Son herramientas las nuevas tecnologías?


Cuando yo iba a la escuela y me asignaban como tarea hacer una investigación, me tocaba ir a una biblioteca pública, buscar en el fichero algún libro que por el título pareciera contener la información que buscaba, llenar la ficha, presentarla a la persona encargada del sitio, esperar que lo consiguiera, pasar por el proceso de registro del préstamo, para finalmente poder sentarme a verificar si efectivamente la información requerida estaba en el mismo. Si el libro ya lo habían prestado, o si no contenía lo que buscaba, todo el proceso debía repetirse desde el comienzo.

Una vez encontrada la información, lo cual implicaba leer el libro, tocaba transcribir a mano la misma. Esto producía un muy positivo efecto ya que aparte de que tenía que leer, también debía escribir lo cual, según lo ha demostrado la ciencia, facilita el proceso de retención de la información. Y en algunos casos, luego del proceso descrito debía transcribir lo investigado en una hoja blanca, para lo cual le colocaba debajo una hoja rayada que tenía un cuadro rojo que había hecho utilizando mi juego de escuadras, y que servía para no salirme y lograr que el texto quedara “justificado”, lo cual tenía el detalle de que si no separaba las palabras de forma correcta en el margen derecho, debía comenzar de nuevo, sin importar qué tan cerca estaba de llenar la hoja.

En esa época realmente uno debía esforzarse por hacer las tareas, lo cual reforzaban los medios disponibles para tal fin. Y es que precisamente los “medios” eran sólo eso, la vía por la cual uno lograba el fin último que no sólo era hacer la tarea, sino el respectivo aprendizaje. Luego, la tecnología fué avanzando, se hicieron comunes las fotocopiadoras, y luego las computadoras para finalmente contar con el actualmente valioso e indispensable recurso del Internet.

En cuanto a la escuela se refiere, la lectura es casi por obligación, ya que con sólo “googlear”, copiar y pegar, pues muchas de las tareas se completan. Entonces comienza mi preocupación, que es observar que ya la tarea es sólo una acción física, algo por hacer, donde pareciera no importar mucho el contenido, siempre que “parezca” ser lo que se pidió. Quizás esto es algo inevitable, la rebelión de las máquinas en su génesis, donde ya nosotros nos estamos automatizando a simplemente hacer algo, sin detenernos a meditar cerca de los resultados. Un simple uso de medios como justificación de la responsabilidad. Me surge entonces la pregunta de si la tarea consistía en simplemente hacerla y demostrar la acción, o por el contrario consisitía en reforzar, profundizar y asentar un conocimiento.

Y es que la preocupación se hace mayor cuando veo cómo han ido cambiando la forma de relacionarse en el mundo laboral. La relación interpersonal ha caído a una posición de muy poca importancia. El ritmo acelerado de los negocios generan una necesidad enorme de información para la toma de decisiones, y el problema está en que el medio de transmisión se ha vuelto más importante que la fuente e incluso que la misma información. La acción de informar se ha vuelto más relevante que la información, siendo uno de los ejemplos típicos cuando se solicita algo, y en respuesta se obtiene el tristemente famoso “te copié en el correo“. Una respuesta que pretende satisfacer el requerimiento, pero que de ninguna manera lo hace.

Yo crecí en la época en la que de verdad el correo era una herramienta de comunicación, de acercamiento. Religiosamente acompañaba a mi papá a la sede del correo público a buscar en su buzón su correspondencia, y por supuesto, mi papá dedicaba todo el tiempo necesario tanto para leer lo que recibía, como para contestarlo, generalmente a mano, y en algunas oportunidades usando su máquina de escribir. Era una acción voluntaria por medio de la cual se buscaba cubrir la necesidad o bien de informar, o de ser informado. Con la llegada del Internet vino el correo electrónico, y obviamente se produjo el cambio en el concepto del “correo”. Pasó de ser una comunicación 1:1, donde se redactaba específicamente para la persona a quien iba dirigido, a una forma muy efectiva de delegar responsabilidades. Pareciera, entonces, que el medio se convirtió en fin. En muchos casos ni siquiera es relevante el contenido de lo que se envía, sino a quienes les va a llegar, y que efectivamente se envíe.

Son tiempos nuevos, pero lo bueno de la naturaleza humana no puede perderse con la excusa del uso de las nuevas tecnologías. Cada día pareciera que los avances nos separan más, en lugar de acercarnos. Aquella frustración que sentía cuando en la penúltima línea del texto que transcribía separaba mal la palabra, lo cual me obligaba a comenzar de nuevo, desapareció con el uso de los procesadores de palabras. La expectativa por una respuesta que tardaba semanas en llegar, ahora es de segundos. La utilidad que le damos a las nuevas tecnologías las puede convertir en el medio para seguir avanzando, o en el motivo para el fin de la humanidad. La rueda y la bomba atómica son dos ejemplos de esta conclusión.

Y, al final, como herramientas que efectivamente son, siempre será quien las use el que determine su utilidad e impacto. Y cada uno de nosotros está en esa posición.

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