Escribe que algo queda (al menos eso espero). Para mi Ahijada Maria Gabriela


Kotepa Delgado mantuvo por muchísimos años una columna en el diario El Nacional, que se llamaba “escribe que algo queda”. Según dicen, la idea de Kotepa Delgado era escribir sobre cualquier cosas para dejare algo a las generaciones futuras…

 

Pensando en esas generaciones futuras, y con respecto al cumpleaños número 11 de mi ahijada Maria Gabriela, me siento contento de saber que al menos yo tengo una generación que en algún momento se interesará por leer y conocer el contenido de estas líneas. Aunque por ahora nos separa una distancia física, siempre la recuerdo. Pero mas que recordarla a ella, recuerdo las circunstancias que conllevaron, si así se puede decir, a su gestación y eventual alumbramiento.

 

Era Septiembre de 1987, cuando por fin egresé de la Escuela Técnica Industrial “Ezequiel Zamora”, en Barinas, e iba rumbo a Mérida a estudiar Ingeniería de Sistemas. Realmente, por los disturbios que se daban en esa época (recién habían matado, el 13 de Marzo de ese año, a Carballo Cantor, por lo cual se conoció ese mes como el MARZO MERIDEÑO), comenzaría el semestre en octubre, sin embargo, en una actitud de absoluta responsabilidad, mis padres me enviaron a que me “adaptara” a mi nueva situación de estudiante universitario cursando el propedéutico que en esos días dictaba la universidad como vía alterna, a la asignación de la OPSU, para entrar a la misma. Por ello, el primer DIA del curso, nos reunieron en el auditorio de la facultad de ciencias forestales, llamado “Alí Primera”. Allí, entre otras actividades, nos agarraron y nos agruparon por ciudad de origen. Por su puesto que a mi me tocó con toda la gente de Barinas. De ese grupo, recuerdo que éramos como 30 personas. De esas 30 personas (más o menos), todos iban a estudiar Medicina, excepto 3 personas (utilizaré solo los nombres, no vaya a ser que cometa delito…): Mario, Aura y yo. Y casualmente, los 3 íbamos a estudiar Ingeniería de Sistemas. Por supuesto que debido a las bromas pesadas, de las que se acostumbraba jugarles a los “nuevos”, nos hicimos un grupo muy compacto. También estaba el hecho de que yo era de aquí de Mérida, por lo cual en algunos momentos fungí de especie de guía del grupo. Los días fueron pasando, y se fue estableciendo una amistad especial con Mario. Comenzamos a asistir a nuestro curso propedéutico. Eso significaba utilizar unos libros morados que nos delataban a todos donde fuésemos. Claro está, que hoy en día pienso que nuestra sola cara nos delataba como nuevos… Nuestras clases (las de Mario y mi persona), eran en la hechicera, en lo que en esa época era la facultad de economía, en el último piso. Realmente nosotros no le parábamos mucho al curso, ya que de hecho teníamos el cupo asegurado, pero era un paso que nuestros padres, sin siquiera conocerse, habían decidido para nosotros. Fueron muchos los que conocimos que venían de otras latitudes y de aquí mismo de Mérida en ese curso, y que después nos harían compañía en la carrera propiamente dicha.

 

Todo fue muy bien hasta que un día, nos avisaron que comenzaríamos las clases de verdad. Para ese entonces, ninguna noticia era mejor. Pasábamos de nuestra etapa de “pre-nuevos” (porque estábamos haciendo el curso pre-universitario) a NUEVOS. Jamás olvidaré como nos fuimos Mario y yo, por un pasillo que quedaba por detrás de los salones del curso propedéutico, a cantar “PRE-NUEVOS, PRE-NUEVOS, YA TENEMOS CUPOS, PRE-NUEVOS” en forma repetida, mientras andábamos abrazados y saltando de la alegría. Fue nuestro último día en el curso.

 

Afortunadamente, el hermano de Mario, Rafaelito, era estudiante de Ingeniería Eléctrica a punto de egresar. Eso nos dio la ventaja de conocer los detalles de donde íbamos a estudiar, y lo que era recomendable que hiciéramos. Nos tocaba en el básico de ingeniería, en los chorros de milla. Nos habían asignado 5 materias, que si no recuerdo mal eran: Calculo 10, Algebra, Química 11, Sociología y Sistemas de Representación 10. Muchas cosas me pasaron (así como a Mario) en los primeros semestres, pero en lo personal, eran mas aun las cosas por las cuales pasábamos. Hoy en día puedo confesar que nos enamoramos de la misma muchacha, y con algunos altibajos, logramos superar esa etapa. De hecho, lo hicimos dos veces. Teníamos el mismo gusto y afición por las computadoras (si es que las de la época se pueden llamar así), y en fin, forjamos a lo largo del tiempo una amistad que me quedaría corto al tratar de ponerle un tamaño.

 

Si no recuerdo mal, en el año 93-94 apareció una persona que alteró el ritmo de nuestras vidas. Esta muchacha era una vieja amiga de Mario, con quien había estudiado en el bachillerato, y que venia a inscribirse para estudiar Ingeniería en la ULA. Poco a poco fue integrándose a nuestro grupo, hasta que un día escuché de parte de Mario las palabras que los amigos rehuimos: estoy enamorado de ella. A partir de allí, las cosas fueron muy distintas. Yo para la época era un soñador, que no le paraba mucho a la vida, pero Mario fue transformándose en todo un señor. Pasaron muchas cosas. Muchísimas. Hoy puedo decir que todas fueron a lo mas cómicas. Para ese momento éramos muy jóvenes todos y no podíamos lidiar con la información que manejábamos como lo hacemos hoy en día (por supuesto, ahora estamos VIEJOS). A diferencia de lo que yo hice, Mario siempre tuvo como norte los estudios. Siempre las noches antes de los exámenes no salía, a pesar de que yo lo buscaba para que fuéramos al Valle con Canelita y Todo (en mi súper escarabajo). Por supuesto que yo no pasaba, y el si… Total, que fueron pasando los días, hasta que uno de ellos, me dice Mario: Fernando, Voy a tener un hijo!. Bueno, debo aclarar que no fue exactamente así que me lo dijo, pero no me atrevo a decir aquí las palabras exactas. Lo cierto del caso es que yo me quedé pasmado, frío, en una pieza, ya que eso era lo que al menos a mí me habían dicho que era el fin de todo: un hijo mientras estudias. Sin embargo, Mario y Gabriela lo tomaron como debían, y siguieron adelante con el compromiso.

 

Aun vienen a mi memoria los días en que yo acompañaba a Gabriela en las clases de Cálculo 40. Días en los cuales también quedó embarazada Yamilet, pero yo, como siempre perdido, no entendía por que a ella le daban tantas ganas de vomitar, hasta que Gabriela me dijo: “pero si serás pendejo, no ves que está preñada!!!”. Bueh, otro amigo, Igor, que debía enfrentar el compromiso….

 

Con Mario y Gabriela estuve durante el embarazo. Sé que algunas rabietas de Gabriela fueron por mi culpa, pero le confieso que nunca fueron a propósito. Y un día 23 de Febrero de 1995, Nació María Gabriela. No sé por qué carrizo no estuve allí. No lo recuerdo. Todo para mi fue muy normal, una niña preciosa, hasta un día en que Mario y Gabriela me dijeron que querían que yo fuese el padrino de la criatura. Menudo compromiso. No recuerdo muy bien el momento exacto, aunque si recuerdo que fue en casa de Mario, quizás en el cuarto de estudio del papá, mientras escuchábamos algunos discos de acetato de la colección de rafaelito. Mi primera reacción fue decir que no, pero preferí esperar hasta hablar con mi papá, ya que era la primera vez que se me quería asignar tamaña responsabilidad, y tenía miedo de no estar a la altura del compromiso. Esa misma noche les comenté a mi papá y a mi mamá, y les pedí ayuda al respecto. Las palabras de mi papá jamás se me olvidarán: “hijo, cuando alguien decide nombrarte como padrino, es algo muy importante. Eso significa que te consideran alguien muy cercano, alguien en quien pueden confiar a su hija. Eso si, deberás cambiar esa vida desordenada, porque tienes alguien a quien darle el ejemplo”. Muy cierto, aunque aprovechó (mi papá) para lanzarme una “puyita” que no venía al caso.

 

Pues bien. Un padrinazco (o compadrazco) no se acepta o se rechaza. Simplemente ES. Y a 11 años del nacimiento de Maria Gabriela, lo cual significó agarrar por primera vez a un niño recién nacido, darle de comer, y hasta bañarla (con mojoncitos flotando y todo), me siento muy orgulloso de MIS COMPADRES y por supuesto DE MI AHIJADA. También de mi AHIJADO que vino después, pero que también es mi ahijado PUES!

 

Fueron muchas cosas por las cuales pasamos, buenas, malas, tristes, alegres. Pero siempre he sabido que ustedes están allí. Y siempre podrán contar que nosotros estaremos aquí, viendo el desarrollo de esa hermosa niña, y siendo parte de su vida.

 

FELIZ CUMPLEAÑOS MARIA GABRIELA!!!!! (aunque un poquito tarde). Espero que tú, y todos los que lean esto, al menos se entretengan un rato. Si al menos logro sacarle una sonrisa a algún arriesgado lector, estaré cumpliendo con la intención de que quede algo…. Al menos la risa.

 

Seguiré escribiendo, porque estoy convencido que siempre quedará algo. Y falta mucho por contar!!!!!!!!!!

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3 comentarios to “Escribe que algo queda (al menos eso espero). Para mi Ahijada Maria Gabriela”

  1. Mario Says:

    Mi Compadre, me he reído como loco al leer estas palabras. Que tiempos aquellos. Incluso me hiciste recordar cosas que ya había olvidado (llámalo vejentud).Aunque tu ahijada ahora posiblemente no entienda lo que le escribiste, seguramente llegará un día en que si lo entenderá, y comprenderá que tu estarás allí cuando te necesite.Gracias por tus palabras.Un abrazo.

  2. Fernando Castellano Says:

    Bueno, y eso que esta es la version “light” de los cuentos. Espero que cuando los lea y comprenda, me pida la versión completa. Fueron tantas cosas compadre, TANTAAAAAASSSS!!!! pero bueno, mientras, seguiré sacando las que vaya recordando.

  3. ELISEO Says:

    y yo como un p… esperando que te graduaras…

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