El Gran Impacto de los Pequeños Detalles


A menudo, o quizás es mejor decir que permanentemente, nos vemos expuestos a muchos estímulos, por lo cual no tenemos otro remedio sino trabajar basados en lo general, sin detenernos mucho en los detalles. Una forma en la que lo hacemos es a través de los hábitos, mediante los cuales hacemos cosas independientemente de cualquier detalle. Nuestros hábitos correspondían al ritmo de vida que llevábamos, sin embargo, en lo que esa circunstancia cambió, fué muy difícil mantener esos hábitos, por lo que no tuvimos mas opción sino deshabituarnos a lo que hacíamos. Entonces vino lo que más me ha asombrado.

El proceso no ha sido nada fácil. Me tomó mucho esfuerzo primero aceptar la situación; luego entender lo que significaba el cambio y finalmente asumirlo, y es cuando entraron en escena los pequeños detalles. Hubo, sin lugar a dudas, grandes cambios, pero su volumen no fue lo impactante sino el espacio que abrieron para nuevas oportunidades. Dejar de ir a la oficina y quedarme trabajando en la casa era casi un sueño hecho realidad, sin embargo, al perder los pequeños detalles, esos que eran imperceptibles dentro del hábito de en la oficina, me hice consciente de los mismos; el hecho de estar en la casa todo el día era bueno, pero el detalle fué que nunca nos había tocado convivir las 24 horas del día juntos por tanto tiempo, lo cual requirió desarrollar el espacio para el entendimiento y la paciencia; y mi hija se vió obligada a cambiar radicalmente su hábito de ir a la escuela, que fue quizás lo que más nos preocupó por el impacto que potencialmente podía tener en ella, pero al adecuarle su espacio, y con las iniciativas que comenzaron a implementar en su escuela, entre las que se incluyeron una obra de teatro que hicieron por Zoom, un día nos dijo que prefería no regresar a la escuela sino seguir así, desde la casa.

Escuchar todo el día la risa de mi hija, el poder compartir unos minutos , aún cuando a veces son muy pocos, con mis mujeres al momento de comer, me da una energía que al no haberla sentido antes, se convierte en necesaria. Y todo esto me agarró justo en el año en el que cumplí 50 de vida. Estuve planificando al menos un año lo que haría: el sitio, los invitados, la comida, los entretenimientos, todo estaba anotado, pero como sucede mas a menudo de lo que somos conscientes, nada de eso se pudo hacer. Pero por el contrario tuve la oportunidad perfecta para ver en perspectiva todo lo vivido, los retos que enfrento ahora y hacia donde debo poner rumbo. Surgieron en ese espacio muchas cosas, resaltando los detalles; el hecho de estar avanzando en uno de mis planes de toda la vida: escribir un libro, me ha hecho ver en perspectiva las cosas justo cuando buscaba mas respuestas, y ha sido como que mi yo del pasado me daba consejos súper útiles, pero sobre todo me ayudaba a estar seguro de que podré salir adelante, como lo he hecho antes, de todo cuanto enfrento ahora. Son detalles que me han sido de enorme ayuda, y que a pesar de haber estado siempre allí, no me dejaban verlos las circunstancias. Como aprendizaje, ahora sé que no necesito adaptarme a una “nueva normalidad”, sino que por el contrario no debo acostumbrarme a lo que pareciera normal, que no es otra cosa mas sino lo que vivimos a diario.

El Luto de la Pandemia


En un evento en el que participé recientemente, donde se trató el tema del trabajo remoto, al final una de las preguntas fue cómo tratar el fin de la pandemia con los equipos de trabajo, y la respuesta de la persona que nos estuvo orientando me impactó por lo lógica y extraña que fué: ante esa circunstancia, deberemos entenderlo como un luto, y como tal tratarlo y entender el período de adaptación de cada quien como si hubiesen perdido a un ser querido.

Extraño, no!? pero en lo que explicó y yo comencé a pensar en el punto, se me hizo totalmente lógico e importante. Obligados por la pandemia nos hemos acostumbrado a muchas cosas que definitivamente extrañaremos una vez que se acabe la misma:

  • Estar todo el día con la familia: En mi caso en particular digo “estar”, ya que la mayor parte del día lo paso trabajando, pero el poder escuchar lo que sucede; disfrutar la risa de mi hija todo el dia; compartir mis pensamientos con mi esposa, quien escucha todo y termina teniendo una visión mas acertada de lo que hago y por lo que paso; tomarme un café sentado en mi sala y pensando en la inmortalidad del cangrejo, lo cual potencia mi productividad; distraerme cuando llega nuestra perrita a saludar y se queda acompañandome por bastante rato…
  • Aprovechar el tiempo: El tema de aprovechar el tiempo podría llevar litros de tinta de mi pluma, sin embargo no tengo duda de cuánto extrañaré como lo utilizo actualmente, aunque sé que podré adaptarme con algunos cambios. Tengo la fortuna de tener mi oficina más o menos a una hora de mi casa, y el tiempo en el que manejo de ida y/o vuelta lo aprovecho escuchando podcasts principalmente, sin embargo ahora lo aprovecho haciendo ejercicio, leyendo, incluso he comenzado a meditar lo cual ha transformado mi perspectiva, y me ha ayudado para poder llevar adelante el proyecto de escribir un libro.
  • La comida de mi esposa: Una de las miles de cosas buenas que tiene es su forma de cocinar, y en estos dias se ha dedicado a deleitarme con comidas espectaculares, hiper saludables que han impactado de forma espectacularmente buena mi salud.

Y hay muchas cosas mas que definitivamente extrañaré. Sólo escribir esto hace que sienta un nudo en la garganta, y aunque no sabemos ni cuando sucederá, ni hacia qué iremos, sé que no será lo mismo. No puedo pretender que no se acabe la pandemia, y haré lo imposible por adaptarme a la “nueva normalidad”, pero en ese proceso, andaré tal cual como si algo trágico hubiese sucedido, pero como debe ser, me recuperaré, adaptaré y seguiré adelante.

Inspiración y Eficiencia


Con la disponibilidad de nuevas tecnologías, surge la lluvia de beneficios de cada aplicación que se crea, lo cual nos abruma, en mayor medida a unos que a otros.

En el caso de lo que se refiere a la escritura, lo primero es tener una inspiración, la cual es una frase, un sentimiento, un recuerdo, y lo importante es registrarlo. Lo más tradicional es hacerlo en un papel, lo cual genera el problema de que se puedan perder, entonces se utiliza un cuaderno para tener todo allí registrado, pero en la medida en que se va llenando, se requiere un sistema de registro que permita el acceso a lo que se ha escrito sin necesidad de recorrer todas las hojas, que de hecho resulta de las experiencias mas interesantes para quien lo hace. Entonces, podemos encontrar muchísimas opciones de con qué escribir, y de lo que más me ha impresionado es las opciones que se tienen en cuanto a papel y cuadernos se refiere: papel con puntos; de distinto grosor; que funciona mejor con un lápiz; y hasta cuadernos reutilizables que con una aplicación registran su contenido en “la nube”.

En mi caso, vivo probando opciones de manera regular, buscando tener mayor eficiencia en esta obsesión de escribir. Mi base siempre ha sido papel y lápiz, pero me entra el pánico al pensar si se pierde algún cuaderno de los que voy llenando, de manera que he ido probando distintas opciones. De las mas recientes fue utilizar mi Ipad con el Apple Pencil para escribir directamente en una aplicación (Goodnotes), lo cual por un tiempo fué interesante, pero no terminó de convencerme. Para registrar las ideas he venido utilizando Evernotes, que permite definir la estructura que uno quiera, siendo una opción buena, pero con algunas limitaciones desde mi punto de vista; y recientemente decidí trabajar directamente en una aplicación para escritura, Scrivener, que ha resultado una de las mejores decisiones que he tomado. Así estuve por un tiempo escribiendo directo en la computadora, pero no terminaba de fluir la inspiración a pesar de todo el sistema que tengo, de manera que hice una introspección introspectiva (me senté a ver que carajo me pasaba, pues!), y llegué a unas observaciones bien interesantes.

Un punto fundamental fue que después de pasar 12 horas (o mas) trabajando en la computadora de la oficina, termino con un agotamiento en la vista terrible, de forma que se me hacía muy incómodo el sentarme a escribir; además, vi que al escribir a mano, esa actividad física me ayudaba a relajarme, además de recuperar la forma de mi mano totalmente adaptada a la del ratón. Para mi definitivamente no hay nada como escribir a mano. Recuerdo el tiempo que pasaba mi papá escribiendo sus diarios, por lo cual heredé la pasión por las plumas fuentes. Además que no hay nada que se compare con esa sensación que me produce la acción física de escribir, con la cual se van transformando las hojas donde lo hago, cambiando su textura, el sonido que producen, el peso… Eso me hace tener lo que es de mis tesoros mas preciados que son todos los cuadernos que voy utilizando, los cuales mantengo siempre a la vista como un recordatorio de todo lo que contienen, y todo lo que me falta por escribir, pero precisamente estaba el tema de que no puedo cargarlos conmigo siempre, y digo “estaba” porque comencé a aprovechar las tecnologías para poder lograr ese anhelo: lo que hago es digitalizar cada página y guardarla en una aplicación que se sincroniza con la nube, de manera que no solo tengo acceso desde cualquiera de mis dispositivos y en todo momento, sino que además esa aplicación cuenta con interpretación de escritura, de forma que puedo hacer búsquedas por palabras a pesar de estar escritas a mano, lo cual funciona suficientemente bien. Y finalmente, en el Scrivener voy generando los proyectos de libros en los que estoy trabajando, lo cual es una herramienta espectacular para esa actividad, y el hecho de transcribir me hace revisar y corregir en una versión inicial los borradores, lo cual espero que en algun momento me ayude a terminar lo que tengo en mente.

Pero, para que toda esa tecnología funcione, hay una sola cosa que debe suceder: escribir! de manera que independientemente de donde, cómo y por qué, el esfuerzo mayor y que debe ser el objetivo único es escribir. Afortunadamente el otro tema que me abruma es todo lo que se me ocurre, las ideas, los momentos, las fotos, todo termina siendo un motivo de inspiración, que termina convirtiéndose para mi tranquilidad, y que me permite relajarme al verlo “en blanco y negro”.

Incertidumbre Continuada


Hace unos meses escribí acerca del impacto de la incertidumbre al cual nos enfrentábamos con el inicio de la pandemia, y luego de lo que hemos vivido desde entonces, no puedo mas que concluir que la exposisión a la incertidumbre no me ha hecho disminuir la ansiedad que sentía, sino muy por el contrario, se ha hecho mas grande. La incertidumbre ha generado lo que denominaría la incertidumbre por la incertidumbre. Cuando las cosas parecieran o deberían estar mejorando, de inmediato y súbitamente surge la repetición de las mismas situaciones que venimos viviendo, lo cual hace que lo que se iba a lograr entre nuevamente en la oscuridad de la incertidumbre.

Por ejemplo, se ha anunciado la reapertura de los cines, lo cual es una buena noticia ya que significa, en muchos sentidos, que comenzará una recuperación necesaria, pero por lo que ha pasado, no hay manera de asegurar que se hará sin el riesgo de que se eleven los contagios, por lo cual se volverán a cerrar sin saber hasta cuando. Una incertidumbre cesa, pero nace otra que al final es la misma.

La esperanza de entrar a la nueva normalidad se traslada en una montaña rusa, ya que no termina de establecerse cual será. Pareciera que jamás llegará la nueva normalidad, sino que nos tendremos que acostumbrar a vivir en una anormalidad perenne. Una persona relacionada con la parte científica que estudia la pandemia ponía un ejemplo desesperanzador: el covid es como tener una deuda; unos la pagan de contado, y otros la estamos pagando en cómodas cuotas, pero al final deberemos pagarla. Entonces, realmente existe la nueva normalidad?, o simplemente estamos dando largas para “pagar” todos esta deuda que nos acecha, pero al final lo que sucederá es que una vez que todos saldemos la misma simplemente volveremos a la normalidad?

Son tiempos muy difíciles, mas que por lo que nos pasa como sociedad, por lo que nos atormenta como personas. La esperanza la tenemos puesta en el hecho de que se concrete la “nueva normalidad”, pero no hay manera de establecer una fecha, ni siquiera de saber en qué consiste, a ciencia cierta, la misma. Seguiremos viviendo en la época más incierta…

El Viaje al Vaticano


Cuento Corto

Siempre quise vivir de escribir. Es de esos sueños que uno tiene de hacer todos los días lo que a uno le apasiona, y pues a mi me apasiona escribir. Por ello siempre estuve buscando cualquier oportunidad para compartir lo que brotaba de mi inspiración: en la escuela escribía cuentos; en la Universidad escribía en distintos medios, desde discursos para eventos políticos, hasta participación en algunas publicaciones de la Facultad; y luego llegaron los Blogs, y fue cuando “formalicé” mi pasión por escribir, dedicándome a publicar todo lo que se me ocurría.

En esa búsqueda de oportunidades, hubo un llamado a compartir artículos en el periódico de la parroquia a la cual asistimos. Luego de superar ese miedo que surge cuando se está decidiendo presentar a mucha gente desconocida lo que se piensa, lo cual es una expresión de lo susceptibles que somos a la vulnerabilidad, contacté al Padre y me propuse para colaborar. Así, comenzaron los artículos de los domingos.

El Padre comenzó a agradecerme por lo que compartía, comentándome que había mucha gente que le comentaba que le gustaban mucho los artículos. Las semanas fueron pasando, y un día me comentó que el Arzobispo le había pedido utilizar los artículos en las publicaciones que tenían, a lo cual le agradecí mucho porque representaba un mayor nivel de exposición, así como representaba un nivel mayor de confirmación de que tanto lo que escribía, como mi estilo, no estaban nada mal. Ese es un temor que siempre esta presente, el saber si se va a leer lo que se escribe, y mas si va a gustar. La lucha está en simplemente escribirlo, y si se escribe, es para compartirlo, ya que de lo contrario podría vivir en nuestra mente como idea, rondando, amenazando con desaparecer, quemando en la conciencia…

Pasaron muchos meses durante los cuales recibí muchos comentarios sobre lo que iba compartiendo. Mi cuenta de títere se transformó en el espacio donde intercambiábamos ideas y opiniones acerca de lo que compartía, con todo lo que eso significa, y un día recibí la llamada que le dio sentido a esa necesidad permanente de vivir de lo que escribo. EL Padre me comentó que como parte de los procesos que siguen, en el Vaticano leen lo que se publica en el mundo, y comenzaron a seguir los artículos que estaba escribiendo, y que había sucedido que le habían presentado al Papa los mismos, y le habían gustado mucho, así que habían organizado un viaje de la Parroquia, en el cual estaba invitado junto con mi familia para que el Papa me conociera.

Vivir de lo que se hace definitivamente no significa ganar dinero por ello. La vida es mucho mas que dedicarse a generar el medio para obtener lo necesario para la supervivencia, sino por el contrario, es aprovechar cada inspiración, cada deseo, cada acción para llenar de satisfacción cada segundo en el que tenemos la oportunidad de estar vivos.

El Rosario en Pampan


Tenía no mas de 11 años y hacía poco había hecho mi primera comunión, pero la verdad es que aparte del Credo, el Padre Nuestro y el Ave María, no recordaba mucho mas. Un compañero de clases y muy amigo mío vivía en Pampan, un pueblo cercano de donde yo vivía. Regularmente me iba los fines de semana a pasarlo en casa de Tomás, y en una de esas oportunidades me dijo que debía acompañarlo porque su abuela lo había pedido que fuera al Rosario que le rezarían a algún familiar recientemente fallecido. No tuve problema, además de que tampoco tenía escapatoria, y lo que pensé es que sería suficiente con sólo estar presente, y de ser muy necesario rezar el Padre Nuestro o el Ave María. No sabía (ni lo sé hoy en día) cuántos Padres Nuestros y Ave Marias son, y mucho menos el orden, pero si soy bueno siguiendo la corriente. De hecho, en esos pueblitos era costumbre “contratar” a alguien para que rezara El Rosario, con lo cual se garantizaba que se hiciera de manera correcta.

En una de las calles del pueblo estaba la casa verde donde sería El Rosario. En el zaguán habían arreglado las sillas, todas contra la pared en el espacio cuadrado, y en medio de una de las paredes había una especie de altar, otras dos sillas hacia la esquina estaba sentada la abuela de Tomás. Nosotros llegamos y nos sentamos cerca de la señora, como dos sillas a partir de la esquina, de manera que quedábamos diagonal a ella. Luego de unos minutos de silencio, se sentó a mi lado un viejito muy típico del lugar. De repente la señora se volteó hacia donde estábamos y mirándome a los ojos me increpó de manera fuerte a que comenzara a rezar El Rosario. Yo me quedé estupefacto ante la solicitud, pensando qué iba a hacer. Por un segundo me dije que seguro me confundía con alguien, y que Tomás me rescataría, pero pasaron unos muy largos segundos y la señora me seguía mirando fijo y me gritó que era conmigo! Que para que había ido si no era a rezar El Rosario, y que comenzara! Me la quedé mirando, y sentía todas las miradas posadas en mi. No tenía mas opción, así que literalmente me encomendé a Dios y comencé: “Padre Nuestro que estás en el cielo…” y de inmediato me volvió a gritar la señora diciéndome “no, usted no! El viejo vagabundo al lado suyo que lo trajimos pa que rezara y está ahí sin hacer nada!”.

Resultó que para comenzar la abuela de Tomás tenía desviada la mirada, de manera que en realidad se estaba dirigiendo al señor a mi lado pero yo veía que era conmigo.

Ese ha sido uno de los sustos más grandes de mi vida, y sin embargo, como ha sido mi actitud desde esos días de mi niñez, pues afronté la situación y me lancé a rezar un Rosario que no sabía cómo hacerlo, y mucho menos cómo terminaría esa aventura, pero estoy más que convencido por las cosas que he vivido, que a quienes enfrentan con buena actitud las circunstancias siempre les va bien.

El Reto de Escribir


Esta semana tuve la oportunidad de leer la carta de renuncia de Bari Weiss al New York Times. Más allá del hecho de su renuncia, lo que me pareció más importante es lo que entiendo que fué una de sus razones.

Hay gente que decide correr, lanzarse en paracaídas, estudiar, y por supuesto escribir. Como sucede con toda actividad, en la medida en la que se practica se va desarrollando la habilidad que eventualmente lleva a la maestría. En este año en el que decidí dedicarme con mas formalidad a escribir, he podido descubrir que se hace tan intenso el cumplir con las metas establecidas como en cualquier otra actividad que se practique. Hay días en los que la inspiración es híper activa, y otros en los que no se siente nada como para plasmarlo, sin embargo la maestría se hace presente cuando se logra mantener la constancia a pesar de las circunstancias.

Con un compromiso de publicar semanalmente, así como de avanzar en 2 libros, me ha tocado ver la diferencia entre hacerlo cuando provoca, con respecto a hacerlo de acuerdo a un plan, y en medio de esa dicotomía, se me ha hecho presente la pregunta de por qué escribo?

Sin lugar a dudas, y en total acuerdo con muchos otros que también lo hacen, escribo en primer lugar para mi. Es una actividad que me permite organizar mis ideas, atender mi preocupación por trascender, y compartir lo que pienso y lo que hago. Obviamente habrá quienes disfruten de lo que comparta, así como otros que les parecerá una basura, pero en mi caso lo mas importante es que me guste a mi! Y atreverme a compartirlo tiene el único objetivo de hacer lo que considero un aporte. El tema es que actualmente las redes sociales han ido convirtiendo el arte de escribir en una actividad reactiva y con el objetivo de obtener una aprobación instantánea en la forma de “likes”. No podría yo decir que eso es malo, ya que es un producto de la disponibilidad de las nuevas tecnologías, sin embargo, introduce una opción que se debe tomar al momento de sentarse a escribir: hacerlo para recibir la mayor cantidad de “likes”, o simplemente para expresar lo que pienso y siento?. En algunas oportunidades se alineará ese hecho con la decisión al momento de escribir, pero en otras no, y quizás una opinión importante y necesaria no será compartida. En su carta, Bari Weiss establece: “I was always taught that journalists were charged with writing the first rough draft of history. Now, history itself is one more ephemeral thing molded to fit the needs of a predetermined narrative”.

Entonces, el reto de escribir consiste en simplemente hacerlo, independientemente de lo que genere lo que compartamos. Inevitablemente a veces lo haremos para que lo que la mayoría considera importante nos beneficie, otras porque es lo que nos importa independientemente de lo oportuno o aceptado que termine siendo.

En mi experiencia, escribir con la idea de que le guste a los demás es un gran error. Lo que se debe hacer es simplemente escribir, y el tiempo y las circunstancias se encargarán de lo demás.

Todos tenemos opiniones e historias para compartir, y el primer paso es escribirlas. A partir de allí el resto del proceso será mucho más fácil, así que si lo has pensado, toma tu papel y tu lápiz y comienza a hacerlo, sin pensar en mas nada, que eso que produzcas te guiará en los pasos posteriores.

Las Teorías de Conspiración y la Vejez


Mientras veía la explicación sobre cómo funcionan las estadísticas de la Pandemia, se me vino a la cabeza la opción de que todo eso no fuera más que números, y que no reflejaran la realidad. Dados los intereses principalmente económicos qué hay y que presionan para que la gente esté en la calle, podría manejarse la situación por medio de las gráficas que tantos vemos y que es la única opción que tenemos de saber cómo estamos. Realmente están bajando los casos? No será solo en esas gráficas, que dicen qué hay tendencias de baja, pero que el mensaje es “quédense en casa”, aunque puedo hacer una cita para que un peluquero venga a arreglarme el cabello…

En medio de mis pensamientos, caigo en cuenta que el sólo hecho de compartirla alimentaría, o sería la piedra fundacional, de una excelente teoría de conspiración. Y eso me lleva a pensar que de joven no escuchaba ni mucho menos pensaba en eso, y quizás es porque realmente no le prestaba mucha atención a nada, sino sólo a lo que de alguna manera tenía un espacio en mi futuro inmediato.

Lo que si es cierto es que las explicaciones son bien hechas, científicamente fundamentadas y absolutamente convincentes, pero acaso no es lo mismo con todas las conspiraciones? Pues por ahora no hay mas remedio que seguir en casa ocupando el tiempo en la mejor teoría que se nos ocurra.

Los Lazos Eternos


Todas las cosas que manejamos hoy en día nos mantienen distraídos, como viviendo una vida en la que todos los días hacemos lo mismo, o así nos quieren hacer pensar, de manera que buscamos en sitios como las Redes Sociales algo “interesante”, sin embargo, cada segundo que compartimos con alguien nos provee de todo lo que necesitamos para el resto de nuestros días.

En estos días en los que abruman las circunstancias, nada mejor que recordar los momentos mágicos con quienes los vivimos. Regularmente recuerdo tantos momentos con mis Padres, muchos que cuando sucedieron pasaron desapercibidos pero que muchos, muchos años después son tesoros que me alivian. Los días de confesión con el amigo o amiga más cercanos; la música que sonaba en momentos especiales. Son detalles que quedan almacenados, y que a veces salen para aliviar de alguna tribulación, otras para complicarnos la vida, pero al final terminan siendo la sal que le da sabor a la vida.

Siendo el Doble


De Wikipedia: Doppelgänger es el vocablo alemán para definir el doble fantasmagórico o sosias malvado de una persona viva. La palabra viene proviene de doppel, que significa “doble”, y ganger: “andante”. El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al “gemelo malvado” o al fenómeno de la bilocación.

Por el año 2000 trabajaba en un organismo público, que realizaba eventos a los que asistía mucha gente en Mérida, una ciudad en el occidente de Venezuela, y en muchos de esos eventos participaba como moderador, por lo cual me vestía con traje y corbata y siempre al llegar me confundían con “el de la televisión”, que era un reportero del canal del Estado, de nombre Ricardo Durán, y que era quien básicamente cubría los eventos del Presidente de la República. Entonces, era muy común que cuando yo llegaba a los eventos, muchos decían “Llegó VTV” (Venezolana de Televisión).

En Marzo del año 2007, el Gobierno no renovó la concesión al canal Radio Caracas Televisión (lo cual representó su cierre), lo cual acentuó la polarización política en el país, que ya venía agravándose, de manera que dependiendo en qué lugar se estaba en Caracas, podías recibir agresiones en función de cualquier señal que te identificara con cualquiera de los dos sectores. Justo algunos días después del cierre de RCTV, un grupo de compañeros de trabajo decidimos ir de visita al Teleférico del Avila. Tenía también una concesión la infraestructura del Teleférico en manos de un grupo económico identificado como opositor al gobierno. Teníamos mi esposa y yo como un año de habernos mudado a Caracas, por lo cual era nuestra primera visita a ese ícono de la capital. Decidimos ir luego de salir de la oficina, con el objetivo de disfrutar la vista nocturna que ofrecía el sitio. Como parte de la experiencia, y por la hora, decidimos comer en el restaurante que había allí, donde por la hora sólo tenía una mesa grande ocupada con gente que daba muestras de su alegría y entusiasmo ayudados por las bebidas espirituosas que disfrutaban. Cuando llegamos nos recibieron con mucha amabilidad, y nos sirvieron los primeros tragos. Seguidamente pedimos la comida, y mientras la disfrutábamos en la mesa vecina comenzaron a cantar una canción que era como el himno con el que se reclamaba el cierre de RCTV. Al comienzo no nos pareció extraño, sin embargo notamos que tardaban más en atendernos, así como que se volvían más altos los cantos, y ya se sentían más agresivos los comensales de la mesa vecina. Como notamos mucho lo pesado del ambiente, íbamos a reclamarle al mesonero, pero en medio de la situación les comenté al grupo que creía saber lo que estaba pasando: me estaban confundiendo con el de VTV. Les pedí que termináramos y nos fuéramos, ya que se veían lo suficientemente entusiasmados como para agredirnos, y de hecho el regreso era en los carros del teleférico, y podría suceder que terminara yo metido en uno con quienes me confundían en un viaje como de media hora, durante el cual podrían dar rienda suelta a su rabia y frustración con la persona equivocada. Al final, sobrevivimos sin reencontrarnos con ese grupo.

Por proyectos que atendía, me tocaba ir a sitios en el centro de la ciudad, el cual estaba identificado como territorio del gobierno, por lo cual el ambiente era, por el contrario, totalmente favorable conmigo, ya que me confundían con su “camarada”, lo cual producía sonrisas cómplices y mucha amabilidad.

La oficina donde trabajaba quedaba en el Multicentro Empresarial del Este (MEDE), justo frente al Centro COmercial Sambil, que en esos días era quizás el más concurrido de la ciudad. Iba yo cruzando desde el Sambil hacia el MEDE con un compañero de trabajo, cuando de repente se me lanzan encima dos mujeres. En una ciudad como Caracas, eso es una amenaza inmensa, de manera que de inmediato me puse en guardia. Una de las mujeres me saludó con mucha cercanía: “Hoooola! cómo estás? Si te acuerdas de mi!!??“. Eso me alarmó más, que me hablara con esa confianza, ya que de ninguna manera la conocía, pero esa cercanía buscaba hacerme bajar la guardia. Miraba a mi alrededor, viendo si alguien estaba al acecho; veía a mi compañero que estaba como tranquilo ya que pensaba, como me dijo después, que efectivamente eran conocidas; y no veía a ningún policía cerca, que siempre los habían en la zona, pero no justo en ese momento en que los necesitaba. Por mi reacción la chica que me había saludado se quedó también como confundida, por lo cual me preguntó: “porque tu eres…“, y antes de que finalizara, entendí lo que estaba sucediendo: nuevamente me confundían con mi doble. Bajé un poco la guardia, y comencé a pensar en cómo salir de esa situación. No tuve otra opción sino decir “si” antes de que finalizara su pregunta, a lo cual vi somo suspiraba como aliviada, y se volteó hacia su compañera y, tomándola del antebrazo, la acercó mientras le decía “viste que te dije que lo conocía!“, y acercándomela me dijo con mucho orgullo “te presento a una amiga”. Yo ya estaba envestido en el personaje, de manera que la saludé con mucho cariño y hasta un beso en la mejilla le dí, a lo que ella comenzó a decirme que me veía todos los días en la televisión, que era mi admiradora… y yo sonreía con cara de interés. Ahí hablamos algunas cosas, o mejor dicho respondí onomatopéyicamente a sus comentarios, hasta que al final mi amiga dijo “vámonos, que Ricardo debe estar ocupado“, no sin antes sacar un cuaderno y pedirme un autógrafo. En cuestión de segundos invertí unas neuronas para determinar cómo firmaría su hoja, y al final decidí irme por la opción más sencilla: colocar simplemente su nombre y ya! Luego de eso, pude ver cómo se iban mis fans muy contentas por su encuentro con su ídolo.

En vista de que la oficina estaba frente al Sambil, todas las operaciones bancarias las manejábamos en una agencia en ese centro comercial donde también tenía mi cuenta personal. Como era uno de los que tenían firma autorizada en la oficina, era común que fuera a la agencia, pero siempre me quejaba de que a pesar de lo seguido que iba por distintas razones, pues no me daban el trato de alguien a quien conocían, tal como sucedía con el dueño de la empresa cuando los visitaba. Un día necesité ir a hacer alguna operación complicada, cobrar un cheque para quedarme con una parte en efectivo y la otra depositarla en mi cuenta. Cuando llegué a la puerta caí en cuenta que era día de pago no sólo de la quincena, sino también a los adultos mayores, quienes iban a cobrar su pensión, de manera que la agencia, que no era muy grande, estaba a reventar. Todavía se hacía fila, y al menos pude entrar en el zigzag dentro de la agencia, lo cual me aseguraba que si por la hora la cerraban, yo podría estar adentro hasta que me atendieran. Así, me dispuse a dedicar mi día a esperar mi turno desde el final de la fila, pero para mi sorpresa, una de las cajeras cuando se retiró la persona a la que estaba atendiendo, dijo con la voz más autoritaria que he escuchado, y apuntándome: “usted, no haga fila, atiendo al próximo y después pasa usted!!“. En medio de mi sorpresa, asumí que finalmente me trataban como alguien no sólo conocido, sino importante!, de manera que me salí de la fila y me paré cerca de la caja donde me iban a atender. Realmente me daba un poco de pena con los viejitos y la gente que estaba antes que yo, pero bueno, era mi prerrogativa por ser un VIP para el banco. Al finalizar con el cliente que atendía, la cajera hizo señas al siguiente en la fila de que esperara, y me pidió que me acercara para ser atendido. Me acerqué con una sonrisa de oreja a oreja, y le pasé el cheque y las planillas de depósito. En los primeros segundos y mientras revisaba los papeles, me dijo “yo siempre había querido conocerte en persona“. Ahí, nuevamente, se dispararon todas mis alarmas!. Quizás iba a ser víctima de un robo, sabiendo la cajera en la empresa en la que trabajaba y el movimiento de dinero de la misma. No pude más que quedármela mirando y decirle “ajá???!!!”, y ella, tapándose la boca con mis papeles como para que no la captaran las cámaras de seguridad, me dijo: “en mi casa todos estamos con el proceso, pero aquí no podemos decir nada porque no nos lo permiten“. De inmediato caí en cuenta de la situación en la que nuevamnte me ponía la vida. Quizás por mi reacción, se me quedó mirando como dudando, y en voz muy baja me preguntó: “porque tu si eres…“. Mientras hacía la pregunta, mi mente casi me dolía por todo lo que estaba procesando. Lo más fácil era decirle que si, que si era Ricardo Durán, con lo cual saldría rápidamente del predicamento, pero el problema era que ella tenía en su mano todos mis documentos, entre los cuales estaba mi identificación oficial, necesaria para poder precisamente demostrar quien era y que me pudieran pagar el cheque, de manera que me iba a meter en un problema cuya consecuencia podría ser que así como usó su autoridad para pasarme por encima de todas las personas, podría mandarme al último. La misma consecuencia tendría decirle que no, de manera que en milésimas de segundo tuve que definir mi plan, así que apenas finalizó su pregunta, mi respuesta inmediata y sin dudar fué “no!”, con lo cual se congeló el tiempo, pero seguidamente y antes de que reaccionara le dije: “pero soy su primo!”. Había pensado decir que era su hermano, pero al ver mi identificación iba a ser evidente que no teníamos el mismo apellido, lo cual podría justificarse o bien diciendo que éramos medios hermanos, o que su nombre real no era Ricardo Duran, pero se me hizo demasiada explicación delante de un público que ya me odiaba, así que la mejor opción que se me ocurrió fué la de ser “el primo”. Su emoción se redujo, y comenzó a realizar mis gestiones, y al mismo tiempo me preguntaba si lo veía a menudo, si le podía dar sus saludos, de manera que al final, antes de entregarme el dinero y los comprobantes, nuevamente se tapó la boca para decirme: “dile a Ricardo que estamos con el, que estamos con el proceso, y que le dé saludos al Presidente“. Le devolví mi mejor sonrisa y airoso me fuí.

Aparte de estos eventos, hubo varios más. Restaurantes donde los mesoneros me trataban muy bien pensando que era mi doble; otros donde concluyo que les pagaban para que me trataran mal, con lo cual me hicieron pasar momentos bien amargos. Hay libros, películas y telenovelas que tratan el tema, y la verdad es que a uno se le hace prácticamente imposible creer que eso pueda suceder en la vida real. De hecho, un día mi doble estaba en un programa en vivo, y yo llamé a mis tías y les dije que me vieran en una entrevista en televisión, y por unos minutos creyeron que sí era yo, lo cual da cuenta de lo parecidos que éramos.

Un día, por pura casualidad, me enteré que mi doble había fallecido trágicamente. Con eso desaparecía la probabilidad de que nos siguieran confundiendo. También al mudarme de país se redujo esa posibilidad aún más, pero lo que si es cierto es que puedo dar garantía de que la teoría de que todos tenemos un doble, al menos en mi caso fué cierta.