Cementerio de Plumas


Desde niño veía a mi papá escribir mucho. Recuerdo que tenía sus diarios, y que efectivamente escribía en ellos todos los días. Además de eso, por ser Profesor Universitario, la mayor parte de su tiempo la pasaba leyendo y escribiendo. De igual manera mi mamá se dedicaba, con igual dedicación, a escribir, de manera que afortunadamente desarrollé esa pasión.

Mi papá tenía su colección de plumas fuentes, unos modelos súper delicados que requerían de una atención especial, la cual consistía en colocar las puntillas en un aparato lleno de agua que a través de vibración permitía hacer la limpieza profunda a las mismas. Luego, el proceso de cargar la tinta, y por supuesto lo que significaba escribir con tales elementos. Para mi hermano y para mi estaba PROHIBIDO utilizarlas, sin embargo más de una vez dañamos alguna con la respectiva reprimenda profunda de parte de mi papá. Luego, me fuí a la universidad y la verdad es que sólo en algunas oportunidades volvía a ver a mi papá con su prosopopeya de utilizar sus plumas.

Muchos, muchos años después, ya enganchado como escritor (no famoso, pero si muy dedicado), me llegó el momento en que no me era satisfactorio escribir en la computadora. Aunado a ese sentimiento, la ciencia me respaldaba al indicar que el acto de escribir a mano traía consigo unas ventajas adicionales relacionadas con la retención de los conocimientos así como con el ejercicio mental que alejaría la posibilidad del Alzheimer, de manera que comencé a escribir a mano. La experiencia fué espectacular, y comencé a llenar cuaderno tras cuaderno. Notas del trabajo, ideas personales, hasta un cuaderno que comencé a escribir cuando apenas supe que mi esposa esperaba a nuestra hija, y que he seguido llenando a lo largo de estos 10 años. Pero un tema que me comenzó a preocupar era que gastaba muchos bolígrafos, que era lo que utilizaba. Los desechables ya los compraba por paquetes. Luego, compré alguno más sofisticado pero el costo de los repuestos era también muy alto por la cantidad que requería, hasta que se me ocurrió la idea de probar con una pluma fuente. Recordé aquellos días en los que mi papá las utilizaba, y decidí dar el paso. De esas cosas extrañas que suceden, muchos de mis amigos mas cercanos me comenzaron a señalar como que ya estaba viejo, porque eso no era cosa de gente joven. A pesar del “bullying” seguí con mi plan, y me compré mi primera pluma, y todo cambió!

Escribir era otra cosa con esa pluma, por lo cual llené muchos cuadernos más, y el tema de la tinta se hizo manejable ya que los repuestos eran mucho mas económicos que los de un bolígrafo. Me acostumbré a utilizarla tanto, que un tiempo después compré otra, y decidí tener una de color negro, y otra de color azul. Y en medio de mi pasión, sentí que necesitaba un par de colores más, rojo y verde, con lo cual podría resaltar algunas cosas, por lo que terminé comprándome 2 plumas más. Así, he pasado los últimos años, entretenido escribiendo, y para evitar la posibilidad de perder por cualquier razón todo el trabajo, digitalizo regularmente lo que tengo en físico, transcribiendo de lo que más me gusta para compartirlo por medios como éste blog.

Hoy, ya busco sustituir esa primera pluma que tuve por una nueva, con otras características que, según lo que he aprendido, me van a permitir tener ciertas ventajas, pero la verdad es que no sé que hacer con ella. Aún cumple su cometido perfectamente bien, mostrando solo algunas marcas del uso (y algunas caídas que ha sufrido). Me imagino que deben ser algunos kilómetros los que hemos trazado juntos; muchos de mis mayores secretos han sido compartidos y plasmados con ella, y de las mayores satisfacciones la mayoría han quedado registradas para la posteridad a través de sus funciones; pero no sé qué hacer con ella. No me dá la mano para botarla, ya que siento como que es una gran traición e injusticia; Y dejarla abandonada en un frasco tampoco es una opción viable, ya que sería equivalente a una muerte dolorosa, en la cual se iría secando la tinta en su interior hasta hacerla inservible, para al final terminar siendo inevitablemente desechada. Me gustaría preguntarle a mi papá que hacía en estos casos, ya que seguramente, alguien que como el trataba con tal pasión sus plumas, seguramente pasó por este mismo predicamento, pero ya no está disponible para darme esa respuesta. Por ello, pienso que debería existir un cementerio de plumas, donde uno pudiera dejarlas con todos los honores, seguro de que esperarán su momento para resucitar y darle las mismas alegrías a alguien más…

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