La Tarea Olvidada


Y un día, como por arte de magia, apareció. Era la primera de aquella lista. Aunque no sabía la importancia que tenía, fue marcada con una alta prioridad. Allí se mantuvo por varias semanas, siendo testigo de la finalización de quienes le acompañaban, así como en algunos casos, de la eliminación de algunas otras. Vivió el cambio de su fecha de vigencia, así como de muchos movimientos, por lo general hacia abajo, aunque en algunas oportunidades se mantenía por encima incluso de las que recién se agregaban a su lista. Pero de repente, así como apareció, comenzó su caída. Primero salió de las primeras 5, luego de las primeras 10, para después perder la cuenta de las posiciones que iba bajando. Ahora, con su fecha en rojo por el tiempo vencido, aguarda salir de la lista del olvido con la esperanza de llegar nuevamente al tope de la lista y así ser finalizada o, en caso contrario, simplemente ser eliminada.

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Hielo en el Mingitorio


Fuí al baño, como de costumbre, para aliviar la presión regular que causa la combinación de café y agua. Entré y por casualidad era el único presente, y unos segundos después mi concentración fué interrumpida por un señor del grupo de limpieza que comenzó a verter una gran cantidad de hielo en cada mingitorio. Con extrema precisión, llenó los dos previos al que yo ocupaba. Al tocar el que usaba, se me quedó mirando, y al final se movió al siguiente.

Jugó ese día México contra Suecia, por lo cual se organizó en la oficina un espacio para ver el partido. Hubo tacos, frutas, vegetales y bebidas, que fueron disfrutados por todos, quienes celebraban el pase de la selección gracias al juego de Korea.

Mientras me lavaba las manos, pensaba en la razón por la cual habían vaciado el hielo en los urinarios. El frío debía ser una de las razones principales: con toda seguridad mataba las bacterias del líquido amarillo en un proceso bioquímico de defensa. Al mismo tiempo se me ocurría que al colocar el hielo, su forma irregular y consistencia haría que al caer el líquido caliente, este, en el proceso de derretirlo, aparte de reducir el efecto de las bacterias que lo contienen, evitaría su esparcimiento por el área aledaña al mingitorio, lo cual representaba una medida sanitaria para mantener la limpieza. Mientras me sacudía las manos y procedía a secármelas, se apareció nuevamente el señor que había vaciado el hielo. No pude aguantar la tentación, y procedí a preguntarle la razón por la cual había ejecutado tal acción, con la seguridad de que me proveería la confirmación de alguna de mis teorías. Con una extrema amabilidad, me dió la respuesta que menos me esperaba: le habían dado la instrucción de vaciar en los baños el hielo que había sobrado del evento recién concluido…

Por alguna razón, en muchas oportunidades nos empeñamos en darle las explicaciones mas complicadas a los hechos inéditos o desconocidos a los que nos enfrentamos, cuando en la mayoría de los casos, la respuesta es la mas simple.

Transmitiendo la influencia


No sé si a otros les pasa, pero a mi sí. Cada cierto tiempo siento una necesidad de parar, examinar qué quiero, y decidir qué hacer. Y en particular en cuanto a escribir se refiere, es como más intensa la necesidad. En la misma medida en la que yo siento que cambio, en la que cambian mis circunstancias, pues va cambiando la inspiración y hasta el estilo, y en los últimos meses he estado trabajando en algunas ideas que ya iré compartiendo. Y entre esas ideas, había una que me daba vueltas desde hace mucho tiempo.

En algún momento, leí a alguien que planteaba una especie de reto de escribir algo acerca de las personas mas influyentes que se hayan conocido. Esa idea me gustó, y comencé a desarrollar la lista. Sin embargo, mientras fuí transcribiendo de mi memoria unos cuentos, iban surgiendo otros, y caí en cuenta que hay muchas formas como ha influido mucha gente en mi vida, de manera que la lista de nombres fué creciendo, así como la inspiración. El recuerdo que trae una canción, un olor, una comida… ese efecto de deja vú del que se hace caso omiso, pero que si se abren los sentidos, se encuentra uno no solo con sus recuerdos, sino con todo un mundo de oportunidades que se abren en nuestro camino.

Así que, aquí vamos…

Cómo manejar mi Frustración


Nadie es perfecto. Este es un axioma en el que creo y en el cual me incluyo, sin embargo, hay límites para la tolerancia que, al rebasarlos sin que se tenga una forma de contrarestar las situaciones adversas, se estrella uno contra una montaña de frustración. En mi caso, he buscado la introspección como opción para determinar si la raíz de muchas de mis frustraciones soy yo, sin llegar a una conclusión definitiva. En medio de esa búsqueda me conseguí con una idea que me pareció muy interesante, según la cual la mejor manera de afianzar un conocimiento es a través de transmitirlo a otros. De esta manera, si soy capaz de que otras personas entiendan lo que expreso e incluso que lo apliquen de forma efectiva, pues podré tener un nivel aceptable de seguridad de que al menos la experiencia y el conocimiento que tengo son los correctos. Basado en eso, me he dedicado en las últimas semanas a formalizar ideas, recuerdos y experiencias escribiendo sobre ellas. Ha sido un proceso muy interesante mediante el cual he podido incluso revivir sentimientos (si quieren un detalle científico de esto, les recomiendo el libro “Deja de ser Tu” de Joe Dispenza). Luego, con todo ese bagaje de información, comencé a buscar la mejor forma de transmitirla. Afortunadamente, hoy en día contamos con infinidad de opciones que cubren básicamente todos los medios audiovisuales: videos en YouTube, Texto en Blogs, imágenes en Instagram… pero en esa búsqueda, me encontré con la iniciativa de mi amigo, compañero de estudios y, más importante aún, mi compadre, Joycer González. Siempre he tenido admiración por sus iniciativas, desde aquellos días en que compartíamos en el Laboratorio de Edumática, dedicadas básicamente a la transmisión de conocimientos aprovechando los recursos tecnológicos modernos. Así, luego de ponernos de acuerdo, me dediqué por un tiempo a generar los contenidos de aquellas áreas que, al menos por ahora, más frustración me producen, y de verdad que ha sido toda una revelación el haber tomado esa decisión. Ya estamos muy cerca de liberar algunas oportunidades de compartir mi experiencia a través de su plataforma: http://www.soyidem.com. El sólo ejercicio de preparar el material ha sido liberador, y ya cuando literalmente entremos en materia con quienes decidan confiar en nosotros, pues será mucho mejor el remedio.

Ya estaré compartiendo los detalles una vez estén disponibles los entrenamientos con los que comenzaré a ser parte de ÍDEM. Por ahora, si alguien se encuentra en la misma situación, puede intentar con esta idea que planteo. O, simplemente, mandar a todo el que influya en esa frustración simplemente a… IDEM!

En contra del bloqueo


Me dediqué a preparar todo sobre lo que voy a escribir. Hice mis listas, verifiqué el material de apoyo que tengo, y me sentí muy cómodo con el plan. Comencé a generar el contenido, pero en cierto momento, comencé a sentir como una pesadez que me hacía cada vez más difícil escribir. Me dediqué a ver cual era la piedra que me impedía continuar, y llegué a la conclusión de que no me estaba gustando simplemente escribir en la computadora/tabla/teléfono. Y es que siempre me ha gustado el sentarme y escribir a mano, en papel y con mi pluma fuente. Organicé todo, busqué las hojas que me inspiran, la forma como las voy a guardar, y comencé…

Es interesante como uno va pasando por distintas etapas, unas más lógicas que otras, pero al final, lo importante es que uno sea feliz con lo que está haciendo. Seguiré trabajando en lo planificado, para compartirlo con quienes me hacen el honor de leer lo que de mi inspiración sale…

El Ultimo Bastión


scannedimage36Hoy caíste. El tiempo, inexorable, fué debilitando tus bases, y las circunstancias que te rodeaban hicieron que llegara el momento fatal. Cuántas batallas enfrenté sintiéndome seguro entre tus muros. Cuántas veces acudí a ti en busca de guía y consejo. Tu sombra siempre me acobijó permitiéndome avanzar en el camino. Siempre haz sido y serás ejemplo a seguir.

Mientras el tiempo transcurría, se cumplía la ley de la vida, y pudiste presenciar como crecía bajo la égida de tu guía. Nos vimos forzados a enfrentar quizás la circunstancia más devastadora, y no pudimos salir ilesos. Pero a pesar de todo, siempre estuve tranquilo porque estabas ahí, dispuesto a que entre tus muros nuevamente me refugiara. A partir de hoy no estarás en forma física, pero siempre estará en mí la imagen de ese Bastión como cuando lo ví por primera vez y será siempre el ejemplo del que debo llegar a ser yo.

Buen viaje Papá.

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