Mi pasado parece un sueño, por la aplastante pesadilla de la realidad


El tema de Venezuela siempre está presente. A uno le comentan sobre lo mal que está allá la situación, que cómo está la familia, que cuando va a ir… Y se tiembla al pensar que dadas las actuales circunstancias, no se tiene País al cual regresar. No en las condiciones en las que está. Pero, a pesar de todo, es y siempre será mi País, donde nací; donde crecí; donde formé mis sueños y comencé a trabajar por ellos, sueños que fuí convirtiendo en realidad y que sin lugar a dudas me han llevado donde actualmente estoy.

En medio de esos pensamientos, estoy escuchando música y suena “Wish You Were Here” de Pink Floyd. Esa canción me hace pensar en muchas cosas, pero ahora pienso que quisiera que tanta gente estuviera aquí, pero no donde estoy, sino allá, en Venezuela, conmigo. Disfrutando una navidad como aquella, en Trujillo, en la que andaba con el resto de los niños haciendo travesuras en las misas de aguinaldo; Dándome el primer beso a la salida de un día en la Escuela Técnica, bajo la mirada de la gente que caminaba y vivía alrededor de aquel parque en Mérida; Bajándome del bus de la ULA en pleno centro, y huyéndole a la recluta que inesperadamente se acercaba y pedía la carta de inscripción militar; Las noches de estudio con aquellos compañeros de clase de nuestro primer semestre en la Universidad, donde entre letras y muchos números soñábamos con el día en que nos graduaríamos e iríamos a trabajar; El 24 de Diciembre que en mi trabajo me dieron aquellos 100 bolívares que eran una fortuna para mí; Los planes de tener una casa para mi familia; El día que terminamos el primer proyecto grande que me asignaron; Las noches de “Dungeons & Dragons” con mis panas; Las destrucciones etílicas recurrentes; Los miércoles “Racing” donde Daniel previos a las noches de piques; Los diciembres en familia, preparando hallacas, pernil, y jugando el tradicional dominó del 1ro de Enero; Los viajes a la playa, a la que nos íbamos de noche directo al salir del trabajo, y llegábamos de madrugada para aprovechar cada segundo…

Cuántas cosas hacía en esa Venezuela, que contrastan tan abruptamente con la pesadilla de la que ahora escuchamos y vemos desde lo lejos. Una realidad que, para nosotros que solo la vivimos a través de los amigos y familiares que están allá, no tiene absolutamente ningún sentido. Y esos recuerdos que conforman mi vida, lo que soy, suenan tan lejanos ante lo que es Venezuela hoy… Parece que es imposible que los haya podido vivir en el país que hoy existe. Pero sí lo hice, lo hicimos. Y siempre permanecerá no solo la esperanza, sino la seguridad de que vendrán los tiempos de repetir esas vivencias. Vendrán los tiempos en los que tendré un País al cual volver. Vendrán los tiempos en los que no desearé que todos cuantos hemos salido estemos allá juntos, ya que efectiva y realmente lo estaremos, trabajando, como siempre, por nuestro País. Y es que como sucede con todas las pesadillas, esta pasará, y ya no dudaré de la realidad de mis recuerdos, sino que los utilizaré de guía para saber dónde quiero llegar.

 

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Referendum Presidencial – Capítulo 1: Al Comienzo


El Secretario de Estado buscaba desesperadamente una solución. Ya habían pasado 15 días y el equipo técnico que había asistido a la región desde la capital de la república no había podido poner en marcha los sistemas para realizar el conteo de extranjeros requerido por la Presidencia. Todo se habia dispuesto, y la presión se elevaba con cada minuto que pasaba. Era de vital importancia tener el censo de los extranjeros en ese estado, tal como se venía haciendo en el resto del país, para poder tener una mejor idea de los votantes en las elecciones por venir.

Llegaban nuevos expertos de la capital, pero no lograban poner en funcionamiento el sistema, de manera que el Secretario de Estado optó por solicitar a su proveedor de tecnología el respectivo soporte. Al indicarle lo que estaba buscando, el Director de la empresa le preguntó por qué buscaba que lo apoyaran en esa gestión, cuando en el Gobierno tenían a una persona que podía, sin costo alguno, apoyarlos en la solución requerida. Ante tal afirmación, el Secretario de Estado preguntó quien era esa persona, y la respuesta fué: José Azpúrua.

José Azpúrua efectivamente trabajaba como Líder de la División de Procesamiento de Datos de uno de los institutos del Estado. En su rol, se encargaba del desarrollo de sistemas que daban soporte a la gestión, así como el análisis de datos para identificar oportunidades de mejora para el Gobierno. Contaba con los mejores técnicos en su equipo, así como la última tecnología, que por lo general la proveía la empresa a la cual había contactado el Secretario de Estado. Su día había comenzado como cualquier otro, hasta que recibió una llamada de parte de la asistente del Director del instituto donde trabajaba. Acostumbrado a esos requerimientos, se presentó en la oficina sin mayores expectativas.

En la oficina, el Director comenzó a informarle de lo que estaba sucediendo. Lo había llamado el Secretario de Estado, indicándole que sus fuentes le habían informado que entre su equipo de trabajo había un experto que estaba en capacidad de apoyarlos en la solución de un gran problema que necesitaban resolver. El Director, al tanto de los detalles políticos y de la relevancia que tenía el senso por realizar, de inmediato se puso a la orden, indicando que ese mismo día estaría presente en el sitio. Luego de informarle a José de la situación, le hizo saber de la relevancia que tenía el poder realmente solucionar el problema. La ganancia política que le representaba ser el proveedor de la solución a un problema técnico que ni siquiera los “expertos” de la capital habían podido aportar, además de la confianza que le depositaría el Secretario del Estado, y por ende, el Gobernador, le eran de vital importancia en el futuro de su carrera. Por ello, insistió en la importancia que tenía poder proveer la solución. Aparte de las implicaciones políticas, que incluían, seguramente, hasta perder el trabajo ante un posible fracaso, y sin ningún detalle de cual era el problema técnico que existía, José y el Director se dirigieron al sitio donde había que resolver el problema.

Al entrar a aquella sala, lo primero que se notó era el cansancio, por la falta de sueño, que presentaban los 7 u 8 técnicos presentes. El Secretario de Estado en persona hizo las presentaciones de rigor, indicándole a todo el equipo técnico que esperaba su máxima colaboración para con el equipo local que hacía acto de presencia. Con caras de incredulidad, se encontraron las manos de todos en señal de saludo y bienvenida. El líder del equipo técnico, que había llegado el día anterior, procedió a presentar los detalles del problema que se presentaba. El proceso consistía en registrar los datos básicos de los extranjeros residenciados en el estado, para lo cual se había dispuesto un sistema distribuido, que a través de varias estaciones de trabajo permitía alimentar una base de datos conjunta. El problema era que solo podían utilizar el sistema desde el propio servidor, pero no se había logrado establecer la comunicación entre dicho servidor y el resto de las estaciones de trabajo. Las explicaciones se daban principalmente al Director, y José escuchaba atento desde unos pasos detrás de él. Habían intentado todo, de acuerdo a lo que reportaban, pero cada intento había sido infructuoso. Estaban realmente desconcertados, ya que este era un sistema que habían estado utilizando en distintos estados, pero en esta ocasión, no funcionaba nada. Una vez finalizado el reporte, el Secretario de Estado le indicó al Director que dejaba en sus manos la solución inmediata al problema, retirándose del sitio. José procedió a realizar algunas preguntas con respecto al funcionamiento del sistema, y luego de algunos minutos el Director le hizo señas para conversar afuera de la sala. Una vez solos, el Director le preguntó a José, mirándolo fijo a los ojos, como acostumbraba, si realmente podría solucionar el problema. José se sonrió, y sin un ápice de dudas le respondió: SI!. El Director, con la mirada iluminada, le preguntó cuanto tiempo necestaría, y antes de recibir la respuesta le recordó que estaba en juego el futuro de todos, y que por favor considerara el tiempo real que necesitaría, y que le agregara un poco más de margen. José, sin dudar ni por un segundo y con toda la seguridad del mundo le respondió: 5 minutos.

“5 minutos!!!!???? por favor José, como me vas a decir que 5 minutos”, le dijo con la voz alterada el Director, tratando de ocultar su reacción para que no se escuchara adentro. Le dijo que eso era imposible, ya que si un grupo de expertos de la capital, que habían trabajado con el sistema en anteriores oportunidades no había sido capaz de resolver el problema en 15 días, trabajando prácticamente las 24 horas, no era posible que él lo resolviera en 5 minutos. José, ahora con cara de mucha seriedad, y expresando cada palabra con la mayor confianza que podía, le repitió: “necesito 5 minutos”. El Director sacó un cigarrillo, y comenzó a fumarlo mientras caminaba dando vueltas por el pasillo al frente de la puerta donde se encontraba el equipo técnico. Luego de algunas nerviosas fumadas, volvió a preguntarle a José: “5 minutos? estás seguro?”. “Sí”, respondió José, agregando que tenía una condición para aplicar la solución del problema: que lo dejaran solo en la sala. Luego de haber solucionado el problema, el explicaría lo que había hecho. Los ojos casi se salían de las órbitas del Director. Como ya habían trabajado juntos por algunos años, el Director terminó de fumar su cigarrillo, y le dijo: “Ok, 5 minutos, y que te dejen solo en la sala…”. Lo miró por algunos incómodos segundos, y se volteó para entrar a la sala y dar las instrucciones. A los minutos salían todos, con cara de interrogación, mirando a José.

Una vez adentro, y con las claves de acceso al sistema anotados en un papel, José procedió a trabajar en el servidor. Verificó la dirección IP del mismo, que era fija, y verificó si ese servidor era el DHCP. La opción de distribución de direcciones IP en forma automática estaba deshabilitada, por lo cual José anotó la dirección del servidor en el papel que ya traía. Luego, se dirigió a una de las estaciones de trabajo, y verificó la configuración de dirección IP. Efectivamente, la estación de trabajo estaba configurada para obtener su dirección IP de un servidor DHCP. José procedió a cambiar la opción para que se le asignara la dirección IP en forma manual, y procedió a configurar una dirección en el mismo rango en el que estaba el servidor. Al aplicar los cambios, le hizo PING al servidor, lo cual antes había fallado, obteniendo respuesta del servidor, con lo cual al menos ya estaba resuelto el problema de comunicación. Luego, procedió a entrar al sistema que se requería utilizar desde la estación de trabajo, y pudo tener acceso al mismo, con lo cual se daba por hecho que se había resuelto el problema. Antes de finalizados los 5 minutos, José salió de la sala y le informó al Director que estaba resuelto el problema. Con cara de incredulidad, el equipo técnico entró a verificar si realmente estaba solucionado el problema, y el Director, terminando su enésimo cigarrillo, pero con una cara de satisfacción inmensa, preguntaba cual había sido el problema. José le explicó muy rápidamente, indicándole que entraran para poder dar la explicación a todo el equipo de manera detallada.

Utilizando un pizarrón acrílico, José procedió a explicar laa solución aplicada. Ante la incredulidad, el Lider del equipo técnico terminó concluyendo que el problema pudo haber estado en el hecho de que al tener varios sistemas desplegados en distintos sitios del país, seguramente habían enviado un servidor que no correspondía con las estaciones de trabajo, y ellos se habían confiado de que el DHCP debía estar funcionando. El Director le guiñó el ojo a José, y salió, con el celular en la mano, a dar el reporte al Secretario de Estado. A los minutos regresó con una cara de felicidad absoluta, y le informó a José que por instrucciones del Secretario de Estado, había sido asignado a permanecer con el equipo técnico por el tiempo que durara el operativo, de manera de asegurar que todo funcionara sin más retrasos. José permaneció los siguientes 15 días en el sitio, conversando con el Líder del equipo de la capital, y siendo reconocido no solo por el resto de su equipo, sino por el Secretario de Estado e incluso el Gobernador, como un verdadero experto en el área.

Sueños de un Presente sin Futuro


Eran las 8 de la mañana, y como inicio de su plan de trabajo se sentó en su escritorio a anotar las acciones del día. En ese preciso instante se le vino a la mente, como por arte de magia, una lista de cosas por hacer. Fue anotando todo en su agenda, constatando que era lo que efectivamente necesitaba hacer ese día, ni más ni menos. Estaría al día con todas sus responsabilidades; atendería todas las solicitudes que le habían hecho y, en fin, no habría nada importante por hacer una vez llegara el final del día.
Comenzó entonces a trabajar, y no hubo ninguna interrupción, ni llamada ni visita que lo desviara de sus metas del día. A la hora precisa se detuvo para almorzar, y regresó sin la preocupación de estar retrasado a pesar de la excelente conversación que sostuvo con algunos de sus compañeros de trabajo sobre los planes que estaba preparando para irse de vacaciones. Atendió todas y cada una de las citas que tenía para ese día, sin que ello le quitara ni un segundo de su planificación. Una a una, y en el mismo orden en el cual había escrito sus tareas, fué marcándolas como finalizadas, y al llegar a la hora de salir, todo el plan había sido cubierto. Su buzón de correos quedaba, religiosamente cada día, sin ninguno por leer. Y es que ese era un mundo en el cual el tiempo era el mejor aliado de cada uno de sus habitantes, ya que no había manera de que obrara en su contra.
En ese mundo el tiempo era el mejor y más democratizado capital de todos los habitantes. No había nadie que no tuviera la justa medida que necesitaba para vivir feliz. Lo que se planificaba era ejecutado en forma milimétrica, por lo cual no existía ni la preocupación por la tarea que quedaría pendiente, ni las consecuencias del sometimiento constante a la misma. Era ese un mundo donde la industria del tabaco y del alcohol se había extinguido hacía mucho y solo en muy pocos lugares se consumían como parte de tratamientos para gente con profundos problemas de falta de ansiedad. Las vacaciones consistían en viajes para conocer en persona los sitios históricos alrededor del mundo, ya que al no existir la preocupación, no se requerían métodos para “liberar la mente”.

De repente, la puerta se abrió de golpe y alguien le gritaba gestionando con los brazos. Sin entender lo que sucedía fue cayendo en cuenta que había estado soñando, y que le estaban reclamando que no había enviado el correo con la información que se requería para la reunión que se había convocado hacía tan sólo 1 hora. Se puso de pié para volver en sí y vió su escritorio lleno de papeles sin orden alguno, y su agenda mostraba todo lo que tenía semanas anotando como pendientes por hacer sin que ninguno estuviera marcado como finalizado. Y su computadora parecía un árbol de navidad encendido con todas las luces que le indicaban las llamadas perdidas, los correos sin leer, las tareas vencidas… Como todos los días, cerró los ojos, suspiró profundo, y se hundió en el mar de imposibles que pululaban como zamuros alrededor de aquellas láminas que con tanta esperanza había presentado, y que contenían su plan. Un plan que, como todos los años, sería sólo utilizado para mostrarle que todo su esfuerzo había sido en vano ya que no había podido alcanzar ninguna de las metas que había establecido.

Todo por la Dirección


Originalmente publicado en Medium el 6 de agosto del 2017.

Trabajaba yo en una división que formaba parte de una organización con nivel Regional y Nacional. Era Analista de Datos, y me encargaba básicamente de los sistemas computacionales y de la administración de la red de la Institución. Un día, mi Jefe me convocó a una reunión donde se encontraba el Director Regional, y me indicó que se había comprometido que solucionaríamos un problema que se estaba presentando en un evento que tenía repercusión nacional, y que el Presidente de la Organización exigía se solucionara de forma inmediata. La información que me dieron fué que había que registrar una información regional utilizando un sistema desarrollado en la sede principal, y que luego de 15 días no se había podido poner en marcha, aún cuando habían traido a los expertos de la Capital. Luego del informe inicial, el Director se retiró y quedamos mi Jefe y yo. Me comentó de la importancia de resolver el problema, y que lo habpian contactado a él ya que el Director estaba buscando contratar a una empresa que le prestaba servicios, y el dueño de la misma le dijo que con todo gusto lo atendía, pero que le recomendaba que buscara primero el apoyo de una persona que era experta en el área y, que de hecho, trabajaba en su organización. El dueño de esa empresa era mi amigo y ex-compañero de clases en la Universidad con quien, además, había trabajado en varios proyectos, y el experto al que se refería no era otra persona más que yo. De inmediato nos dirigimos al sitio, y en el camino mi Jefe me fué indicando cómo procederíamos en este caso. Me insistió en lo importante que era resolver el problema, que “nos” daría una visibilidad a nivel nacional de lograrlo. El plan era llegar, y yo debía analizar la situación. En función de ese análisis le indicaría a él si podía o no realmente resolver el problema; él comunicaría al Director el detalle, y luego de eso me quedaría trabajando y reportando sólo a el mi avance. Llegamos al sitio, y luego de pasar todos los niveles de seguridad para entrar, ingresamos a la sala donde estaba instalado el sistema. Habían no menos de 15 personas, a quienes no habían dejado salir en las últimas 24 horas, algunos locales y otros del equipo de expertos que venía de la Capital, todos con cara tanto de cansancio como de frustración. Mi Jefe habló con el que estaba a cargo del equipo, y me presentó. Me miraron todos con cara de pocos amigos e incluso con incredulidad. Les pedí que me explicaran lo que estaba sucediendo, lo cual comenzaron a hacer mientras mi Jefe salía de la sala y me decía que me esperaba para saber mi diagnóstico. El reporte comenzó insistiendo que ya habían intentado todo lo posible, y que no tenían la menor idea de qué estaba sucediendo. El sistema consistía en una serie de estaciones de trabajo a través de la cuales se alimentaba información que se almacenaba en un servidor central. En dicho servidor funcionaba perfectamente todo, pero no lograban comunicar las estaciones de trabajo con el mismo. Habían revisado la red, los cables, los suiches y todo lo que consideraban que podía representar el problema. Les pregunté si todos los equipos habían llegado juntos, y me indicaron que no, las estaciones eran del sitio y sólo el servidor había sido enviado de la sede principal, el cual se supone que venía configurado para que fuera “plug & play” al conectarlo. Sin embargo, no habían podido poner en marcha para utilizarlo como estaba previsto. Examiné la situación, revisé algunos detalles en el servidor y en las estaciones, llegué a mi conclusión y salí a darle el diagnóstico a mi Jefe. Me le acerqué, y el estaba fumando un cigarrillo. Entre bocanadas de humo me hizo la pregunta más importante: “puedes resolver el problema?”, a lo cual le respondí con un rotundo “SI”. Entonces me preguntó cuánto tiempo tardaría y qué recursos necesitaba, a lo cual, sin ninguna duda le dije: “no necesito nada, y voy a tardar 5 minutos”. Mi Jefe casi se ahoga con el humo de su cigarrillo, me miró y me preguntó: “5 minutos???”. Me dijo “los expertos que trajeron tienen 15 días aquí trabajando y no han podido resolver el problema, y tú lo vas a resolver en 5 minutos???”. Le insistí en que sí, que lo iba a resolver en 5 minutos, pero que tenía una condición: que sacaran a todos de la sala y me dejaran sólo, y yo, al final, les explicaría a todos cómo lo había resuelto. Luego de unos segundos mirándome fijamente, me dijo que le avisaría al Director, y que me preparara… Unos minutos después estaba sólo en la sala. Tenía a mi disposición el servidor y todas las estaciones de trabajo. Me senté y validé los detalles del direccionamiento IP que tenía el servidor, y validé que no estuviera configurado para asignar direcciones IP a los demás equipos que se conectaran a su red. Luego, revisé en una estación de trabajo la configuración IP que tenía. Finalmente, configuré la estación en el mismo segmento de red del servidor y la magia se hizo! Comenzó a funcionar el sistema de forma perfecta. Repetí la acción en otra estación obteniendo el mismo resultado, con lo cual validé que efectivamente era la solución al problema que se estaba presentando. Antes de que terminaran los 5 minutos que había solicitado, estaba afuera informándole a mi Jefe que estaba resuelto el problema, ante las miradas incrédulas de todos los expertos que tenían días tratando de resolverlo. Con cara de felicidad, mi Jefe se alejó para reportar al Director la situación, mientras le pedía yo a todo el equipo de trabajo que entrara a la sala para explicarles lo que había hecho. Como resultado, el Director pidió que me asignaran a ese equipo por el tiempo que durara el operativo, lo cual representó 15 días en el sitio.

Todas las personas que estuvieron trabajando con el sistema eran reales expertos. Todos estaban más que calificados para resolver la situación que enfrentaban, sin embargo, en muchas oportunidades, no consideramos los detalles más básicos que, como en este caso, afectan en gran medida los resultados. Esta lección la he llevado conmigo toda mi vida, ya que si algo he aprendido es que en los detalles están las grandes victorias. Oportunidades como ésta se me han presentado a lo largo de mi vida profesional, algunas con resultados exitosos, otras no tanto, pero siempre dejándome una lección muy importante.

La velocidad del Sol


IMG_0155Estoy sentado en la sala de mi casa, en uno de esos momentos que uno se regala para sí mismo, y mientras el mundo vibra a mi alrededor trato de concentrarme en mis pensamientos, y veo que el sol le está dando directo a uno de los muebles. Veo como se forman las sombras sobre el sofá y pienso que con ese sol se va a dañar el mueble. Siendo el caso que usualmente no le presto atención a esos detalles, me concentro en mis pensamientos, que están inundados de problemas, planes y soluciones, y luego de un rato vuelvo a fijar mi mirada en el mueble y observo que la sombra es mayor.

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Me parece que es imposible que el sol se mueva tan rápidamente y fijo un punto en el mueble donde dan sus rayos y espero a ver cuánto tarda en llegar la sombra, y paso algunos segundos totalmente distraído de todo, concentrado en el fenómeno natural quizás imitando a los primeros científicos, y me hago testigo de su avance hacia el punto definido por el movimiento del sol. Me parece increíble ser testigo de ese milagro, o mejor dicho, lo que me impresiona es cómo pasan desapercibidos tantos milagros a nuestro alrededor sin que demos cuenta de ellos, entretenidos en cosas que quizás ni merecen nuestra atención. Me mantengo concentrado en el avance de la sombra, con lo cual disfruto de unos minutos de paz que hacía tiempo no encontraba.

Muchas veces nos empeñamos en que la paz, la tranquilidad, se encuentra en constructos externos, cuando en realidad es algo tan propio, tan íntimo, qué solo necesita ser excitado por algo tan sencillo… Y, a pesar de que el Sol se mueve alrededor del centro galáctico describiendo una órbita inmensa que recorre a la velocidad de 792.000 kilómetros por hora, yo disfruto de unos minutos de paz que parecen detenidos en el tiempo. En los detalles más obvios pero imperceptibles se encuentran grandes fuentes tanto de inspiración como de paz…IMG_0158

Definiendo el Rumbo


Primeros días del año. Comencé trabajando fuertemente en mi lista de libros por leer. Ya llevo 2 de los al menos 70 con los que me he comprometido. Y el otro gran compromiso es escribir… escribir ha sido siempre una combinación de placer con terror y anhelo. Aparte de lo que comparto, y siguiendo los consejos de muchos que lo recomiendan, desde mediados del año pasado dedico parte de cada uno de mis días a escribir en mi diario, y lo mejor es comenzar este año leyendo ese tesoro, el cual me inspira en muchas de las ideas que tengo hoy en día. Me libera realmente escribir para mi, sin guardarme nada, por lo cual lo recomiendo ampliamente. Y como parte de los compromisos conmigo mismo, se encuentra precisamente escribir en el blog (como ahora hago). EL año pasado no logré ser constante con este tema, de manera que es un punto a mejorar este año. Entre los proyectos que manejé en años anteriores, incluso tuve un podcast, el cual sigue estando en los planes a seguir siendo desarrollados pero no este año. Bueno, eso creo. Pero sí escribir, como lo anunciaba en la publicación anterior. Y la idea es publicar en el blog sin falta cada domingo como mínimo, de manera que hoy comienzo con la práctica.

Viendo la lista de ideas que tengo, siempre tiene un mayor peso lo anecdótico, pero también ha estado creciendo la inspiración con respecto a la experiencia en el campo profesional. Muchas veces parece increíble como uno piensa en acciones y/o soluciones que se muestran tan sencillas que se descartan, y al final terminan siendo la mejor opciòn que se pudo haber ejecutado, y esa confianza se va adquiriendo con el tiempo, luego de ser parte de tremendas equivocaciones que, sin lugar a dudas, van conformando el espectro de la experiencia. Y en lo que a mi respecta no hay nada mejor que compartir la experiencia que se va acumulando, siempre esperando que alguien se interese en ella… Y de lo que mas me gusta como proyecto este año, están lo que pienso que pueden ser unos libros. Esa experiencia de escribir lo que yo pienso que es un libro ha sido muy interesante, ya que, a diferencia de estos artículos independientes y en la mayorìa de las veces inconexos, necesito mantenerme dentro de una línea y trama. Muchas veces me he visto en la necesidad de escribir y, al leer, cambiar de posición, guardar para después o, simplemente, desechar. Pero lo mas duro es mantenerse constante en la escritura periódica. Y es que definitivamente el establecerse metas es fácil, lo difícil es mantenerse en el rumbo para alcanzar las mismas.

Este nuevo año ha iniciado de manera extraordinaria y, Dios mediante, así deberá transcurrir en el resto de su existencia. Dicen que los primeros 12 días del año definen cómo estará cada mes por venir, y en mi caso, hasta ahora, el año se presenta de forma espectacular. Como pasa para cada uno de los seres humanos que poblamos la tierra, está en mis manos hacer realidad cada uno de mis planes. Es inevitable que se presenten momentos difíciles, ya que la vida está plagada de ellos. Pero lo importante es tener la disposición de enfrentarlos con el mejor ánimo y salir siempre adelante.

Y, como ya agarré inspiración y fuerzas, me voy a seguir creando hojas en mis proyectos de libro…