Capítulo III: El Preuniversitario


Como todo nuevo que va a la Universidad de Mérida, proveniente de alguna otra ciudad, llegue con mi caja respectiva. A pesar de que iba a vivir con una Tía, donde no me faltaría absolutamente nada, me enviaron con las cosas con conforman lo mas personal: champú, pasta de diente, jabón, papel “tualé”, etc. Precisamente por esta situación, de que viviría en casa de mi Tía, me asignaron una mensualidad que era mas que suficiente en Mérida para los gastos personales, como lo eran 800 bolívares

Recién salido de la Técnica, lo primero que hicieron en mi casa, con miras a que me fuera “aclimatando”, fue inscribirme en el Curso Preuniversitario.
Si no me equivoco, esta fue la primera vez que se hacia un curso preuniversitario en la ULA. Para esos días, había muchos problemas con el tema de los cupos para ingresar a la Universidad. Por ello, incluso existía un “comité de bachilleres sin cupo”, que se encargaba, semestre a semestre y año a año, a “luchar” por el cupo de los “sin cupo”. Una de las salidas que se ofreció fue precisamente este curso, mediante el cual se suponía que si no se tenia el cupo, pero se hacia el curso y se salía muy bien, quedando entre los primeros, se lograba entrar a la ULA, aunque no muchas veces en lo que uno quería, pero al menos era una opción
En mi caso, afortunadamente había salido seleccionado en Ingeniería Eléctrica, pero dado el hecho de que mis padres habían sido profesores de la ULA, aplicaba el caso de la asignación del cupo “de los gremios”, o de los hijos de profesores, empleados y obreros. De esta manera, a pesar de haber sido asignado por la OPSU a Ingeniería Eléctrica, que fue mi primera y segunda opción, debido a que la tercera fue para Ingeniería de Sistemas en la ULA también, y por el tema del cupo de los gremios, logré ingresar, a satisfacción de mi papá, en Ingeniería de Sistemas. A pesar de tener el cupo asegurado, mis padres habían decidido que me fuera de una vez a este curso, por un lado para ir agarrando el “ritmo”, y por otro, para irme preparando, académicamente, de manera de tener alguna ventaja al momento de comenzar los estudios reales en Ingeniería Y vaya ventaja que obtuve!
El Curso Preuniversitario consistía, principalmente, en unas clases basadas en unos libros que nos daban, de tapa morada que se distinguía a kilómetros de distancia, que complementaban unas horas de “vídeo clases” que nos daban en salones, a través de televisores. Aparte, se contaba con unos facilitadores, y regularmente, nos hacían unos exámenes de los temas vistos en la semana. Las aulas de clases se encontraban en La Hechicera, que en esos días era la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (mejor conocida como “Economía”). Los salones de clase estaban en el ultimo piso de este edificio, lo cual era bien interesante, ya que para llegar a los mismos, había que atravesar prácticamente toda la Facultad; Pero, afortunadamente, la gente de economía no era tan salvaje como la de ingeniería, al menos con los nuevos de ingeniería.
Luego de las inscripciones de rigor, que todas las hizo mi mama, finalmente me dejaron en Mérida, y me llego el momento de ir a mi primera actividad de “universitario”, o en este caso, de “pre universitario”. Era una actividad que se realizaría los primeros días, en el auditorio “Ali Primera” de la Facultad de Ciencias Forestales. Este edificio estaba ubicado en la zona de los chorros, vía la hechicera, pero para llegar allí había que saber que transporte tomar, ya que no todos pasaban por allí Por mi experiencia cuando vivi en Mérida, sabia que debía tomar el bus de la ULA que iba a Forestal, lo cual hice. Al llegar, me pude ubicar fácilmente y llegar al auditorio, ya que tiempo atrás, en el año 1980, había “participado” en la Convención Anual de AsoVAC, en la que mi tía había estado en el comité organizador, y mis padres, especialmente mi papa, había participado, y cuyo punto focal fue este auditorio. Llegué, y conseguí muchas caras de susto, iguales a la que seguramente llevaba yo. Nos hicieron pasar, y por supuesto cada quien se sentó donde quiso. Luego de las presentaciones de rigor, donde el personal a cargo de la actividad indico que hacían, comenzaron las actividades propiamente dichas. Una de ellas, si no la primera, fue ir mencionando cada estado, y uno iba levantando la mano para indicar de donde venia, y de inmediato, solicitaban que nos fuéramos agrupando, para que, finalmente, nos sentáramos juntos todos los que venían de cada estado.
Lo primero que me sucedió, fue que al explicar la actividad que se haría a continuación, me surgió la duda de a que estado pertenecía yo: había estudiado una parte en Trujillo, otra en Mérida, finalmente en Barinas, y de hecho en mis papeles decía que era del estado Mérida. Luego de unos minutos de indecisión, mencionaron al estado Barinas, y decidí montarme en ese bus. Acto seguido, nos sentamos juntos; al comienzo pensé que no conocería a nadie, pero resulto que estaba en ese grupo Kleber Pérez, el hijo de unos amigos de mis padres, y con quien había compartido en reuniones familiares donde nos habían invitado. Resulto ser que yo era el único, de ese grupo de barinas, que había estudiado en un liceo publico; ademas, era el único que no conocía a nadie, excepto a Kleber, quien afortunadamente si conocía a muchmuchísima gente del grupo, creo que a todos, de hecho. El y todo el nutrido grupo, iban a la ULA en busca de cupo para estudiar Medicina. Podría decir que éramos un grupo de al menos 20 personas, de las cuales resulto suceder que solo 3 personas del mismo no íbamos a estudiar medicina, y casualmente, los 3 íbamos a estudiar Ingeniería de Sistemas. Así, conocí a Aura Mosquera y a Mario Gil. De inmediato, nos sentamos juntos los 3. Durante la mañana se repitió la misma actividad para el resto de los estados, hasta que finalmente estaban conformados todos los grupos. Al regreso del receso que tuvimos, nos conseguimos con un hecho bien particular, como fue que había un grupo de estudiantes de la Universidad que estaban pidiendo la palabra para darnos la bienvenida. Luego de que los presentaron, comenzaron a darnos unas palabras de bienvenida, para finalmente terminar cantando lo que habían llamado el “himno del nuevo”, que para variar, era la primera vez que se cantaba como me entere años después El autor del acto: Rafael Mora, estudiante de Ingeniería de Sistemas, quien posteriormente jugaría un papel muy importante en mi vida. Finalmente, nos informaron que una vez creados los grupos, las actividades se llevarían a cabo en La Hechicera, donde estaban ubicadas las instalaciones del curso pre-universitario
Al finalizar las actividades de la mañana, decidimos, el grupo de Barinas, irnos juntos, tal cual hicieron el resto de los grupos. Del nuestro, nadie había estado en Mérida antes excepto por mi, por lo cual trate de tomar el liderazgo, y de orientar lo que debíamos hacer para irnos, pero no tuve éxito. Por ello, el grupo decidió bajar caminando desde la facultad de forestal, hasta el centro, lo cual era una locura, pero en este caso, la mayoría se impuso.
Todos íbamos con los libros morados bajo el brazo, lo cual nos identificaba como alumnos pre-universitarios. Ademas, muchos grupos, los que andaban igual de perdidos que el nuestro, decidieron también bajar caminando. Cuando irremediablemente llegamos al frente de lo que para ese entonces era la Escuela Básica de Ingeniería, que esta al lado del comedor de los chorros, saltaron los estudiantes sobre los grupos mas pequeños de pre-universitarios, formando círculos alrededor, y gritando cualquier cantidad de cosas, para finalizar cantando el himno de los nuevos. A nuestro grupo también le toco, pero como éramos uno de los mas grandes, y donde habían mas hombres, pues también comenzamos a replicar, y estuvimos a punto de caernos a golpes con quienes nos agredían, pero para ellos fue mas fácil dejarnos pasar y dedicarse con algún otro grupo mas pequeño. Por supuesto que comenzamos a correr, vía la salida de Mérida, para finalmente bajar por la Av. Universidad vía el centro. En una parada del bus de la ULA a la cual llegamos, les explique lo lejos que estábamos, y que era necesario que nos moviéramos en algún medio de transporte, por lo cual accedieron a montarse en un bus que pasó en esos momentos. Bajamos, y nos quedamos en la parada que hacia el bus en ese entonces mas arriba de la plaza Bolívar, frente a la venta de churros, por lo cual les explique que eso era algo tradicional, y hasta compramos algunos churros para probarlos. Seguimos bajando, hasta que llegamos al viaducto. Unos decidieron irse a comer por su cuenta, pero otros nos quedamos para almorzar juntos. Por la Av. 4, media cuadra abajo del viaducto, estaba un restaurancito de comida italiana, donde nos dimos el lujo de comer. Para algunos, era la primera vez que comíamos y pagábamos la comida, la primera vez que nos sentíamos “independientes”.
La rutina fue básicamente la misma todos los días: en la mañana a la Hechicera a las clases del Curso Preuniversitario, y en la tarde, a echar carro por ahí (aunque se suponía que estuviéramos estudiando). Uno de los recuerdos mas importantes que tengo de esos días, es el de las comidas. Los primeros días, fue muy interesante la vida, debido a que siempre comíamos en restaurantes. A pesar de lo baratos que son, en comparación con cualquier otro sitio en el mundo (al menos por aquellos días), llego el momento en que la gente que no vivía en las condiciones en las cuales tuve la oportunidad de vivir, le llego la hora de buscar opciones mas economices El comedor universitario aun no era una opción, ya que no habíamos entrado a la universidad, por lo cual buscamos un comensal que quedaba como media cuadra abajo de la plaza “El Llano”, y que se llamaba “The Place”. Allí comenzamos a ir diariamente, costaba como 12 bolívares el almuerzo, que era uno de los mas caros de los “comensales” que existían en ese momento. La verdad es que yo iba mas por la faranduleria que por necesidad. Paso el tiempo y nos hicimos clientes, de manera que incluso, si llegábamos tarde, nos hacían comida, pero al final, tiempo después, nos vimos en la obligación de retirarnos, ya que subieron el almuerzo a 18 bolívares, lo cual era un insulto, y simplemente no lo podíamos pagar. Para cerrar este capitulo de “The Place”, resulto ser que la muchacha que nos atendía, que creo era hija de la dueña, se llamaba María Alejandra Dávila, quien actualmente es Diputada a la Asamblea Nacional.
Mientras asistía a mis clases del Preuniversitario, se iba concretando el tema de mi entrada a la Universidad. Todo iba estando listo para el momento del ingreso, que realizaría, por supuesto, con muchas otras personas, entre ellas, Mario, con quien comencé desde el comienzo del preuniversitario.
Los espacios del Preuniversitario, en La Hechicera, eran unos salones todos seguidos, y que por la parte de atrás tenían un pasillo. El día que finalmente Mario y yo nos inscribimos, nos fuimos juntos a la hechicera, pero en lugar de entrar a clases, nos fuimos por el pasillo posterior de las aulas, y comenzamos a caminar por el mismo, abrazados, y gritando “prenuevos, prenuevos”, lo cual nos causo una gran satisfacción, e hizo que aumentaran nuestras listas de enemigos. Hasta ese día fuimos a las clases, en el curso, y hasta ese día tuvimos que cargar los libros morados que, gracias a Dios, por poco tiempo nos acompañaron.
Es válida la oportunidad para comentar que la idea del curso preuniversitario fue (la verdad que no se como se hace ahora) una oportunidad, cuando menos, interesante, y que en su momento daba la sensación de “solucionar” el tema del ingreso a la universidad. Era como una “democratización” del ingreso, lo único era que la gente que se inscribía en este curso, no conocía las oportunidades de ingreso reales. Por ejemplo, para el momento en el cual yo tuve la oportunidad de ingresar a la Universidad, para Ingeniería de Sistemas, sencillamente, no habían cupos, ya que todos estaban destinados a los gremios; para ese entonces, las carreras preferidas eran, precisamente, Ingeniería de Sistemas, Derecho y Medicina, que debido al auge que tenían, pues los cupos eran insuficientes. Así, el curso tenía opciones de desviarse a un “negocio”, donde la gente se inscribía con la esperanza real de poder ganarse un cupo, pero al final, esa esperanza se veía truncada por la cruel realidad de que si había cupos, pero en carreras que no eran de la elección del pretendiente. Aparte de eso, pude ser testigo de como, gente relacionada con el mismo curso, vendía cupos que realmente no existían. Mejor dicho, cobraban por darle esperanzas a la gente de que les conseguirían el anhelado cupo en la carrera que querían, por lo cual cobraban en moneda y en especies… Mucho tiempo después, me tocó atender un caso similar pero con los cambios de núcleo, para el caso de la gente que venía de Ingeniería en el Núcleo de Trujillo para el profesional en Mérida, pero eso es parte de unos capítulos más adelante.
En cuanto a la experiencia para mí, repito que fue, cuando menos, interesante. Muchas de las personas con quienes vi clases en el preuniversitario, fueron luego compañeros de estudio en la universidad, por lo cual, se nos hizo fácil (quizás demasiado), integrarnos. Académicamente hablando, la verdad es que no le paré absolutamente nada a las clases, por lo cual, de esa materia, no podría opinar…

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