Ciudadanía de Parlamento


A diario nos encontramos con situaciones que destacan por el efecto que producen en quienes las viven, bien en forma directa, o en forma indirecta. Así podemos comenzar por lo que conocemos como “la célula de la sociedad”. En una familia, los Padres son el ejemplo a seguir. Por ello, la mayoría de los padres se esforzará por hacer cosas de la mejor manera posible, de forma que sus hijos sigan su ejemplo. La primera opción para resolver los problemas, nunca es la pelea, el insulto, la provocación.
El trabajo. En el trabajo es donde muchos venezolanos pasamos la mayoría de nuestro tiempo. Pasamos más tiempo en el trabajo con los compañeros, que con nuestras familias. Y a pesar de todo a cuanto nos vemos sometidos en el ambiente laboral, solo en muy raras oportunidades se utiliza la violencia como medio de solución de conflictos. Solución de conflictos. La solución de conflictos es una de las materias más importantes que vemos en la universidad de la vida. Siempre estamos siendo actores en un conflicto, por lo general en varios en forma simultánea. Y siempre, siempre, debe privar la razón para la solución efectiva de los mismos. Son muchos los ejemplos diarios y cotidianos de solución de conflictos, y la ciudadanía, el sentirse parte de un país, el respetar los derechos ajenos cumpliendo los deberes propios, es la manera como debemos enfrentar y resolver los conflictos a los que nos vemos sometidos. Y, como ciudadanos, hay distintas instancias donde debe predominar y prevalecer el arte de la resolución de conflictos.
Una junta de padres y representantes; una junta de condominio; un consejo de maestros; una reunión de trabajo; una reunión familiar; un concejo municipal y hasta la Asamblea Nacional, son ejemplos de los sitios donde se espera encontrar el ejemplo de actitud ciudadana. Donde debe prevalecer la resolución de conflictos, siempre en función del bien común.

Recientemente hemos sido testigos de los pobres actos que se llevan a cabo en nuestra Asamblea Nacional. Más allá de los problemas, los muy graves problemas a los que nos vemos sometidos, producto de las antipoliticas de este gobierno de facto que ahora tenemos, estamos siendo testigos de las pobres actuaciones de nuestros representantes en la Asamblea Nacional. Y lo triste del caso es que no es una actitud propia de los miembros del partido de gobierno, quienes apoyados en su ilusión de poder absoluto aprovechan de atropellar y ofender a cuanto contendor se les pone en el camino, asumiendo cada uno de ellos una actitud como si vivieran en “La Hojilla” las 24 horas del día, en una suerte de “The Truman Show” socialista. No. Esa actitud ha infectado también a los Diputados de la oposición, quienes quizás en respuesta a la presión de los distintos “Mario Silva” que ahora pululan en la Asamblea, han caído en su juego, respondiendo con gritos y ofensas a las propias recibidas. Resultado: una asamblea que no cumple su trabajo, que lo único que la distingue como tal es el sitio donde se encuentra, y que lo que le falta es un bar y música adecuadas para que las actitudes tengan el contexto correcto.

Señores Diputados todos: de ustedes esperamos lo mejor. Son quienes juraron respetar y defender la Patria, nuestra violada y maltratada Patria. Deberían ser el ejemplo de ciudadania, de ejercicio democrático, de convivencia en diversidad, de respeto por las ideas ajenas sin que eso implique claudicar por las propias.
Nuestra Asamblea Nacional no puede ser una burda representación del Cirque du Soleil. Un generador de chistes malos, y menos un producto del cual nos avergoncemos. Para recuperar nuestra Patria, necesitamos que vuelvan a ser el ejemplo, ese ejemplo que Caracas dió, como lo dicen las gloriosas notas de nuestro Himno Nacional.

Aún recuerdo cuando en la Asamblea decidieron hacer aquel “Parlamentarismo de calle”. Menos mal que no siguieron, porque veríamos a gente en plazas y reuniones insultándose, ofendiéndose, diciéndose improperios y hasta dándose carajazos. No! En nuestra Asamblea necesitamos esa resolución de conflictos, ese saber convivir que aún tenemos en la vida diaria, independientemente de quienes nos estén representando. Quizás llegó el momento en que en lugar de esperar que nos llegue el Parlamentarismo de calle, debamos apurarnos a llevarles a la Asamblea eso que aún practicamos y tenemos: la Ciudadanía de Parlamento.

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