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diciembre 2, 2006

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Eran los dias de judibana. Tenia yo alrededor de ocho años. Algo que hasta la fecha no he podido quitarme es un miedo terrible a la oscuridad. Por esos días, mi tia era lo que podria llamar “carismatica practicante”. No se muy bien como definir eso, pero era algo asi como que alguien muy entregado a las labores de la iglesia, sin ser monja. Esto implicaba retiros (en los cuales participé en algun momento), donde principalmente se rezaba, e ir a la iglesia todos los dias. Tenia su grupo de oración y todo.
Un día, estabamo conversando en la sala de la casa, allá en judibana. Esa sala era grande, alfombrada y con aire acondicionado. Por alguna razón, me pidieron que fuera a la cocina a buscar algo. Yo me paré muy dispuesto, pero cuando llegué a la cocina, la misma tenía la luz apagada. Eso implicaba que debía meter la mano para encender la luz, pero ese temor a la oscuridad me impedía inclusive meter la mano para darle al suiche. Era una sensación como de que algo me iba a agarrar. Me quedé parado en la puerta, de espaldas a mi tia (y a quienes la acompañaban, que seguramente eran mis primas y abuela). Al ver que no entraba, me preguntaron que qué pasaba, y se me salió decirles: “es que tengo miedo a la oscuridad”. Tan sólo al escuchar eso, mi tía se paró y decidió que era necesaria una reunión urgente con sus compañeros de rezo. Los llamó (quizas con un telefono especial), y comenzaron a llegar de inmediato. Era algo asi como el SWAT de los carismáticos, ya que llegaban muy rápido. Me sentaron en el medio de la sala, y alrededor comenzaron a rezar por mi. rezaban mucho, me colocaban las manos en la cabeza, y decian OHSANA EN EL CIELO. Yo me iba sintiendo bien. No recuerdo exactamente cuanto duró el tratamiento. Cuando terminó, cada quien se retiró, y quedé yo ahi solo. Por supuesto que lo primero que hice fué ir a la cocina, que seguía con la luz apagada, pero al llegar a la puerta, me volvió aquel temor que me impidió siquiera meter la mano…
Claro está, no es que no sirve la intervención divina. A lo mejor se requería mas que un tratamiento intensivo, un tratamiento contínuo, mas largo. A la fecha, el temor lo domino un poco más ya que sé que los monstruos no existen, pero, hay muchas otras formas inmateriales que aún no se sabe a ciencia cierta si existen o no. Mientras se diga que “de que vuelan, vuelan”, me costará mucho dominar ese temor a la oscuridad. Pero de todas maneras, siempre le agradeceré a mi tía que haya activado ese operativo por mi.
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