Initium Sapien Tiae Timor Domini


Hace algún tiempo leí que hay momentos en los que surgen las ideas y soluciones a los problemas que enfrentamos. Que esos momentos son cuando le damos “un descanso” a nuestra mente, cuando dejamos de pensar y buscar voluntariamente las opciones, y estamos como en automático, y los más representativos son cuando se maneja un carro, y cuando se toma una ducha.

Un día, en medio de las tribulaciones que afortunadamente forman parte de mi vida, y mientras tomaba una ducha, se me vino a la mente la frase que está en el Escudo de La Universidad de Los Andes, mi Alma Mater. Initium Sapien Tiae Timor Domini. Toda mi vida, literalmente, la he vivido viendo esa afirmación, siguiendo esa Ley. Y ese momento en el que la recordé, pues trajo todos los que pasé con preocupaciones en mis días de estudiante, por distintas razones, unas relacionadas con el oficio que ejercía, otras, producto de las cosas de la vida, y a pesar de todas ellas, aquí estoy, enfrentando otras situaciones que se han presentado a lo largo de mi carrera profesional gracias a esa base que construí en la Universidad. Y en ese momento, sentí la seguridad de que aún sin saber la solución o respuestas a mis situaciones, saldría adelante.

Initium Sapien Tiae Timor Domini, o “El principio de la sabiduría es el temor a Dios” (traducción mía), se me hace más presente que nunca en estos días, cuando veo hacia el camino que he recorrido en mi vida, las oportunidades que he tenido, y los resultados de las decisiones que he tomado. Por años, mi sueño, como el de todos los que comenzamos a estudiar en nuestra Universidad, era recibir mi Título en el Aula Magna, con toda la formalidad que merece el acto, y afortunadamente lo pude hacer. Los recuerdos de esa época son infinitos, y si algo respeto por lo que significa, así como estoy seguro que lo hacen todos los que por ese recinto han pasado, es el sitio donde se ubica el Aula Magna, el Rectorado de mi Universidad.

En medio de todo lo que acontece en nuestro mundo, donde se hacen demasiado evidentes los ataques por diferencias religiosas, políticas, raciales y de cualquier tipo, me llega la muy triste noticia de un nuevo ataque a mi Universidad. Un ataque que no puede tener ningún otro motivo más que demostrar lo incómoda que se hace una Casa de Estudios donde se forma el futuro ya no sólo del país, sino del mundo.

Qué gran demostración de lo minúsculo del ser de quienes profanaron nuestra Alma Mater. Qué gran muestra de desprecio por el respeto, la decencia y la sabiduría. Qué gran ejemplo de soberbia, de seguridad de que no habrá un momento en que se enfrentarán las consecuencias por las decisiones tomadas y las acciones ejecutadas. Cada quien tiene derecho a creer en lo que quiere; unos creemos en Dios, bajo distintas formas, otros, evidentemente no. Y si algo me queda claro es que definitivamente quienes cometieron esta fechoría lo hicieron por su ignorancia, sin saber de Sodoma y Gomorra, sin querer reconocer la existencia de Dios.

Initium Sapien Tiae Timor Domini… Domine in Requiem Meam.

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