Diariamente


Mi primer acto consciente, cuando llego en la mañana
Ingresar la contraseña, que espero nunca olvidarla
Y allí comienza el proceso, que me ocupa todo el día
Correos, Excel, Word; sistemas de la compañía
Las primeras llamadas siempre son por problemas
Que si no llegamos a tiempo, que algo falló en nuestros sistemas
Toca llamar al especialista, mover a quien pueda resolverlo
Y ahí se va la mañana, leyendo entre líneas algunos correos
En la tarde toca ver cual es la meta del mes
Que podemos facturar? Las órdenes mas grandes tal vez?
Y me llega el mensaje de que tengo reunión
Y el mundo se detiene en seco, debo prestar atención
Y al final de la jornada, cuando todo esta en silencio
Cuando nadie requiere nada, cuando el tiempo se hace inmenso
Es que llega ese momento en que resumo lo alcanzado

 

Y me preparo para el nuevo día, y así seguir avanzando
Fernando Castellano Azócar
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Muerte en el Páramo (o casi casi)


MecumMonterey2014_F54.1_Jeep_1987_Grand Wagoneer_Station Wagon 4x4_1JCN15U6HT086900_Siguiendo con mis cuentos, les dejo Muerte en el Páramo (o casi casi). De esas cosas que suceden y que parecen mentira, pero que sí son muy ciertas. Parte de muchas experiencias familiares en los viajes que hicimos, y que iré compartiendo en este espacio.

 

Fernando Castellano Azócar

Sobre la Inaceptabilidad de los hechos


Por alguna razón, últimamente me han estado respondiendo con frases que conjugan la palabra “inaceptable”. Tanto, que me puse a analizar la situación para ver si era justificada tanta “inaceptabilidad“.

Uno básicamente se mueve entre intenciones y hechos. En el primer caso, si se hace pública la intención, cabe perfectamente la inaceptabilidad como alerta de que la acción correspondiente, o su resultado, no serán aceptados, lo cual puede generar un cambio en el plan que se tenía y así definir una nueva intención que puede tener un menor nivel de inaceptabilidad. Por el contrario, en el segundo caso, la inaceptabilidad termina siendo un ejercicio meramente académico, ya que habiéndose ejecutado la acción, sólo queda la experiencia para oportunidades futuras.

En mi caso la inaceptabilidad me ha llegado ligada con los hechos, razón principal por la que me ha confundido la efusividad con la cual me la han presentado. “Después de ojo afuera, no vale Santa Lucía” es lo que pienso, inspirado principalmente por mi forma de ver las cosas. Podría no aceptar la inaceptabilidad de lo pasado, pero hay mejores cosas de las que ocuparse…

Cuando Pase el Temblor


(O el susto de mi primer terremoto)

Yo, caminaré entre las piedras
hasta sentir el temblor, en mis piernas
a veces tengo temor, lo sé
a veces vergüenza

Recuerdo que cuando llegamos a México, uno de los factores que nos afectó fué el frío. En teoría, fué un año atípico en cuanto al frío se refería. Con sacrificio (y sin mucho remedio) sobrevivimos. El otro factor fué algo que de repente nos afectó: la contingencia!. Esto significó que un día no hubo transporte público como hasta cuando la declararon; se duplicaron los precios de los taxis, que además no aparecían por ninguna parte, y constantemente escuchaba de un “engomado” con colores y según el cual debía o no circular. Y el tercer factor fué el sísmico. Por los días en los que llegamos hubo un simulacro de evacuación por alarma sísmica, al cual no pude asistir, pero tampoco escuché la alarma. Aún tengo fresco el recuerdo del terremoto que se sucedió en México en el año 1985, de lo cual tengo presente la imagen de Plácido con un casco ayudando a rescatar gente de entre los escombros. El tema es muy serio aquí en México, sobre todo por el riesgo que existe. Y algunos de los amigos nos cuentan de las oportunidades en las que se han presentado temblores. De esta manera, pues uno vive con esa posibilidad en la mente de que algún día puede suceder.

Estoy, sentado en un cráter desierto
Sigo aguardando
 el temblor, en mi cuerpo
nadie me vió partir, lo sé
nadie me espera

Fataban sólo unos minutos para que comenzara el día en el cual celebraría un año más de vida. Estaba acostado, buscando el sueño, mientras decidía si me ponía a leer, buscaba algo interesante en la televisión, o sencillamente la apagaba y me dormía, cuando comencé a sentir la cama moverse de forma extraña. Bueno, cualquier movimiento de la cama que no sea producido por uno definitivamente es extraño, pero en este caso, al no haber reacción de más nadie, pues pensé que era el único que lo estaba sintiendo. Se me ocurrió que estaba sufriendo alguna taquicardia, por lo que decidí ni moverme hasta que se me pasara, pero nada que dejaba de sentir el movimiento, por lo que decidí ponerme de pié, mientras veía la cortina de la ventana moverse de manera horizontal, lo cual era imposible que lo produjera el viento. Estando de pié sentí como que me mareaba, lo cual atribuí a los triglicéridos, sin embargo, pasados otros segundos, pensé en lo peor: que podía ser un temblor. Procedí a asomarme por la ventana y lo que había era un silencio abrumante. Me quedé muy tranquilo esperando escuchar a los vecinos salir asustados, pero nada, solo había silencio. De repente, la puerta del cuarto comenzó a sonar como si se estuviera rompiendo. Allí ya me di cuenta, sin lugar a dudas, que si era un temblor. Corrí a ponerme unos zapatos y un suéter, llamé a mi esposa, a quien le dije “está temblando!“. En medio de mucho miedo nos preparámos a salir, mientras yo recordaba las imágenes del terremoto del 85, y en mi mente me iba despidiendo de todo. De repente, la puerta dejó de crujir, el mareo pasó, y comencé a escuchar pasos en el piso de arriba. Sin saber qué hacer, me acosté, vestido, y busqué un canal de noticias, donde ya estaban informando del terremoto de 8.2 que acababa de ocurrir.

Definitivamente, fué un cumpleaños distinto. Aprendimos la lección, y nos preparamos por si se repetía (que efectivamente sucede más a menudo de lo que uno quisiera). Luego, me acordé de la canción de Soda Stereo “cuando pase el temblor”, y pude ver que en realidad no es tan romántico el escenario en el medio de ese momento. Es parte de las cosas a las cuales nos debemos adaptar al vivir en un país distinto. Luego, vino el terremoto de Septiembre del 2017 que fué otra experiencia. No se sabe lo que es estar en ese momento hasta que se vive…

Fernando Castellano Azócar

Amor al Trabajo


Muchos arrugarian la cara si hablara de amor
Pensarían que sin duda alguna tendría que verme un doctor
Pero como no confundir términos de distintos campos
Si precisamente al trabajo tanto tiempo dedicamos

Todos los días sin falta seguimos la rutina
Salimos, queriendolo o no, rumbo a la oficina
Compartimos con compañeros más tiempo efectivo
Del que pasamos en casa con nuestros seres queridos

Alegría, logro, impotencia y ansiedad
Son de los sentimientos que nos van a acompañar
Pero a pesar de todo volvemos día a día
Por muchas más razones que poder comprar comida

Si no fuera por los retos que nos presenta a diario
No podríamos conocer el éxito y el fracaso
La responsabilidad no sería sino una utopía
La vida terminaría siendo sumamente aburrida

Conseguir el adecuado es tarea de una vida
Se pasa por muchos antes, hasta encontrar el que se quería
Si alguien no concuerda con lo que he compartido
Es porque el Amor al Trabajo aún no ha sentido

Fernando Castellano Azócar

La responsabilidad y las profesiones


Veía televisión, un programa de opinión donde entrevistaban a algún político, y este siempre enfatizaba sus comentarios con “y lo digo de manera totalmente responsable”. Esa misma frase la pude escuchar muchas veces de periodistas que, al dar una noticia, decían que “eran absolutamente responsables al decirlo”. Y se me ocurrió que si se debía anunciar lo responsable que se era al realizar un comentario o dar una noticia, también debería existir la posibilidad de hacerlo de manera total y absolutamente irresponsable. Entonces, me di a la tarea de examinar los canales de noticias, así como distintas entrevistas para ver si alguien aclaraba que en realidad no era responsable de su parte lo que decía, o si algún narrador de cualquier tipo indicaba que no podían ser responsables de la información. El resultado fue abrumador, ya que nadie hablaba en forma irresponsable.
Resulta cuando menos interesante elucubrar sobre lo que pasa por la mente de alguien cuando afirma que está siendo “responsable”, y en función de esa premisa, decidí cómo aplicaría ese “artilugio” comunicacional en distintas profesiones.

Luego de muchos exámenes ante la presencia de distintas dolencias, se sienta el paciente con su médico para recibir los resultados y su respectivo análisis. El escenario no es bueno, y las posibilidades de recuperación son muy pocas. El paciente pregunta si está seguro, y el médico responde “bueno, responsablemente le digo que sus posibilidades de vivir son pocas”. Y el paciente, en medio de su angustia, le pregunta si irresponsablemente puede darle alguna esperanza…

El contador entrega los resultados de su auditoría al Gerente General de la empresa, donde se nota un desvío de recursos importante. Al ver los mismos, le preguntan al contador si está seguro de que no hay posibilidades de error, a lo cual le responde: “responsablemente le confirmo que la auditoría está correcta y usted necesita tomar acciones al respecto”; Luego de una larga pausa, el contador dice “pero si hacemos de lado la responsabilidad, puede que tenga varias preocupaciones menos”…

El Ingeniero finalmente le entrega la casa a su cliente, quien con lágrimas en sus ojos le comenta “por fin estaremos seguros bajo un techo propio mi familia y yo”. Luego de darse un apretón de manos, el Ingeniero se aleja pensando “menos mal que me voy a mudar de país, porque si fuera responsable le diría que con lo que me pudo pagar no alcanzó para usar materiales de primera calidad”…

Entonces, pareciera que la responsabilidad es un elemento fundamental en la vida del planeta. Sin padres responsables tendríamos generaciones perdidas. Sin educadores responsables, el futuro sería un inevitable golpe a la humanidad. Sin Políticos responsables, estaríamos enfrentados a una constante zozobra… Pero, al final de cuentas, soy yo lo suficientemente responsable para afirmar todo lo expuesto?

Fernando Castellano

El día que perdí el habla


Si algo me ha caracterizado es mi elocuencia. Siempre con la palabra en la punta de la lengua, y preparándome para tener la correcta. En muchas situaciones, he logrado salir adelante gracias a ese poder, y nunca me había fallado, hasta el momento que voy a contar a continuación…

Luego de haber pasado por el proceso de selección, logré ingresar como Líder de Servicio a una empresa internacional. Esto implicaba, por una parte, que debía manejarme en inglés, lo cual no representaba ningún problema, sin embargo, no estaba acostumbrado a usarlo regularmente; y por otra parte, me tocaba conocer la forma como trabajaban en esta organización.

Aquel primer día llegué y estaban en una llamada donde presentaban el plan estimado para el mes que comenzaba, así como los detalles de los resultados del mes inmediato anterior. Apenas me incorporé a la reunión, me llevé mi primera sorpresa. Por una bocina hablaba mucha gente, todos en inglés, acerca de lo que se desplegaba en la pantalla, que era una hoja de excel inmensa con lo que me parecían miles de números. Mi nuevo jefe explicaba con una soltura los números, moviéndose como si nada en aquel mar de cifras. Yo, entre los distintos acentos de todos los que participaban, y aquella inmensa hoja de excel, pues no entendía nada. Seguidamente le dieron la palabra al Líder de Proyectos, quien explicó miles de detalles mientras mostraba distintas cifras en varias hojas del mismo monstruo numérico. Yo a duras penas podía seguir el ritmo, mientras pensaba que realmente no tenía ni la menor idea sobre lo que estaban hablando. Al finalizar, todos agradecieron su presentación, y en ese instante mi jefe dijo en español que se iba a presentar la parte de Servicio, y mirándome me dijo: Fernando, como el Lider del área, debes presentar la información. Me quedé totalmente paralizado de la impresión. Se me puso en blanco la mente. No sabía si estaba callado o balbuceaba. Trataba de organizar todo lo que se suponía que debía presentar, pero en realidad no tenía absolutamente nada que decir. Sentí que el tiempo corría muy lento y en medio de un silencio sepulcral, mientras miraba la pantalla sin saber por dónde comenzar. Luego de lo que sentí que fueron algunos siglos de muy incómodo silencio, sólo pude buscar la cara de mi jefe, con el sentimiento de derrota y vergüenza más grandes que había sentido, y fué entonces que me conseguí con su gran sonrisa. Me dijo “no te preocupes, que hoy es tu primer día y yo voy a hacer la presentación , pero para el próximo mes si te toca a tí“. El color debe haber regresado a mi rostro mientras el tiempo volvía a su ritmo normal.

Uno puede pensar que tiene mucha experiencia, pero afortunadamente se viven momentos que lo hacen poner los pies sobre la tierra y entender que siempre, siempre, habrá algo nuevo por aprender. Luego de haberme quedado sin habla como nunca antes en mi vida, decidí que más nunca me volvería a suceder y comencé a prepararme. El día que por primera vez si me tocó hacer la presentación fué muy difícil, pero lo logré, y aún hoy en día, luego de muchos años haciéndolo, siempre recuerdo esa primera vez y busco estar lo más preparado posible.

Hasta ahora nada me ha vuelto a anular el habla, pero ante la posibilidad de que suceda, me mantengo siempre cultivando mi humildad…

Fernando Castellano