El Secreto de Santa


SPOILER ALERT: Este artículo contiene información que revela una verdad que podría herir muchos sentimientos. Si eres de los que espera regalos de Santa Claus (o cualquiera de sus otros nombres) en Navidad, por favor, no sigas…

“El tiempo, el implacable, el que pasó”. Así dice una canción, y precisamente el tiempo es uno de esos factores fundamentales en nuestras vidas, pero del que sabemos únicamente cuando pasa, y la vida se nos va planificando para aprovecharlo. Pero para quienes hemos sido bendecidos con al menos un hijo o hija, el tiempo tiene una dimensión distinta.

Verlos es ser testigos de primera línea del paso del tiempo. Las cosas que van logrando producen esa sensación mezclada de vejez, orgullo y satisfacción que resulta increíble, pero hay un momento en particular que considero es revelador de cuánto van creciendo.

Tenía semanas viendo desde la puerta del cuarto de mi hija el gran desorden que tenía, hasta que decidí participar en el proceso de arreglarlo. Comenzamos por el escritorio, que desde que estamos en pandemia es parte del mobiliario. Ella sin problema se dejó llevar por mi guía, con lo que dejamos el espacio listo para que pueda concentrarse en sus tareas, y seguimos, inevitablemente, con los juguetes. La mayor parte de los que tiene se los trajeron entre Santa Claus, el Niño Jesús y los Reyes Magos. Al verla agarrar cada uno, veo cómo ha crecido, ya que mucho de lo que antes la emocionó mucho, ya hoy en día no le causa el mismo sentimiento, por lo cual algunos juguetes van a la bolsa para regalarlos, y otros, los que han sufrido las mordidas de nuestra perrita, o la pérdida de alguna de sus partes, van a la bolsa de la basura. Así vamos avanzando y llenando bolsas, hasta que llegamos al punto más crítico: las barbies!

El mayor espacio del cuarto lo ocupa la única inversión inmobiliaria que hemos hecho: la casa de la barbie, con su piscina, estacionamiento, y el volkswagen beetle que lo llena. En algunas oportunidades hemos hablado de que podríamos salir de la misma, pero al momento de concretar, surgen esos ojos de niña enamorada, con la decisión final de mantenerla en el espacio que ocupa. En vano intento salir de algunas de las muñecas que pienso sufren al vivir desnudas y despeinadas en una bolsa que yace al fondo de una caja, al menos acompañadas por un Ken que si debe ser feliz al ser el único entre tantas barbies, y que obligatoriamente permanece también desnudo ya que su ropa está en otra de las tantas cajas. Pero ella las ve, les toca el pelo, y me dice “no, estas si las voy a guardar, porque yo aún juego con mis barbies”. Y cómo ir en contra de esa mirada, de ese cariño con el que las acaricia, las guarda, y se dedica a arreglar las cosas que yacen tiradas por toda la casita, que pareciera redescubrir mientras me explica para que sirve cada cosa.

Y aquí viene el “Spoiler Alert” que anuncié al comienzo. Hay dos momentos en mi vida que recuerdo muy intensamente: el primero es un 24 de Diciembre, ya tarde, que nos dijeron que nos acostáramos para que pudiera entregar los regalos el Niño Jesús. Dormíamos mi hermano y yo en una litera, y le dije que no se durmiera, que esperáramos despiertos para ver llegar al Niño Jesús. Yo estaba decidido a no dormir y así lo intenté, hasta que cuando me desperté era ya de mañana, y al pié de mi cama estaba un regalo. Además de alegría, también me sentí muy frustrado por no haber podido ver al Niño Jesús; el segundo momento fué un día, ya grande, que le comenté a mi papá de lo excelentes que eran los regalos que nos daba Lagoven, y es que en Diciembre nos íbamos de vacaciones a la casa de una de mis tías, y cuando el Santa de Lagoven le entregaba los regalos a los hijos de sus trabajadores, también nos daba regalos a mi hermano y a mi, a pesar de que no nos correspondían, y siempre los regalos eran mucho mejores a los de los demás, y la respuesta de mi papá fué: “si serás pendejo! esos regalos los comprábamos tu mamá y yo desde agosto, y los íbamos pagando para que los tuvieran ustedes en Diciembre”. Hasta este año mantuvimos el secreto de Santa, ya que la presión social de los amigos de mi hija la hicieron finalmente preguntarnos si era verdad que no existía, y si éramos nosotros quienes le dábamos los regalos. El momento fué como de película, nos miramos su mamá y yo, e inevitablemente le confirmamos la verdad, a lo que ella, aún con nuestra confirmación, no lo podía creer, de manera que a partir de ese momento y regularmente trata de confirmar si de verdad éramos nosotros, ya que no podría ser tan fácil haber no sólo adivinado lo que ella quería y escribia en las cartas que se supone Santa recogía, sino que al momento de recibir los regalos, nosotros estábamos siempre con ella.

Sin lugar a dudas, ella está navegando inocentemente por el tiempo que va pasando, y nosotros somos los testigos conscientes de cómo va creciendo. Obviamente va cambiando físicamente, y en su interior, como debe ser, va sucediendo más lentamente el cambio, pero yo ruego poder seguir a su lado para disfrutar ese momento en el que le tocará guardar, nuevamente, el Secreto de Santa, para luego revelar, oportuna e inevitablemente, que era ella.

2018, cuando descubrió el regalo de Santa en la puerta de la casa

La Quinta Silla


Confieso que siempre he tenido “un tema” con respecto a las sillas que puedo usar para trabajar. Asumo que es parte de la herencia por haber tenido la oportunidad de tener un “cuarto de estudio” en cada casa donde vivimos, donde mis padres trabajaban.

Parte del “tema” que tengo es que las sillas son como la ropa interior, y sólo debe usarlas una sola persona. Y la razón para mí es muy sencilla y clara: en todas las horas que se pasan sentado en las mismas suceden muchas cosas que a mi entender terminan siendo muy íntimas. Los estados líquidos y gaseosos son los principales que terminan llegando al asiento, lo cual genera estados que deberían ser exclusivos para quienes tienen asignadas las sillas. Para mi esto es una realidad que quizás a los demás no se les había ocurrido, pero ahora que lo saben seguro pensarán al respecto.

La verdad es que es un evento muy poco probable que le asignen una silla nueva al momento en que es contratado, de manera que no queda más que asumir, al menos en mi caso, que la silla es nueva. Pero cómo creen que me puedo sentir cuando me asignan una silla que tiene un asiento negro y que justo en el lugar donde queda la entrepierna hay una muy sospechosa mancha blanca, que parece provenir de fluidos que se han dejado caer?. No hay que tener un “tema” como el mío para pensar en las posibles causas de dicha mancha, pero ante la posibilidad, me dediqué a investigar al respecto, y afortunadamente llegué a la raíz del problema. Resulta que las personas que hacen la limpieza, al momento de limpiar los escritorios colocan en las sillas el recipiente con el agua y el trapo con el que harán su labor. Por lo general esa agua está combinada con algún producto químico que, en contacto con la tela, hace que pierda su color, dejando una marca blanca justo en el centro de la silla ya que se va regando el exceso del líquido y va dejando ese rastro, y como el recipiente se ubica en el centro de la silla, la mancha coincide con la entrepierna. El descubrir eso me llevo mucho tiempo, pero la tranquilidad que me dejó valió cada minuto invertido. Claro, el dueño de la empresa en la que trabajaba en ese entonces se mostró algo confundido cuando apasionadamente le conté de mi descubrimiento, para solicitarle que diera la instrucción de que colocaran algo al limpiar sobre las sillas para que no se dañaran; su silla era de piel y no se veía afectado por este problema. Pero como toda regla tiene su excepción, en una oportunidad tuve que ir a un laboratorio a realizarme un espermograma, y como parte del proceso me pasaron a un baño donde había una silla en la cual podría ocuparme de lo necesario, pero, esa silla presentaba la misma mancha blanca, y dado el contexto y las circunstancias, no quise arriesgarme y simplemente no la utilicé…

Como en cada sitio donde viví con mis padres, ahora en mi casa tengo un “cuarto de estudio”. Cuando recién nos mudamos armamos todo y compre una sillita que costo unos 25 dólares. La silla era suficiente para trabajos eventuales, si acaso los fines de semana, en una época en la que el “home office” era algo reservado para muy pocas oportunidades. Con la llegada de la pandemia tuvimos que comprar otro escritorio y otra silla ya que no solo yo iba a estar trabajando desde la casa, sino que mi hija también estaría tomando sus clases, lo cual no podía suceder todo en el mismo espacio físico. Así, me compré una silla que me costo unos 100 dólares, y como la primera que teníamos estaba muy usada le compramos otra igual a mi hija. Una vez que armé mi silla, pude ver que en realidad no se veía tan robusta como la que tenía en la oficina. De hecho, tuve la gran fortuna de que la oficina que me asignaron la estrené yo, así que el mobiliario era nuevo, incluyendo mi silla! Lo cierto del caso es que a pesar de que la diferencia era obvia, le fui tomando confianza a mi silla nueva, hasta que un día me entusiasmé y me estiré y casi me desnuco cuando una parte de la silla se partió! Afortunadamente al hacer el reclamo por la pieza partida me respondieron y me enviaron no una sino dos piezas como parte de la garantía. Para ese momento ya se había hecho evidente que mi hija pasaría unas 6 horas frente al computador tomando en línea sus clases, y que la “sillita” que le habíamos comprado le causaría escoliosis si la seguía usando a ese ritmo diario, por lo que decidí darle la silla que acababa de arreglar, que dada su contextura física no correría el mismo peligro que corría yo de volver a romperla, y comprarme mi cuarta silla. Decidí invertir el doble, con lo que esperaba obtener una silla mucho mejor; pero cuando llegó y la armé, aunque tenía algunas características mejoradas en comparación con la anterior, aun no me sentía confiado. Así comencé a usar la nueva silla, pero no me atrevía a llevarla a los límites. Al estar todo el día tenso por no querer arriesgarme a probar qué tan sólida era mi nueva adquisición, comencé a sufrir de dolores en la espalda. Un día que andaba en una tienda por departamentos vi una silla que era igual a la que estaba sin uso y prácticamente nueva en mi oficina, así que decidí terminar con mi sufrimiento y simplemente comprarla. Me acerqué, la probé y recordé la seguridad que sentía cuando usaba mi silla en la oficina, y habiendo tomado la decisión busqué la etiqueta, con lo cual maté la intención que tenía. La silla era una Hermann Miller, que costaba 10 veces más lo que me había costado mi más reciente adquisición.

Luego de varios meses de dolor, me atreví a proponer que me hicieran un préstamo por la silla. Inicialmente me dijeron que no habían considerado una solicitud así, pero que verían si se podía, y afortunadamente unos días después llegaba a mi casa la Quinta Silla.

Muchas veces consideramos que los únicos beneficios que debemos recibir son principalmente los económicos, pero hay muchos otros que sencillamente pasan desapercibidos. En muchas oportunidades escuchamos en nuestros ambientes de trabajo palabras como “ergonomia”, y no entendemos la importancia que tienen. En mi caso, luego de solo algunas semanas, los dolores desaparecieron, por lo que agradezco enormemente que hayan considerado mi extraña solicitud. Obviamente las condiciones han cambiado y si antes estábamos 8 horas en la oficina, quizás 6 estábamos sentados, pero al menos en mi caso las jornadas diarias pueden llegar a ser de 10 horas sentado, lo cual requiere de algunos ajustes que inicialmente no había considerado.

Abramos nuestra percepción a cosas que son transparentes pero que en volumen representan un aspecto muy importante. Por ahora, sigo disfrutando de ésta, mi Quinta Silla.

Recomienzo


Varias veces he pasado por este proceso, y la verdad es que lo veo como algo importante al menos en mi vida. Como de costumbre, tengo mil planes con objetivos por alcanzar, y por supuesto todos requieren dedicación y esfuerzo. Estoy muy entusiasmado por el avance en mi proyecto de escribir un libro, tanto que ya tengo definidos al menos 3 más, sin contar con la segunda parte del que espero terminar este año. Me esfuerzo por compartir semanalmente al menos un “post” en el blog, y en el camino de lo que vivimos en el 2020, y viendo algunas oportunidades, se me ocurrieron otros proyectos como un podcast, un canal de youtube, y en fin, muchas ideas que me gustan mucho. Pero por supuesto hay que considerar un elemento muy importante como lo es el tiempo.

Lo que me estuvo preocupando fue querer tener tantos proyectos personales abiertos. Y la preocupación es que tantos proyectos se pueden convertir en una excusa para no terminar ninguno, por lo que quise detenerme un poco, establecer las prioridades, y seguir. Así, el libro tiene mucha de la prioridad, y por supuesto compartir en este espacio segurá en orden. El resto de los proyectos los iré desarrollando en la medida en la que avance con lo mas prioritario. Lo importante, como siempre digo, es ser constantes, y así espero seguir.

FInalmente, les comparto este artículo sobre, precisamente, lograr cosas extraordinarias…

La Expectativa del “Like”


Para Cristian Giraldo, docente de la Universidad Grancolombiano y Magister en Neurociencias, cada vez que se reciben estas manitas arriba se desencadena una reacción química a nivel cerebral, un estímulo interno, y se libera una sensación de placer. Cuanto más nueva sea una experiencia (como un “like” de alguien que no conocen o una cantidad de “me gusta” antes no adquirida), esa sensación puede ser más fuerte. [referencia]

Un “Like” (me gusta, en español) es una característica incorporada en redes sociales y otras plataformas online que permite al usuario dar un feedback positivo a cualquier tipo de contenido, y de esta forma conectar con aquello que les interesa.

Dado que el volúmen de “Likes” que se obtenga está directamente relacionado con la posibilidad de ganar dinero, aparte del placer que producen se crea una necesidad por ellos, sin llegar a importar cómo. En mi caso obviamente que me gusta recibirlos por lo que publico, pero en estos días pasados compartí en LinkedIn un enlace a un artículo que publiqué en mi blog, y pude ver que tenía más de 300 visualizaciones en LinkedIn, y alrededor de la mitad de recomendaciones, lo cual interpreté como el número de personas a quienes les había gustado mi artículo, pero al revisar las visitas en el blog vi como el número era cuando mucho una cuarta parte, lo cual me dejó pensando…

En éste caso en particular la conclusión a la que llego es que las recomendaciones eran como un apoyo, una felicitación por haber publicado algo. Por supuesto que eso es algo que se agradece, sin embargo, mi expectativa era recibir las recomendaciones por lo que había escrito, no sólo por haberlo hecho. Quizás se requiera ver el tema de los “likes” de acuerdo a lo que representan para cada quien. Yo publico porque me gusta, porque me arriesgo a exponer lo que pienso y estoy dispuesto a recibir las críticas y los elogios como un acto que me permite crecer en muchos sentidos. Quienes viven de los “likes” pues no deben ser muy exigentes de la razón por la cual los reciben. Agradezco tanto el que me dan como señal de admiración y reconocimiento por haber escrito algo, como el que representa la recomendación para que otros lean lo que publico. Como dijo Gabriel García Márquez: “El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar.”

La Certeza de la Incertidumbre


Photo by bruce mars on Unsplash

Nadie sabe lo que le depara el destino, y sencillamente no hay manera de adivinar el futuro por lo que se tiene que confiar en que todo irá bien, reforzando esa esperanza con las acciones que llevamos a cabo, las cuales ejecutamos convencidos de que son las mejores. Pero siempre hay algo, mucho, que está fuera de nuestro alcance y que introduce la incertidumbre en la que inevitablemente vivimos.

El año 2020 fué particularmente duro por la forma como nos envolvió y mantuvo en una tremenda incertidumbre. No sabíamos cuando iba a terminar la pandemia; no sabíamos cuando podríamos contagiarnos; no sabíamos quien podía traernos el virus, de manera que básicamente tuvimos que desconfiar de todo y de todos, y como sucede en la vida, la costumbre nos hizo sentir confianza, asumimos estar en control y todo se reinició. Ahora es como si estuviéramos en el primer día, pero con la experiencia de lo que vivimos, de manera que al menos sabemos lo que no debemos hacer, y si nos basamos en esa experiencia, con seguridad saldremos de ésta pesadilla.

Los Matices de La Verdad


Cuando era niño había principalmente tres formas de estar informados del quehacer diario: la radio, la televisión y la prensa escrita. En mi casa era casi un acto religioso el leer la prensa de manera que todos los días, sin falta, mis padres se sentaban a leerla, siendo el domingo el día mas importante ya que eran las versiones abultadas por los artículos de opinión así como otros contenidos de especial interés. Los domingos eran sagrados, nos manteníamos todos juntos y mis padres se concentraban en la prensa y comentaban lo que leían.

En esos días lo que se publicaba en la prensa se consideraba cierto. Para quienes tenían sus dudas habían distintas opciones, de manera que podían leer lo que consideraban mas cercano a la verdad, pero lo más interesante era que la única forma de argumentar sobre algo que se publicara estaba sujeto a la aprobación de quien originalmente lo había publicado. Para algunos ésto era “censura”, pero al final era el statu quo.

Cuando surgen las redes sociales muchos sintieron que se había roto el ciclo perverso de la censura, ya que cada uno de nosotros podría reportar “la verdad”, sin embargo y al menos en mi opinión, eso no terminó siendo cierto. A pesar de que sí es una opción válida, las redes sociales se convirtieron en el medio perfecto para lo que es el mejor negocio del mundo: el de la especulación. Entonces ya no nos interesa (ni nos importa) la verdad sino la opinión que emitimos sobre los hechos. Y llegamos al extremo de participar en largas discusiones opinando sobre hechos que ni siquiera sabemos si en realidad sucedieron. Y es que ahora la visión es de crear un negocio, ya que se busca el sueño de ganar dinero con el menor esfuerzo posible lo cual es una fantasía que llena a muchos a través de los “likes”. Así, el negocio ya no es vivir de decir la verdad, sino por el contrario de crear un espacio en el que la especulación haga que se tengan más visitas y “likes” sin importar las consecuencias. Y esto es porque la verdad es aburrida, ya que no tiene forma de ser interpretada.

Domingo de Angustias


Photo by Dalton Touchberry on Unsplash

Mientras somos niños y no hacemos más que jugar, todos los días son iguales. En la medida en la que vamos haciéndonos conscientes de lo que hacemos comenzamos a ver que hay unos días más interesantes que otros, básicamente porque tenemos la oportunidad de estar más tiempo en familia, además de hacer actividades entretenidas. Luego la vida nos da un giro cuando comenzamos a ir a la escuela, ya que comenzamos el proceso de adaptación al sistema implementado en la época de la industrialización de acuerdo al cual nos matamos “trabajando” de lunes a viernes, con una recompensa merecida de descanso el fin de semana. Y la verdad es que se agradece el período de descanso, pero lo más complicado es lidiar con lo que llamo “el síndrome del domingo por la tarde”. Y es que no hay, al menos para mi, un momento en la semana más angustiante que el domingo.

Esta angustia de los domingos considero que comenzó el 7 de marzo del año 321, cuando el Emperador Constantino declaró que sería un día civil de descanso en las ciudades y en los campos. Según el código Justiniano, “durante el domingo, el venerable día del Sol, debían cerrarse los talleres, y los magistrados tenían que descansar“. Desde entonces se descansa ese día para conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol.

Y basado en mi experiencia puedo asegurar que no soy el único que siente esa presión angustiante de los domingos. A partir del mediodía hay muchos que recuerdan todo lo que tienen pendiente por hacer y comienzan como locos a tratar de ganar tiempo. En mi caso hace mucho que decidí no involucrar a nadie mas en mi angustia, por lo que si llego a ponerme a trabajar lo hago sólo para mi, tratando de no arruinarle a nadie más su espacio y tranquilidad. Y la diferencia principal que encuentro entre los domingos en que ya era consciente de mis responsabilidades pero que no le prestaba nada de atención, y ahora que hasta insomnio me dá pensando en tantas cosas, es que en aquellos días estaba convencido de que ya tendría oportunidad de encargarme de todo, mientras que ahora no soy más que una pieza en la maquina ritual que siempre trata de convencernos que más sacrificio es equivalente a más efectividad.

Y hoy aquí estoy, tratando de convencerme que escribir ésto me hará reducir la angustia dominical, pero la verdad es que no está siendo nada efectivo el intento hasta ahora…

La Continuidad de La Muerte


En La Reforma de Mexico del 10/01/21 vi un artículo titulado “Desborda Covid los crematorios” en el que detallaban cómo debido a las muertes por Covid los crematorios y funerarias de la Ciudad de México, de Guadalajara y Monterrey ya no podían con la cantidad que estaban manejando. El negocio inicialmente se había vuelto muy rentable, pero ya se volvió un problema que nos afectará a todos y que de no atenderse podría traer consecuencias nefastas para el sector. Y fué inevitable recordar mientras leía esa noticia el libro “Las Intermitencias de La Muerte” de José Saramago, en el que ese mismo sector de las funerarias reclamaba al gobierno del país donde la muerte decidió no llevarse a más nadie, que tomara acciones urgentes ya que sin tener muertos el negocio estaba por desaparecer.

Por lo visto, el equilibrio no es algo propio de la vida sino también de la muerte, y en cualquiera de esos extremos somos muy susceptibles al impacto.

Adiós 2020


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Me encanta cuando alguien se presenta como “Autor” o “Escritor”. Eso implica que tiene al menos un libro, y que basado en ese hecho genera contenido en otros medios.

Desde hace mucho tiempo mantengo como plan escribir un libro, y en 2020 uno de mis objetivos era terminarlo, lo cual no sucedió, pero no fué que se quedó sólo como objetivo, sino por el contrario le dediqué mucho tiempo. Entre las cosas que hago al final de un año es ver en perspectiva como estuvo, y me encontré con sorpresas como estas:

  • Leí 52 libros (casi 10000 páginas). Leer es fundamental para desarrollar la habilidad de escribir y en mi caso trato de leer libros que recomiendan personas a las que sigo por distintos medios, pero tambien busco algunas joyas que, cual tesoros, permanecen escondidas para ser descubiertas por casualidad. Entre los libros que más me gustaron están:
    • Creativity, Inc. Ed Catmull
    • Meditaciones. Marco Aurelio
    • Every Tool’s a Hammer: Life is what you make it. Adam Savage
    • Dare to Lead. Brené Brown
    • Atlantis Stolen. Christopher Cartwright
    • Leaders Eat Last. SImon Sinek
    • Indistractable: How to control your attention and choose your life. Nir Eyal
    • Herbie. Rich Cohen
    • The Unicorn Project. Gene Kim
    • Bad Blood: Secrets and Lies in a Silicon Valley Startup. John Carreyrou
    • Born to Win: Find your success code. Zig Ziglar
    • Fuera de Serie. Leonardo Padrón
    • Y colorín colorado este cuento aún no se ha acabado. Odín Dupeyrón
    • Agent 355. Marie Benedict
    • Arráncame la Vida. Angeles Mastretta
    • Becoming Superman. J. Michael Straczynski
    • Unbroken: A World War II Story of Survival, Resilience and Redemption. Laura Hillenbrand
    • Linchpin: Are You Indispensable?. Seth Godin
    • A Promised Land. Barack Obama
    • The Infinite Game. Simon Sinek

Con respecto a escribir, dedico todos los días tiempo a hacerlo, lo cual me llevó a:

  • Escribir 320 páginas en mi diario (manuscritas).
  • Llenar más de 1100 páginas en los cuadernos donde llevo los detalles de la oficina (uso el método del Bullet Journalling – BUJO).
  • Escribir a mano casi 200 páginas de mi libro, lo cual equivale como a 120 transcritas, y voy un poco mas adelante de la mitad.
  • Publiqué un artículo por semana algunas veces en LinkedIn y otras aquí en mi blog, pero conformé un backlog de ideas que se convertirán en otros artículos, mas los que fui escribiendo y esperan por salir a la luz.

Definitivamente escribir es una de mis pasiones y a pesar de todas las circunstancias por las que pasamos en 2020 fué un gran año para mi. Y lo mejor es que tengo todo el 2021 para seguir profundizando en mis objetivos. Por ello estoy trabajando en un nuevo espacio donde voy a compartir mis ideas sobre temas relacionados con mi experiencia así como otros proyectos que desde hace mucho tiempo he venido trabajando.

En algún momento en el 2020 tuve la oportunidad de compartirle a una amiga que estaba escribiendo un libro que tocaba un tema sobre el que estábamos hablando, y ella se quedó así como congelada, ante lo cual le dije que el hecho de escribir un libro no quería decir que fuese bueno ni que me hiciese famoso y millonario, pero que igual con todo gusto se lo compartiría una vez lo termine. Al respecto puedo decir que hay formas más sencillas de alcanzar fama y fortuna, pero las mejores son cuando se logran sin ser el objetivo y como resultado de la constancia.

Por ahora sueño con el momento en el que imprimiré el primer borrador de mi libro. Apenas será el comienzo de otra larga jornada de trabajo, pero el tener en mis manos lo que tanto he soñado será un evento muy especial. Y la lección es que a pesar de las circunstancias siempre tenemos formas de alcanzar la felicidad. Sólo hay que atreverse no sólo a soñar sino a seguir sus sueños.

La Cercanía por la Distancia


Photo by Compare Fibre on Unsplash

Llevar la contraria es uno de nuestros comportamientos. Algunos lo hacen por temas hormonales, otros porque sencillamente así somos. Y para activar ese comportamiento no hay nada mejor que establecer una restricción.

Este año nos trajo una de las restricciones mas difíciles y de la que nunca nos pudimos ni siquiera imaginar: el distanciamiento social. Esto permitió ver cuan extraordinario es lo cotidiano, como estar cerca de la familia, amigos, compañeros de clases y de trabajo, y le dió una dimensión totalmente nueva a la necesidad de estar cerca, por lo que desarrollamos formas que antes de todo ésto hubiésemos considerado hasta ofensivas. Un “zoompleaños”? Ni al peor enemigo, pero aprovechamos la novedad para celebrar con amigos y familiares con los que teníamos años sin contactar precisamente por la distancia, física principalmente, que nos separaba. Eventos que pasaban desapercibidos pasaron a formar parte importante de nuestras vidas como una buena razón para ir en contra del distanciamiento obligado en el que vivimos. Y al menos en este caso, el llevar la contraria es de lo mejor que hemos hecho, ya que en medio de la pandemia nos permitió acercarnos mucho más gracias a la distancia.