Archive for 26 febrero 2006

CAI EN LA TENTACION!!!!!! pero estoy muy contento de haberlo hecho

febrero 26, 2006

Hace unos días decidí dejarme de pensamientos e ir a renovar mi teléfono celular. Siempre me gustó un NOKIA, y me compré el 6235. Nada mejor que ese teléfono! Me siento muy feliz con el mismo. Tiene todo lo que necesito. Tan es asi, que inclusive voy a dejar mi palm.

 

Llevo como 4 dias trasnochandome, ya que por el puerto infrarrojo lo comunico con mi computadora, y he pasado tonos, imágenes, y todo lo que se puede pasar. He bajado un software para manejar los contactos, que me permite sincronizar los contactos del telefono con mis contactos del Outlook. Pude hacer un respaldo de seguridad de mis contactos, de manera que no se pierdan la proxima vez que cambie de telefono (que de ahora en adelante siempre sera un nokia, por supuesto).

 

Y si alguien se pregunta por que escribo sobre esto, es porque recientemente escribi que no sabia por que la gente andaba como idiota con el celular en la mano dandole a los botoncitos. Ahora lo sé. Y lo acepto, soy un idiota mas, y me siento orgulloso de ello.

 

Si hubiese sabido que podria ser tan feliz con solo cambiar mi telefono celular, lo hubiese hecho hace mucho….

 

Por ahora, dejo esto hasta aquí porque estoy modificando muchas imágenes para poder cambiar el fondo del telefono al menos 2 veces al dia.

 

GRACIAS A DIOS EXISTE NOKIAAAAAAA

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Escribe que algo queda (al menos eso espero). Para mi Ahijada Maria Gabriela

febrero 26, 2006

Kotepa Delgado mantuvo por muchísimos años una columna en el diario El Nacional, que se llamaba “escribe que algo queda”. Según dicen, la idea de Kotepa Delgado era escribir sobre cualquier cosas para dejare algo a las generaciones futuras…

 

Pensando en esas generaciones futuras, y con respecto al cumpleaños número 11 de mi ahijada Maria Gabriela, me siento contento de saber que al menos yo tengo una generación que en algún momento se interesará por leer y conocer el contenido de estas líneas. Aunque por ahora nos separa una distancia física, siempre la recuerdo. Pero mas que recordarla a ella, recuerdo las circunstancias que conllevaron, si así se puede decir, a su gestación y eventual alumbramiento.

 

Era Septiembre de 1987, cuando por fin egresé de la Escuela Técnica Industrial “Ezequiel Zamora”, en Barinas, e iba rumbo a Mérida a estudiar Ingeniería de Sistemas. Realmente, por los disturbios que se daban en esa época (recién habían matado, el 13 de Marzo de ese año, a Carballo Cantor, por lo cual se conoció ese mes como el MARZO MERIDEÑO), comenzaría el semestre en octubre, sin embargo, en una actitud de absoluta responsabilidad, mis padres me enviaron a que me “adaptara” a mi nueva situación de estudiante universitario cursando el propedéutico que en esos días dictaba la universidad como vía alterna, a la asignación de la OPSU, para entrar a la misma. Por ello, el primer DIA del curso, nos reunieron en el auditorio de la facultad de ciencias forestales, llamado “Alí Primera”. Allí, entre otras actividades, nos agarraron y nos agruparon por ciudad de origen. Por su puesto que a mi me tocó con toda la gente de Barinas. De ese grupo, recuerdo que éramos como 30 personas. De esas 30 personas (más o menos), todos iban a estudiar Medicina, excepto 3 personas (utilizaré solo los nombres, no vaya a ser que cometa delito…): Mario, Aura y yo. Y casualmente, los 3 íbamos a estudiar Ingeniería de Sistemas. Por supuesto que debido a las bromas pesadas, de las que se acostumbraba jugarles a los “nuevos”, nos hicimos un grupo muy compacto. También estaba el hecho de que yo era de aquí de Mérida, por lo cual en algunos momentos fungí de especie de guía del grupo. Los días fueron pasando, y se fue estableciendo una amistad especial con Mario. Comenzamos a asistir a nuestro curso propedéutico. Eso significaba utilizar unos libros morados que nos delataban a todos donde fuésemos. Claro está, que hoy en día pienso que nuestra sola cara nos delataba como nuevos… Nuestras clases (las de Mario y mi persona), eran en la hechicera, en lo que en esa época era la facultad de economía, en el último piso. Realmente nosotros no le parábamos mucho al curso, ya que de hecho teníamos el cupo asegurado, pero era un paso que nuestros padres, sin siquiera conocerse, habían decidido para nosotros. Fueron muchos los que conocimos que venían de otras latitudes y de aquí mismo de Mérida en ese curso, y que después nos harían compañía en la carrera propiamente dicha.

 

Todo fue muy bien hasta que un día, nos avisaron que comenzaríamos las clases de verdad. Para ese entonces, ninguna noticia era mejor. Pasábamos de nuestra etapa de “pre-nuevos” (porque estábamos haciendo el curso pre-universitario) a NUEVOS. Jamás olvidaré como nos fuimos Mario y yo, por un pasillo que quedaba por detrás de los salones del curso propedéutico, a cantar “PRE-NUEVOS, PRE-NUEVOS, YA TENEMOS CUPOS, PRE-NUEVOS” en forma repetida, mientras andábamos abrazados y saltando de la alegría. Fue nuestro último día en el curso.

 

Afortunadamente, el hermano de Mario, Rafaelito, era estudiante de Ingeniería Eléctrica a punto de egresar. Eso nos dio la ventaja de conocer los detalles de donde íbamos a estudiar, y lo que era recomendable que hiciéramos. Nos tocaba en el básico de ingeniería, en los chorros de milla. Nos habían asignado 5 materias, que si no recuerdo mal eran: Calculo 10, Algebra, Química 11, Sociología y Sistemas de Representación 10. Muchas cosas me pasaron (así como a Mario) en los primeros semestres, pero en lo personal, eran mas aun las cosas por las cuales pasábamos. Hoy en día puedo confesar que nos enamoramos de la misma muchacha, y con algunos altibajos, logramos superar esa etapa. De hecho, lo hicimos dos veces. Teníamos el mismo gusto y afición por las computadoras (si es que las de la época se pueden llamar así), y en fin, forjamos a lo largo del tiempo una amistad que me quedaría corto al tratar de ponerle un tamaño.

 

Si no recuerdo mal, en el año 93-94 apareció una persona que alteró el ritmo de nuestras vidas. Esta muchacha era una vieja amiga de Mario, con quien había estudiado en el bachillerato, y que venia a inscribirse para estudiar Ingeniería en la ULA. Poco a poco fue integrándose a nuestro grupo, hasta que un día escuché de parte de Mario las palabras que los amigos rehuimos: estoy enamorado de ella. A partir de allí, las cosas fueron muy distintas. Yo para la época era un soñador, que no le paraba mucho a la vida, pero Mario fue transformándose en todo un señor. Pasaron muchas cosas. Muchísimas. Hoy puedo decir que todas fueron a lo mas cómicas. Para ese momento éramos muy jóvenes todos y no podíamos lidiar con la información que manejábamos como lo hacemos hoy en día (por supuesto, ahora estamos VIEJOS). A diferencia de lo que yo hice, Mario siempre tuvo como norte los estudios. Siempre las noches antes de los exámenes no salía, a pesar de que yo lo buscaba para que fuéramos al Valle con Canelita y Todo (en mi súper escarabajo). Por supuesto que yo no pasaba, y el si… Total, que fueron pasando los días, hasta que uno de ellos, me dice Mario: Fernando, Voy a tener un hijo!. Bueno, debo aclarar que no fue exactamente así que me lo dijo, pero no me atrevo a decir aquí las palabras exactas. Lo cierto del caso es que yo me quedé pasmado, frío, en una pieza, ya que eso era lo que al menos a mí me habían dicho que era el fin de todo: un hijo mientras estudias. Sin embargo, Mario y Gabriela lo tomaron como debían, y siguieron adelante con el compromiso.

 

Aun vienen a mi memoria los días en que yo acompañaba a Gabriela en las clases de Cálculo 40. Días en los cuales también quedó embarazada Yamilet, pero yo, como siempre perdido, no entendía por que a ella le daban tantas ganas de vomitar, hasta que Gabriela me dijo: “pero si serás pendejo, no ves que está preñada!!!”. Bueh, otro amigo, Igor, que debía enfrentar el compromiso….

 

Con Mario y Gabriela estuve durante el embarazo. Sé que algunas rabietas de Gabriela fueron por mi culpa, pero le confieso que nunca fueron a propósito. Y un día 23 de Febrero de 1995, Nació María Gabriela. No sé por qué carrizo no estuve allí. No lo recuerdo. Todo para mi fue muy normal, una niña preciosa, hasta un día en que Mario y Gabriela me dijeron que querían que yo fuese el padrino de la criatura. Menudo compromiso. No recuerdo muy bien el momento exacto, aunque si recuerdo que fue en casa de Mario, quizás en el cuarto de estudio del papá, mientras escuchábamos algunos discos de acetato de la colección de rafaelito. Mi primera reacción fue decir que no, pero preferí esperar hasta hablar con mi papá, ya que era la primera vez que se me quería asignar tamaña responsabilidad, y tenía miedo de no estar a la altura del compromiso. Esa misma noche les comenté a mi papá y a mi mamá, y les pedí ayuda al respecto. Las palabras de mi papá jamás se me olvidarán: “hijo, cuando alguien decide nombrarte como padrino, es algo muy importante. Eso significa que te consideran alguien muy cercano, alguien en quien pueden confiar a su hija. Eso si, deberás cambiar esa vida desordenada, porque tienes alguien a quien darle el ejemplo”. Muy cierto, aunque aprovechó (mi papá) para lanzarme una “puyita” que no venía al caso.

 

Pues bien. Un padrinazco (o compadrazco) no se acepta o se rechaza. Simplemente ES. Y a 11 años del nacimiento de Maria Gabriela, lo cual significó agarrar por primera vez a un niño recién nacido, darle de comer, y hasta bañarla (con mojoncitos flotando y todo), me siento muy orgulloso de MIS COMPADRES y por supuesto DE MI AHIJADA. También de mi AHIJADO que vino después, pero que también es mi ahijado PUES!

 

Fueron muchas cosas por las cuales pasamos, buenas, malas, tristes, alegres. Pero siempre he sabido que ustedes están allí. Y siempre podrán contar que nosotros estaremos aquí, viendo el desarrollo de esa hermosa niña, y siendo parte de su vida.

 

FELIZ CUMPLEAÑOS MARIA GABRIELA!!!!! (aunque un poquito tarde). Espero que tú, y todos los que lean esto, al menos se entretengan un rato. Si al menos logro sacarle una sonrisa a algún arriesgado lector, estaré cumpliendo con la intención de que quede algo…. Al menos la risa.

 

Seguiré escribiendo, porque estoy convencido que siempre quedará algo. Y falta mucho por contar!!!!!!!!!!

¿Cómo llegué aquí?

febrero 22, 2006

Esta podría resultar ser una pregunta muy interesante de responder. Podría pasarme por los anales de la historia, para relatar las distintas teorías de creación del universo; luego, podría pasar a relatar las teorías de creación del hombre, su evolución hasta hoy en día,  y obligatoriamente tendría que pasar por el proceso biológico que conlleva al nacimiento de un niñ@. Pero no, este escrito de hoy no tiene esa intención. Por el contrario, me permito aprovechar este medio para plasmar un sentimiento y un pensamiento que ronda mi mente constantemente, por lo cual voy a comenzar ubicando al atrevido lector en el contexto que origina mi pensamiento.

 

Hoy en día soy Ingeniero de Sistemas, egresado de la Ilustre Universidad de Los Andes en Mérida, Venezuela. Hoy, después de algunos años de graduado, estoy disfrutando de ciertos privilegios que me ha dado el camino recorrido (lo que algunos llaman experiencia). Pero de repente siempre me pregunto: ¿Cómo llegué aquí?. Pues bien, recordando lo que sucedía hace muchos, muchos años, se me viene a la mente la primera computadora que tuve. Mi papá (de quien he hablado ya antes), compró (creo que no fue exactamente para mi) una computadora, en el año 80-82 (si no recuerdo mal). Era nada mas y nada menos que una Sinclair ZX-80, con nada mas y nada menos que una expansión de memoria de 64K, Y UNA IMPRESORA TERMICA, que el tamaño del papel no era mas ancho que un recibo electrónico de hoy en día. Pues bien, mi papá, eximio entusiasta de la tecnología (pero que nunca pudo con ella), nunca supo como usar esa máquina. No recuerdo si me pidió que lo ayudara o si yo por mi cuenta la agarré, lo cierto del caso es que al poco tiempo estaba haciendo mi primer programa en BASIC. A partir de allí, fueron muchas (créanme que mi papa fue un verdadero entusiasta de la computación) las computadoras que pude utilizar. Recuerdo la EPSON GENEVA PX-8, la primera portátil que tuve en mis manos; la inolvidable APPLE IIc (aun la tengo…), y ni hablar de la MACINTOSH Classic, y la 512… Luego, llegaron los clones. Pero bueno, me estoy saltando una parte importante del cuento. Yo siempre tuve especial atracción por la electricidad (quizás en otra vida fui verdugo, y achicharraba a la gente en la silla eléctrica), por lo cual desde muy joven decidí estudiar en la Escuela Técnica Industrial. Bueno, en realidad desde siempre quise ser militar, pero esa es otra historia que relataré en otro momento. Por ahora lo que contaré está relacionado con el hecho de que decidí estudiar en la ETI. Siempre me gustó, y de verdad que me fue muy bien. Cerca del momento en que se llenaba la planilla de la OPSU (no se si hoy en día aun se hace eso), en el cual a uno lo trataba un psicólogo (orientador, le llamaban), y le recomendaba que estudiar, y le daban a uno un librito rojo, donde estaban todas las carreras y las universidades e institutos (bueno, creo que en ese entonces no existían los institutos y universidades privadas de hoy en día), para que uno seleccionara sus tres opciones. Por supuesto que yo iba a estudiar Ingeniería Eléctrica (debo repetir que lo que quería era ser militar, pero ya dije que eso lo contaré en otro momento), pero un día, mi papá me agarró y me dijo: “hijo, el futuro son las computadoras. Por qué mejor no estudias Ingeniería de Sistemas, que está mas relacionado con ese futuro, y que tu ya has tenido la oportunidad de manejar y sabes como utilizarlas”, y me dio, como buen biólogo que es, nada mas y nada menos que el libro “EL ENFOQUE DE SISTEMAS”, de Von Bertalanffy. Por supuesto que en ese momento no lo leí. Estaba mas interesado en las celebraciones propias de la finalización del bachillerato. Pero bueno, lo cierto del caso es que llené mi planilla, casi llevado por la mano de mi papá, colocando Ingeniería de Sistemas en la ULA como primera y segunda opción, y por no dejar, coloqué Ingeniería Eléctrica como tercera opción.

 

Cuando llegaron los resultados, ya sabía que iba a estudiar ingeniería de sistemas en la ULA. Mi papá y mi mamá eran profesores, y por convenio tenia el cupo donde quisiera. Pero ojo, me salió mi cupo en Ingeniería Eléctrica… Bueno, lo cierto del caso, es que eso dio pié a que pudiera estudiar la profesión de la que hoy en día orgullosamente vivo, y a conocer a gente estupenda, como mis compadres, mi lector asiduo, y muchos otros que iran apareciendo poco a poco en estas y otras líneas sucesivas (ya hablé de mi esposa, debo nombrarla ya que ella “LEE” lo que escribo). No los nombro aquí porque se haría infinito el escrito, lo cual aburriría al lector, y me dejaría sin al menos 15 años de información para escribir, sin contar con los siguientes años, donde mucho de lo sucedido ha sido consecuencia de ese período

 

Ahora daré un salto cuántico al presente, específicamente al momento en que decidí escribir esto. Hoy en día, recuerdo a todos los profesores que trataron de explicarme lo que era un Ingeniero de Sistemas. El profesor Puleo siempre dijo que era “un todero”, que es quizás la mejor manera de expresar lo que es un Ingeniero de Sistemas. Aun leo la descripción de la Escuela donde estudié de lo que es un Ingeniero de Sistemas, y pienso que alguien recién saliendo del liceo JAMAS podría saber que era lo que iba a estudiar (por eso existía el orientador, que tampoco creo que tenia mucha idea ni de su trabajo, ni de la importancia del mismo, ni mucho menos de lo que uno debía estudiar). Pero mejor aun, recuerdo las palabras de mi papá de por qué quería que fuera Ingeniero de Sistemas, y definitivamente me queda la grandísima duda de ¿Cómo llegué aquí?, ya que todo apuntaba a direcciones distintas. Por ahora, como indiqué antes, vivo de mi profesión. He obtenido muchísimas satisfacciones con los trabajos que me ha tocado realizar y emprender. No he hecho todo el dinero que he querido, pero he tenido todo el que he necesitado, y bueno, aquí estoy, terminando de trabajar en mi casa a las 12 de la noche, para escribir estas líneas…

 

Definitivamente, después de escribir todo esto, me es irrelevante descubrir cómo llegué aquí. Lo importante es que aquí estoy, recogiendo los frutos de mi esfuerzo, lo cual estoy convencido que hubiese logrado independientemente de lo que hubiese sido de mi vida. Hoy en día puedo decir que mi papá no tenía mucha idea de lo que me planteaba. El que me dijeran que estudiaba “para todero” siempre me molestó, y realmente nunca me preocupó, mientras estudiaba, si algún día me iba a servir o no mi profesión. Fueron excelentes épocas por las que pasé, y que ahora me permiten escribir lo que ustedes leen.

 

…continuará… (siempre me saca la piedra cuando me colocan esas palabras en una serie de televisión).

 

febrero 14, 2006

La tecnologización del amor…

Hoy es un dia que se ha dado en llamar “del amor y de la amistad”. Por ello, hay una cantidad de tradiciones, que de buena o mala manera, o de alguna manera la mayoria debemos cumplir. En mi caso, consistió en invitar a mi esposa a cenar. Ahora bien, no crea el lector de estas líneas que me dedicaré a relatarle los detalles de la ocasión. No, a lo que me quiero referir es a lo impresionante que me resulta ser parte de una generación que está viendo unos cambios tan abruptos en la forma de vivir esos momentos que he identificado como tradicionales.

Hace unos 24 años, tuve la oportunidad de ir a Miami con mi familia. Recuerdo que para ese entonces, algun amigo de mi papá le encargó nada mas y nada menos que un teléfono inalámbrico. Menudo encargo. Recuerdo (casi como si fuera ayer) como fuimos a varias tiendas de artículos electrónicos a buscar el encargo. Para ese entonces, estaba de moda la película “El Imperio Contraataca” (para que se hagan una idea de la época, que tampoco fué hace siglos), y en casi todos lados habia artículos relacionados con la misma. Pues bien, al final, me imagino que en base al dinero que le darían a mi papá (era la epoca del 4,30, asi que no importaba mucho eso), mi papá escogió el modelo mas moderno de la epoca. Cuando regresamos, fuimos a entregarselo al amigo de mi papa, pero realmente no se por que razon, pero lo cierto es que no lo quiso, y (para mi alegría) nos lo quedamos nosotros. Pues bien, dicho teléfono inalámbrico pesaba como un ladrillo. Tenia una antena tipo periscopio de no menos de 1,5 mts (lo recuerdo clarito, pues en algunos momentos la utilizaba como “espada láser”); y para que funcionara en toda la casa, habia que instalar unas antenas externas!!!!!! con las cuales se podia uno alejar de la base no mas de 2 o 3 metros. La cuestion es que las entenas nunca se instalaron. Aun hoy en dia he visto algunas por ahi rodando, y puedo asegurarles que para esa epoca no me hizo falta que me compraran ningun tipo de espada de juguete, ya que tenia 6 espadas “láser”, sin contar con la del teléfono propiamente dicho.
Luego de ese episodio, recuerdo cuando por primera vez hubo un teléfono celular en la casa. Era de los que se llamaban “ladrillos”. Una maravilla. Mi papá andaba orgulloso doblado por la calle debido al peso que cargaba en la cintura. Mi mamá casi llegó a parecerse a Schwarzenegger de tanto cargarlo para arriba y para abajo. Luego una tia se compró uno pequeño, que hoy en dia sería el antecesor del “baby bloque”… En algún momento me robé el aparato mas pequeño, y fuí la envidia de mis amigos. hasta hice llamadas, las cuales salieron mas caras que las llamadas a las lineas calientes (que tambien utilicé), y hasta les decia a mis amigos que llamaran a su casa desde el celular…

A esta altura del escrito, quizas quien se haya atrevido a seguir estas lineas estará pensando que esto no tiene nada de sentido. Pero si lo tiene. Hoy, en pleno dia de los enamorados, pude observar en el sitio donde fuimos a cenar, como todos, TODOS los que estabamos presentes no estabamos extasiados con la mirada de nuestra respectiva pareja. Tampoco estabamos ilusionados con la conversación, y mucho menos interesados en tratar de escuchar lo que hablaban las demas parejas. NO, TODOS estabamos interesados en la conversación por el celular, en los mensajes de texto, en ver a quien llamar, y algunos jovenes en jugar o quizas tambien enviar mensajes… y eso me pareció algo increíble. Recién hace 20 años, mi papá se iba a trabajar, y si mi mamá se quedaba, solo lo llamaba a su oficina, y si no lo encontraba LE DEJABA UN MENSAJE que alguien le daría. Tanto mi hermano como yo, y asi todos nuestros amigos, estudiabamos en la escuela, y nadie sabia de nosotros hasta la hora de irnos a buscar. Cuando saliamos a jugar, nadie sabia donde estabamos, ni que nos pasaba. Y ni hablar de cuando tuve la oportunidad de irme de excursión o de campamento con los scouts… en fin, hoy en dia, viendo (y teniendo) actitudes como las que ví hoy, donde parecía que era el dia de darle amor al teléfono, es dificil imaginar que un día no tuvimos ese aparatico en las manos. Es difícil imaginar que un hijo puede salir y regresar sano y salvo sin tener un telefono celular. Es casi imposible pensar en salir de la casa y darse cuenta que se le quedó el telefono celular, y no regresarse a buscarlo. Me resulta increíble esto, y me impresiona.

Por ahora, no me queda otra cosa que desearle a todos un feliz dia de la amistad. Agradecimiento que llega a ustedes a traves de un blog, publicado en Internet, en el cual escribo utilizando mi computador portátil. Pero un momento, recien hace 20 años tuve una sinclair ZX81. Recién en el año 89 solo podia enviar correos a través de una consola de puro texto. Apenas en el año 91 tuve mi primer monitor a color, que era de tan solo 16 colores!!! y mi mejor computadora era un clon, con DD de 20 MB. Pero bueno, esa es otra historia que relataré en otro momento.