecina comenzaron a cantar una canción que era como el himno con el que se reclamaba el cierre de RCTV. Al comienzo no nos pareció extraño, sin embargo notamos que tardaban más en atendernos, así como que se volvían más altos los cantos, y ya se sentían más agresivos los comensales de la mesa vecina. Como notamos mucho lo pesado del ambiente, íbamos a reclamarle al mesonero, pero en medio de la situación les comenté al grupo que creía saber lo que estaba pasando: me estaban confundiendo con el de VTV. Les pedí que termináramos y nos fuéramos, ya que se veían lo suficientemente entusiasmados como para agredirnos, y de hecho el regreso era en los carros del teleférico, y podría suceder que terminara yo metido en uno con quienes me confundían en un viaje como de media hora, durante el cual podrían dar rienda suelta a su rabia y frustración con la persona equivocada. Al final, sobrevivimos sin reencontrarnos con ese grupo.

Por proyectos que atendía, me tocaba ir a sitios en el centro de la ciudad, el cual estaba identificado como territorio del gobierno, por lo cual el ambiente era, por el contrario, totalmente favorable conmigo, ya que me confundían con su “camarada”, lo cual producía sonrisas cómplices y mucha amabilidad.

La oficina donde trabajaba quedaba en el Multicentro Empresarial del Este (MEDE), justo frente al Centro COmercial Sambil, que en esos días era quizás el más concurrido de la ciudad. Iba yo cruzando desde el Sambil hacia el MEDE con un compañero de trabajo, cuando de repente se me lanzan encima dos mujeres. En una ciudad como Caracas, eso es una amenaza inmensa, de manera que de inmediato me puse en guardia. Una de las mujeres me saludó con mucha cercanía: “Hoooola! cómo estás? Si te acuerdas de mi!!??“. Eso me alarmó más, que me hablara con esa confianza, ya que de ninguna manera la conocía, pero esa cercanía buscaba hacerme bajar la guardia. Miraba a mi alrededor, viendo si alguien estaba al acecho; veía a mi compañero que estaba como tranquilo ya que pensaba, como me dijo después, que efectivamente eran conocidas; y no veía a ningún policía cerca, que siempre los habían en la zona, pero no justo en ese momento en que los necesitaba. Por mi reacción la chica que me había saludado se quedó también como confundida, por lo cual me preguntó: “porque tu eres…“, y antes de que finalizara, entendí lo que estaba sucediendo: nuevamente me confundían con mi doble. Bajé un poco la guardia, y comencé a pensar en cómo salir de esa situación. No tuve otra opción sino decir “si” antes de que finalizara su pregunta, a lo cual vi somo suspiraba como aliviada, y se volteó hacia su compañera y, tomándola del antebrazo, la acercó mientras le decía “viste que te dije que lo conocía!“, y acercándomela me dijo con mucho orgullo “te presento a una amiga”. Yo ya estaba envestido en el personaje, de manera que la saludé con mucho cariño y hasta un beso en la mejilla le dí, a lo que ella comenzó a decirme que me veía todos los días en la televisión, que era mi admiradora… y yo sonreía con cara de interés. Ahí hablamos algunas cosas, o mejor dicho respondí onomatopéyicamente a sus comentarios, hasta que al final mi amiga dijo “vámonos, que Ricardo debe estar ocupado“, no sin antes sacar un cuaderno y pedirme un autógrafo. En cuestión de segundos invertí unas neuronas para determinar cómo firmaría su hoja, y al final decidí irme por la opción más sencilla: colocar simplemente su nombre y ya! Luego de eso, pude ver cómo se iban mis fans muy contentas por su encuentro con su ídolo.

En vista de que la oficina estaba frente al Sambil, todas las operaciones bancarias las manejábamos en una agencia en ese centro comercial donde también tenía mi cuenta personal. Como era uno de los que tenían firma autorizada en la oficina, era común que fuera a la agencia, pero siempre me quejaba de que a pesar de lo seguido que iba por distintas razones, pues no me daban el trato de alguien a quien conocían, tal como sucedía con el dueño de la empresa cuando los visitaba. Un día necesité ir a hacer alguna operación complicada, cobrar un cheque para quedarme con una parte en efectivo y la otra depositarla en mi cuenta. Cuando llegué a la puerta caí en cuenta que era día de pago no sólo de la quincena, sino también a los adultos mayores, quienes iban a cobrar su pensión, de manera que la agencia, que no era muy grande, estaba a reventar. Todavía se hacía fila, y al menos pude entrar en el zigzag dentro de la agencia, lo cual me aseguraba que si por la hora la cerraban, yo podría estar adentro hasta que me atendieran. Así, me dispuse a dedicar mi día a esperar mi turno desde el final de la fila, pero para mi sorpresa, una de las cajeras cuando se retiró la persona a la que estaba atendiendo, dijo con la voz más autoritaria que he escuchado, y apuntándome: “usted, no haga fila, atiendo al próximo y después pasa usted!!“. En medio de mi sorpresa, asumí que finalmente me trataban como alguien no sólo conocido, sino importante!, de manera que me salí de la fila y me paré cerca de la caja donde me iban a atender. Realmente me daba un poco de pena con los viejitos y la gente que estaba antes que yo, pero bueno, era mi prerrogativa por ser un VIP para el banco. Al finalizar con el cliente que atendía, la cajera hizo señas al siguiente en la fila de que esperara, y me pidió que me acercara para ser atendido. Me acerqué con una sonrisa de oreja a oreja, y le pasé el cheque y las planillas de depósito. En los primeros segundos y mientras revisaba los papeles, me dijo “yo siempre había querido conocerte en persona“. Ahí, nuevamente, se dispararon todas mis alarmas!. Quizás iba a ser víctima de un robo, sabiendo la cajera en la empresa en la que trabajaba y el movimiento de dinero de la misma. No pude más que quedármela mirando y decirle “ajá???!!!”, y ella, tapándose la boca con mis papeles como para que no la captaran las cámaras de seguridad, me dijo: “en mi casa todos estamos con el proceso, pero aquí no podemos decir nada porque no nos lo permiten“. De inmediato caí en cuenta de la situación en la que nuevamnte me ponía la vida. Quizás por mi reacción, se me quedó mirando como dudando, y en voz muy baja me preguntó: “porque tu si eres…“. Mientras hacía la pregunta, mi mente casi me dolía por todo lo que estaba procesando. Lo más fácil era decirle que si, que si era Ricardo Durán, con lo cual saldría rápidamente del predicamento, pero el problema era que ella tenía en su mano todos mis documentos, entre los cuales estaba mi identificación oficial, necesaria para poder precisamente demostrar quien era y que me pudieran pagar el cheque, de manera que me iba a meter en un problema cuya consecuencia podría ser que así como usó su autoridad para pasarme por encima de todas las personas, podría mandarme al último. La misma consecuencia tendría decirle que no, de manera que en milésimas de segundo tuve que definir mi plan, así que apenas finalizó su pregunta, mi respuesta inmediata y sin dudar fué “no!”, con lo cual se congeló el tiempo, pero seguidamente y antes de que reaccionara le dije: “pero soy su primo!”. Había pensado decir que era su hermano, pero al ver mi identificación iba a ser evidente que no teníamos el mismo apellido, lo cual podría justificarse o bien diciendo que éramos medios hermanos, o que su nombre real no era Ricardo Duran, pero se me hizo demasiada explicación delante de un público que ya me odiaba, así que la mejor opción que se me ocurrió fué la de ser “el primo”. Su emoción se redujo, y comenzó a realizar mis gestiones, y al mismo tiempo me preguntaba si lo veía a menudo, si le podía dar sus saludos, de manera que al final, antes de entregarme el dinero y los comprobantes, nuevamente se tapó la boca para decirme: “dile a Ricardo que estamos con el, que estamos con el proceso, y que le dé saludos al Presidente“. Le devolví mi mejor sonrisa y airoso me fuí.

Aparte de estos eventos, hubo varios más. Restaurantes donde los mesoneros me trataban muy bien pensando que era mi doble; otros donde concluyo que les pagaban para que me trataran mal, con lo cual me hicieron pasar momentos bien amargos. Hay libros, películas y telenovelas que tratan el tema, y la verdad es que a uno se le hace prácticamente imposible creer que eso pueda suceder en la vida real. De hecho, un día mi doble estaba en un programa en vivo, y yo llamé a mis tías y les dije que me vieran en una entrevista en televisión, y por unos minutos creyeron que sí era yo, lo cual da cuenta de lo parecidos que éramos.

Un día, por pura casualidad, me enteré que mi doble había fallecido trágicamente. Con eso desaparecía la probabilidad de que nos siguieran confundiendo. También al mudarme de país se redujo esa posibilidad aún más, pero lo que si es cierto es que puedo dar garantía de que la teoría de que todos tenemos un doble, al menos en mi caso fué cierta.

Aprendizajes de mi viaje interestelar


La verdad es que no llevo la cuenta exacta de cuántos días he estado sin salir de mi casa, pero sin lugar a dudas es un récord personal. En función de las características de las condiciones que han provocado éste aislamiento, se me hace igual la situación a la vivida por la familia Robinson en aquella serie original de “Perdidos en el Espacio”. Por ello, prefiero pensar que he estado en un viaje interestelar, como para darle una descripción positiva. y en éste tiempo en que la vida continuado pero en condiciones nuevas en cada minuto, he tenido la oportunidad de aprender varias cosas de éste nuevo mundo.

Así como se ha reportado que el planeta se está recuperando, he tenido la oportunidad de atender mis finanzas. A pesar de que se mantuvieron los costos operativos (servicios, escuela, alquiler), éste tiempo me ha permitido descubrir cómo vivir sin necesitar tantas cosas. No he llegado a un minimalismo extremo, pero si logré desarrollar una visión distinta, la cual estará sometida a prueba una vez regresemos a la “nueva normalidad”.

Si algo me ha ayudado en muchos aspectos es escuchar podcasts. Estos me dan una perspectiva más dinámica que complementa la lectura de libros (y audiolibros), razón por la cual seguía una larga lista de opciones. Una vez que se concretó la necesidad de no salir, asumí que tendría el tiempo más que suficiente para mantenerme al día con los mismos, lo cual no sucedió. Pude entender que a pesar de que las opciones que seleccioné me encantan, su fin era el de llenar el tiempo “muerto” que formaba parte de mi rutina diaria, como por ejemplo el tiempo para ir o regresar de la oficina. Obviamente que todo conocimiento es bueno, pero dado que contrario a mi expectativa tuve que asignar espacios de tiempo a todo lo que ahora hago en medio de éste así llamado “viaje”, me vi forzado a seleccionar los podcasts que en realidad más me interesan, reduciendo casi a la mitad o menos mi lista original.

Casualmente el mes de Mayo está lleno de cumpleaños de familiares, compadres y amigos muy cercanos, razón por la cual aprovechamos de usar los medios tecnológicos para acompañar a los cumpleañeros en su día. Para ello usamos la aplicación Zoom. Así tuvimos la primera “fiesta”, que pensé iba a durar poco y a ser muy aburrida, pero para mi sorpresa fué todo lo contrario! casi con desespero esperé la siguiente, y ya para la tercera sucedió lo que jamás hubiese pensado: estuvimos un grupo de amigos desde distintas partes del mundo compartiendo cuentos y cada quien tomándose sus tragos por más de 8 horas! de manera que a eso de las 5 de la mañana decidimos desconectarnos, la mayoría conscientes de las consecuencias que se venían, tal como en las fiestas “presenciales”.

Y del trabajo… quizás es la mayor lección que he vivido en éstos días. Como fanático de la eficiencia y la eficacia siempre consideré que toda interrupción era una ofensa, pero ahora tengo muy claro la necesidad que tenemos de esas pausas. Ir a buscar una tasa de café, recibir a cualquiera que pregunta cualquier cosa, hasta ir al baño, lo cual termina convirtiéndose en un momento de contacto social tanto de ida como de vuelta, lo cual ayuda a despejarse, a tomar esa pausa que ahora no tenemos al estar 12 o 14 horas dedicados por completo a atender juntas, tareas o simplemente a mantener el buzón de correos limpio. Estar en la oficina ofrece un ambiente balanceado, muy al contrario de cómo lo consideraba antes del viaje.

En fin, que las circunstancias realmente nos hicieron cambiar radicalmente. Ahora nuestra familia conoce en detalle todo lo que uno hace y trata a diario; mi hija me comentaba que quisiera que las clases siempre fueran en línea, y definitivamente el estar 24 horas compartiendo ha sido una de las experiencias más intensas de vivir, que en mi caso ha resultado en una profundización de la confianza, ya que el hecho de pasar momentos solos, apenas separados por alguna pared y un pasillo, es una necesidad y no significa un rechazo, sino por el contrario es una necesidad que permite mantener la madurez en una relación.

Pero el viaje aún no ha terminado. Houston avisa que hay que ir haciendo los preparativos para un regreso en los días próximos a la tierra, y llegado el momento final nos tocará ver si es lo mismo que dejamos, o si como en la película de Will Smith “Después de la Tierra”, nos conseguimos con un planeta totalmente extraño y hostil.

La Vida te da Sorpresas


Debí entender que era una señal temprana del destino, una advertencia a considerar sobre cómo suceden las cosas en la vida: a golpes!

Corría el año 1978, y como todos los años estábamos en casa de mi Tía Sara. Por el período de vacaciones allí nos concentrábamos todos los primos bajo el cuidado y responsabilidad de mi Tía y de mi Abuela. Hoy en día me asombro de la capacidad que tuvieron de mantener bajo control una pandilla de 7 muchachos que iba de los 15 o 17 años hasta un recién nacido. Mis primas, que eran las mayores del grupo, siempre han sido las artistas de la familia, con una habilidad increíble para el canto y la música en general. Como se acervaba mi cumpleaños número 8, se decidió hacer una obra de teatro interpretada por todos nosotros, para lo cual se eligió la canción Pedro Navaja de Rubén Blades. En esa canción hay básicamente 3 personajes: Pedro Navaja, la mujer del bar, y el borracho del final. Por ser yo el cumpleañero, mi expectativa era ser Pedro Navaja, pero la opción de la directora del proyecto, una de mis primas, fué seleccionar a su hermano, que es contemporáneo conmigo. Obviamente a pesar del tiempo que ha pasado, sigo convencido de que fué una elección sesgada, sin embargo todos fuimos sometidos a un riguroso proceso de selección basado en cómo interpretábamos cada personaje. Total, que no hubo más opción que ser el borracho de la historia…

Eran otros tiempos, y una de las cosas que me dejó mi Papá fué su cuchillo de Scout, el cual estaba, como debe ser, hiper afilado. Con eso pasaba los días, y fué la herramienta perfecta para emprender el proyecto de esas vacaciones: una guarida secreta. Así, pasaba los días con dos cómplices más haciéndola, para lo cual seleccionamos un tupido árbol, y comenzamos a cortar ramas para crear el espacio que sería la guarida. Como dos días antes de mi cumpleaños, apenas un segundo de descuido justo en el momento en el que cortaba una rama que sostenía con mi mano izquierda, produjo un profuso hilo de sangre que emanaba de la unión de mi dedo índice con el resto de la mano. Asustado, traté de ocultar el accidente, pero al final resultó en 4 puntos de sutura, y milagrosamente conservé todos los dedos de mi mano.

El acto para el que tanto habíamos practicado estuvo, lógicamente, a punto de suspenderse, sin embargo decidimos seguir adelante. Todo salió como estaba planificado, hasta que yo salí al escenario y, sintiéndome culpable aún de casi suspender el evento, quise hacer una interpretación digna de un premio Oscar, por lo cual ese borracho, mientras decía su texto, se movió de manera magistral, hasta que en uno de los vadeos, me estrellé contra una ventana golpeando justamente la herida, la cual se abrió y, por segunda vez, casi se arruinan los planes.

Muchos años después, pude concluir que a pesar de que las circunstancias parecían adversas, pues fueron todo lo contrario. Al escuchar bien la canción, para mi el personaje principal es el borracho, ya que da el mensaje de la canción: “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios“. Y si algo he aprendido es que esa es la verdad más absoluta. Hay que estar siempre abiertos a aceptar lo más seguro en nuestras vidas: la incertidumbre. Y esa lección de hace tantos años, ahora es de las más útiles en las circunstancias en las que vivimos, donde cada día es como un siglo de experiencia si lo vemos en términos de las sorpresas que nos traen.

Como cuando pasé Calculo 10


Era mi segundo semestre en La Universidad, y aún me estaba “adaptando”. En ese proceso, no había podido aprobar Calculo 10, una (si no la más) de las materias más importantes en el primer semestre de la carrera que estudié, y al enterarse mi papá de la situación, y que tenía una última oportunidad para hacerlo en ese semestre (el examen de reparación), me visitó de improviso, sin mi mamá, lo cual me pareció muy extraño. Al final de ese día me invitó a comer, y como era costumbre en mi casa, justo en medio de la cena salió a relucir la razón de tan extraño viaje.

Comenzó mi papá diciéndome que ya yo era mayor de edad (apenas había cumplido 18 años), por lo que no podía obligarme a retirarme de la Universidad, sin embargo, si no lograba aprobar la materia en ese último examen, que ya no me apoyarían más, por lo cual tendría que valerme por mi mismo si quería seguir estudiando. Al comienzo lo tomé no muy en serio, sin embargo pude ver en su mirada que hablaba muy en serio. Regresamos a la casa, y al otro día, como si no hubiese pasado nada, se fué muy temprano. El mensaje era claro y conciso, por lo que tomé la decisión que había estado evitando: dedicarme a estudiar con seriedad para el examen.

Vivía en casa de una de mis Tías, quien en ese momento estaba de viaje, de manera que decidí encerrarme y sólo dedicarme a estudiar. Todos los días estudiaba los problemas del Leithold y del Piskunov, sin planes de dejar para nada la casa. La probabilidad de aprobar ese examen era muy, muy pequeña, de manera que el esfuerzo debía ser muy serio y grande. Me llamaban mis amigos de juerga para salir como de costumbre, y en todos los casos logré no sucumbir a la tentación. Incluso iban a buscarme a la casa, extrañados de mi actitud, y en cada visita tuve que explicar a mis incrédulos interlocutores las razones para no salir. Todos los días estudiaba, y estudiaba, sin hacer nada más, con el único objetivo de lograr aprobar el difícil exámen, lo cual finalmente sucedió.

Estos días de encierro me recuerdan mucho esa experiencia. Con la voluntad de no salir bajo ninguna tentación (sólo a lo estrictamente necesario), dedicado en cuerpo y alma a mi trabajo, que es lo que nos mantiene por ahora, y que resulta ser el punto de mayor debilidad. Pero como en esa oportunidad, estoy enfocado en cada cosa relevante, no solo en lo laboral sino en lo personal, de manera de aprovechar todo lo que se pueda la situación en la que vivimos. Lo más importante es la actitud… Eso es lo que hace la diferencia entre el éxito y el fracaso en todo reto que se enfrente, incluso en los que parecen más imposibles.

Aceptar o Crear el “nuevo normal”


Desde que iniciaron los días de la pandemia, se comenzó a hablar de “un nuevo normal”, haciendo referencia al hecho de que nuestro mundo, el que cada uno de nosotros vivíamos y dábamos por sentado, cambió de manera abrupta y sin posibilidad alguna de volver a ser lo que fué. Quizás el mundo, nosotros, nos merecíamos éste “reinicio”, quizás más que merecerlo, lo necesitábamos, ya que ahora se nos ha hecho muy presente la importancia de esos detalles diarios que llenaban nuestras vidas, y que ahora han desaparecido, con la gran duda de que puedan volver.

Muchas veces pensé que mis días eran monótonos, sin saber lo equivocado que estaba al vivir ahora unos días donde la incertidumbre está reducida casi a cero. Otras tantas pasó por mi mente todo lo que quisiera hacer “si tuviera tiempo”, teniendo que enfrentarme ahora al monstruo del tiempo disponible, que me atormenta con cada minuto que pasa sin que haga algo de esa larga lista que me iba formando. Ante la situación que todos vivimos, mi primera reacción fué esperar a ver qué sucedía. Todos los días recuerdo los capítulos de la serie original, en blanco y negro, de “Perdidos en el Espacio”, donde la familia Robinson tenía que aprender a sobrevivir en cada mundo al que por alguna razón llegaban, lo cual es básicamente lo mismo que vivimos mi familia y yo. Todos los días, y me refiero literalmente a TODOS los días, me conecto para trabajar con la gente de la oficina, lo cual sí es una repetición infinita de las mismas acciones, con la misma gente, a la misma hora, sobre los mismos temas…

Pero, somos nosotros los que debemos decidir si simplemente nos adaptamos a un mundo que cambia constantemente, o si por el contrario en medio de esos cambios inesperados e impensables que suceden a diario, nos convertimos en los creadores de nuestro espacio normal. Quizás la incertidumbre diaria de no saber lo que va a pasar nos mantiene expectantes, pero ya en estos momentos sabemos con detalle lo que va a suceder, lo que tenemos que hacer, y lo único que nos atormenta es la incertidumbre de lo que también sabemos que no va a suceder por ahora: que se declare el mundo libre de la pandemia. Entonces, nuestro “nuevo normal” ya no es tan “nuevo”. Ya tenemos semanas viviéndolo y es hora de enfrentarlo y convertirlo en lo que necesitamos para bien de nuestra salud física y mental.

Al menos yo así lo decreto, y comienzo a implementar.