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Ya quisiera yo

octubre 8, 2012

Ya quisiera yo tener un gran poder
Que me de la sabiduría para esto lograr entender
Y que me llene el vacío que me dejó el ver
Que en un momento estaba ganando, hasta que el otro habló, y comenzó a perder
Ya quisiera yo poder ver los resultados
Que muchos aseguran que el Gobierno ha alcanzado
Y poder andar por la calle sin tener que preocuparme
Que alguien tome la decisión de que hay que matarme
Ya quisiera yo poder compartir
Esa seguridad de que nadie me va a mentir
Y que cada promesa que haga quien nos rige
No pase sin pena ni gloria, para tener que usar el “se los dije”
Ya quisiera yo no seguir siendo testigo
De tanta división por color, sexo y destino
Y que no haya barreras que puedan separarnos
Para ser un solo pueblo independientemente de por quien votamos
Ya quisiera yo no ser testigo mudo
De cómo usan el dinero dando ayuda por el mundo
Mientras mi vecino ve morir uno, y otro y otro hijo
Por no poder darles todo lo que el que fue candidato les dijo
Ya quisiera yo tener la gran seguridad
Que mi hija, de tres años, no deba estas líneas continuar…

Perdimos el medio, no el Fin

octubre 8, 2012

Cuando se está en una actividad donde se puede ganar o perder, uno se debe preparar para cualquiera de los resultados. Muchas veces he dicho “nadie juega para ser el segundo”, pero siempre es una opción. Mientras se está en la actividad, sólo se piensa en el triunfo. Es la manera de mantener el ánimo y las fuerzas para alcanzar el objetivo, que es ganar. Lo importante del triunfo de David sobre Goliat no es la victoria en si misma. David siempre estuvo convencido de que podía e iba a ganarle. De lo contrario no se mete en ese tremendo compromiso. Lo importante es que quienes dependían del triunfo de David no lo creyeron vencedor sino hasta que vieron a Goliat en el piso. Ahí, todos se volvieron “Davidistas”. Allí el triunfo fue “de todos”, pero, qué hubiese pasado si David pela la frente de Goliat? Habría pasado David a la historia como el enano que trató de vencer al gigante, y estuvo “a puntico” de hacerlo? No! La historia la escriben los vencedores, la historia trata de los vencedores, y anoche se escribió una página de la historia sobre Henrique Capriles Radonski.
La sangre aún brota a borbotones. La herida está abierta, pero tal como un soldado en batalla, hay que aplicar primeros auxilios y seguir adelante. El objetivo no era sólo la Presidencia. Era un paso muy importante, EL medio, pero definitivamente no el fin. El fin es lograr el país que tanto ansiamos. El país que merecemos dadas las circunstancias geopolíticas de Venezuela. Y ese objetivo no ha desaparecido. Nos convertimos en la honda para que nuestro David lanzara la piedra, la cual acertó el blanco, pero no en el punto para que Goliat cayera. Por poquito lo logramos. El golpe lo hizo tambalear, pero siguió de pie. No erguido, adolorido, pero de pie. Nuestro David ha estado a punto de decir “por ahora”. Lo sugirió de una manera tal que aún le debe estar retumbando la pedrada a Goliat, y “Dios mediante”, vendrán otras, hasta que finalmente lograremos alzarle la mano a David. Hoy Nuestro David, pero ese día, el de todos!
Ayer me sentí un héroe. Salí como no recuerdo haber salido antes, con la decisión de dar mi aporte en la justa que nos tocaba. Vi en las miradas de quienes me acompañaban la voluntad de darlo todo. En la noche, mientras escuchaba a Capriles, recordaba aquella escena del drama Enrique V de William Shakespeare, que rememora la batalla de Azincourt, ocurrida el 25 de Octubre de 1415, cuya fecha es el día de San Crispin. En la víspera de la batalla (conocida luego como la batalla del día de San Crispin), el Rey Enrique V dirigió un discurso a sus menguada y agotadas tropas (6000 hombres). Los ingleses se saben perdidos ante 25000 franceses y el Rey intenta animarlos con unas palabras maravillosas, apelando a la camaradería y a su valor.


WESTMORELAND
¡Ójala tuviéramos aquí ahora
Aunque fuera diez mil de aquellos hombres que en Inglaterra
Están hoy ociosos!
REY ENRIQUE V
¿Quién pide eso?
¿Mi primo Westmoreland? No, mi buen primo:
Si hemos de morir, ya somos bastantes
Para causar una pérdida a nuestro país; y si hemos de vivir,
Cuantos menos hombres seamos, mayor será nuestra porción de honor.
¡Dios lo quiera! te lo ruego, no desees un solo hombre más.
Por Júpiter, no codicio el oro,
Ni me importa quién se alimente a mi costa;
No me angustia si los hombres visten mis ropas;
Esos asuntos externos no ocupan mis deseos:
Pero si es pecado codiciar el honor,
Soy la más pecadora de las almas vivientes.
No, creeme, primo, no desees un solo hombre de Inglaterra:
¡Paz de Dios! no perdería un honor tan grande
Como el que un solo hombre creo que me arrebataría
por lo que más deseo. ¡Oh, no pidas uno solo más!
Proclama, en cambio, Westmoreland, por mi ejército,
Que el que no tenga estómago para esta pelea,
Que parta; se redactará su pasaporte
Y se pondrán coronas para el viático en su bolsa:
No quisiéramos morir en compañía de un hombre
Que teme morir en nuestra compañía.
Este día es la fiesta de Crispiniano:
El que sobreviva a este día y vuelva sano a casa,
Se pondrá de puntillas cuando se nombre este día,
Y se enorgullecerá ante el nombre de Crispiniano.
El que sobreviva a este día, y llegue a una edad avanzada,
Agasajará a sus vecinos en la víspera de la fiesta,
Y dirá: ´Mañana es San Crispiniano´.
Entonces se alzará la manga y mostrará sus cicatrices
Y dirá, ´Esta heridas recibí el día de Crispín´.
Los viejos olvidan: y todo se olvidará,
Pero élrecordará con ventaja
Qué hazañas realizó en ese día: entonces recordará nuestros nombres.
Familares en sus labios como palabras cotidianas
Harry el rey, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester,
Se recordarán como si fuera ayer entre sus jarras llenas.
El buen hombre contará esta historia a su hijo;
Y nunca pasará Crispín Crispiniano,
Desde este día hasta el fin del mundo,
Sin que nosotros seamos recordados con él;
Nosotros pocos, nosotros felizmente pocos, nosotros, una banda de hermanos;
Porque el que hoy derrame su sangre conmigo
Será mi hermano; por vil que sea,
Este día ennoblecerá su condición:
Y los gentiles hombres que están ahora en la cama en Inglaterra
Se considerarán malditos por no haber estado aquí,
Y tendrán su virilidad en poco cuando hable alguno
Que luchara con nosotros el día de San Crispín.


Al día siguiente, la banda de hermanos de Enrique V aplastó al ejército francés en Azincourt de una manera absoluta, gracias a sus arqueros y la mala estrategia francesa y a pesar de la gran diferencia de hombres entre cada ejército.

Ayer, como banda de hermanos dimos todo. No nos importó la diferencia entre David y Goliat. Dimos todo en esa batalla, y al final se nos hizo esquiva la victoria. Pero, no es el final. Desear la Venezuela que por Justicia Divina nos corresponde merece los más altos sacrificios. El clarín de la retirada nos retumba aún en los oídos, pero no es el fin del camino. Tenemos un Líder; tenemos las ganas y, lo más importante, somos una fuerza que en tamaño estamos casi equiparados. La pedrada le dió a Goliat, de eso no puede quedarnos duda, y con este liderazgo, iremos avanzando por el camino del progreso, sorteando los escollos, hasta lograr la meta: un país de prosperidad para todos.

Estamos comenzando a recorrer el camino…