El Gusto de Escribir


Aún recuerdo muy claramente aquellas tareas que me ponía la Señorita Anailia. Especialmente las que consistían en la transcripción de un texto que debía hacerse en un papel semi transparente. Esa actividad consistía básicamente en 3 retos importantes: escribir cada línea derecha, no salirse de un marco imaginario, y separar las letras en forma correcta al final de cada línea. Los dos primeros se resolvían relativamente fácil: a una “hoja de examen”se le hacía un marco en color rojo, con lo cual se tenían las líneas que se usaban de guía para escribir derecho, así como los límites hasta donde se podía llegar. Sólo requería que se utilizara una superficie plana y limpia (muy importante, ya que ese papel agarraba cualquier sucio, o se podía saltar la línea si el lápiz se encontraba con algún obstáculo en su camino), y unos trozos de teipe. El tercer reto era el más complicado: separar las palabras en forma correcta al final de cada línea. Esto implicaba que quizás en la primera se cometiera un error, y tocaba desechar la hoja y comenzar de nuevo. No representaba mayor impacto ya que no se estaba perdiendo mucho tiempo ni esfuerzo. A veces el error se presentaba después de haber escrito en la primera mitad de la hoja, pero lo peor era cuando el error se presentaba cuando cuando se estaba en la última línea de la hoja. A pesar de lo impecable de todas las líneas anteriores, tocaba desechar todo el trabajo y tiempo invertido, y arrancar de nuevo. Cómo no se iba a prender así?! pero, en este caso, lo que quiero resaltar es lo que implicaba escribir. Se requería una concentración, una preparación, un plan y mucha paciencia. Al final había un resultado, algo físico, tangible, y que se defendía con la vida, porque el que se perdiera o se dañara representaba, también, volver a pasar por todo el proceso. Esas tareas se hacían con lápiz, y era, visto hoy en día, todo un poema ver la hoja por la parte de atrás. Cada línea, cada trazo se marcaba realmente sobre ese papel. Se hacía un surco con cada trazo escrito, que por detrás, a pesar del color negro del carbón, se veía blanco. Se hacía evidente, se podían tocar cada una de las letras, y ese papel en particular tenía la característica de que no se deformaba como lo hacen las hojas de un cuaderno.

Quien no recuerda la diferencia entre un cuaderno nuevo y uno usado? El nuevo era como de un tercio del grosor del usado, además de que el color de las hojas, ese elemento tan delgado, se tornaba oscuro por el uso. El cuaderno usado, al colocarlo sobre una superficie, desplegaba esa forma de abanico. Y era tan fácil pasar las hojas en el cuaderno usado, además de sabroso ese ruido característico que hacía cada hoja al pasar de un lado al otro. Se podía ver, aparte de leer, lo que se había escrito. Tenía un volúmen, un tamaño y un peso el conjunto de las palabras puestas en cada cuaderno, independientemente de lo que expresaran.
Hacer un examen… Había que llevarse las hojas especiales para tal ocasión, y había que tener la previsión de cargar suficientes en caso de que hicieran falta. Cada error de cálculo o duda era remediado con un borrador. Habían de todos tipos, colores, tamaños e incluso olores, pero nada como los NATA de Mayka. Y con cada acción de borrar, se iba cambiando la condición de la hoja: su color, grosor y hasta el sonido que hacía. Precisamente ese cambio que sufrían las hojas al ser escritas y/o borradas era lo que evitaba que uno se llevara una “escrita” al exámen, ya que se notaría de inmediato.
En fin, que el escribir no era sólo un tema de inspiración, sino una pleyade de sensaciones que se tenían prácticamente por todos los sentidos. Seguramente muchos dirán que el gusto no es un sentido involucrado, pero quien haya tenido la necesidad de tragarse un pedazo de papel que por pura casualidad le haya caído en la mano durante un exámen, con toda seguridad supo a lo que sabía la combinación de papel y lápiz…

Obviamente el avance de la tecnología y la posibilidad de su uso por todos ha ido impulsando la sustitución de la escritura a mano por el uso de computadoras y todos los dispositivos que tenemos a la mano hoy en día. Y esto ha cambiado también las incomodidades que trae el escribir por mucho tiempo a mano, por las que se generan por el uso constante de los dispositivos modernos. Así, aquella preocupación por la separación de las palabras, por escribir derecho y dentro de un margen cambió por el contar con conexión constantemente para poder publicar en las redes sociales lo que se está generando. Algo similar sucede con las máquinas de escribir. En mi casa las hubo de muchos modelos, desde la “portátil” que necesitaba de mucho músculo para imprimir en el papel cada letra requerida, en un acto casi de tortura tanto de quien escribía como de la hoja que se usaba, hasta las mas modernas, como aquella que permitía escribir una línea en una pantallita electrónica, que luego de ser revisada y corregida se le daba a una tecla, y como por arte de magia, como usada por un alma en pena de un taquígrafo, procedía a escribir sola la línea en el papel. Al final, el resultado era casi el mismo, ya que también esas máquinas cambiaban las características del papel, permitiendo sentir cada letra en relieve invertido, convirtiéndose en un documento único. Definitivamente, todo cambió.

A menudo siento que se me está olvidando escribir a mano. Eso es algo como montar en bicicleta, pero al intentarlo, la mano duele, los dedos tardan en acostumbrarse al agarre del lápiz, y casi que se puede escuchar el chirrido que produce la mano al tener tanto tiempo si ser usada para tan hermoso fin. Por ello, y pensando en las más de 15 mil visitas recibidas a este blog, decidí comenzar a escribir cada artículo a publicar a mano, comenzando por este mismo. La experiencia de ver no sólo como surgen las palabras producto de la inspiración, sino como se va transformando ese papel, como se puede pasar la mano sobre las palabras y sentirlas, hace que se quiera más y más. Por ello, espero poder seguir escribiendo como hasta ahora, y dejando, físicamente, este legado que espero que algún día mi hija pueda disfrutar leyéndolo tanto como lo hago yo escribiéndolo.

Gracias a todos los que dedican parte de su tiempo a leer lo que me permite hacer la inspiración. Siempre será un gusto escribir para ustedes, que es escribir para mí.

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3 comentarios to “El Gusto de Escribir”

  1. María Elena Lazo Villarreal Says:

    Excelente artículo. Saludos MEL

  2. María Elena Lazo Villarreal Says:

    Excelente artículo. Saludos, MEL

  3. María Elena Lazo Villarreal Says:

    Excelente artículo.

    SalUDOS, MEL

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