Éxito o Felicidad


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Por: Fernando J. Castellano Azócar

Si algo tiene la generación a la que pertenezco en común, es que nos criaron para ser exitosos y no para ser felices, y como no llegamos a ser exitosos, pues se nos escapa la felicidad.

La brecha que existe con las nuevas generaciones es muy real, y no es solo el hecho del acceso a la tecnología que ahora está disponible, sino a la forma como nos cuesta entender lo que sucede a nuestro alrededor. En mi caso, siempre quiso mi mamá que fueramos mi hermano y yo Ingenieros. La verdad es que nunca nos dijo por qué, más allá de querer que la llamaran “la mamá de los ingenieros”, sin embargo, en muchas oportunidades he escuchado que la idea era que uno estudiara una profesión de las que en aquellos días se consideraba como de gente exitosa: Ingeniería, Medicina o Derecho. Se consideraba que llegando a tener una de esas profesiones, pues terminaría uno siendo millonario, con lo cual podría no solo “tener” lo que nuestros padres no podían darnos, sino que además podríamos “ocuparnos” de ellos sin ningún problema al menos económico. Así, muchos alcanzamos esa meta profesional, pero la realidad fué muy distinta a lo que se suponía que seguiría.

Hoy en día vemos como las cosas han cambiado radicalmente. El dinero se ve en personas que ejercen oficios no tradicionales que no requieren ninguna preparación académica ni física, como ser “YouTuber”; la fama ya no requiere tanto esfuerzo y preparación, sino mucha dedicación y uso de, por ejemplo, las redes sociales; y alguien puede dedicarse a “emprender” con alguna idea que merecería, para nosotros los dinosaurios, internarlo en un manicomio, pero que terminan siendo multibillonarios y extremadamente conocidos. Pero nosotros bajo ninguna circunstancia consideramos que nuestros hijos pueden llegar a hacerlo, ya que seguimos el mismo ejemplo que vivimos.

En mi caso, cuando pienso en el tema con respecto a mi hija, de verdad que siempre concluyo que no me importa lo que haga, con tal de que sea feliz. Y para eso, mi papel es proveerle todo lo necesario para que pueda hacer lo que le llene el espíritu, lo que la apasione, y, por supuesto, de lo que pueda vivir. Y ese es un punto bien interesante, ya que al final, y por lamentable experiencia propia, cuando los padres ya no están pues toca romper los paradigmas (y todo lo que sea necesario) para salir adelante.

Entonces, lo que debemos hacer es acompañar a nuestros hijos en el camino que los lleve a la felicidad, aún cuando quizás como les sucedió a nuestros padres, no tengamos la menor idea ni de cual es, ni cómo enfrentar lo que surja, pero al final lo importante será verlos en primera persona, y disfrutar con su felicidad, lleguen o no a ser exitosos de acuerdo a nuestros conceptos.

Hay una frase que desde que la leí me hizo reflexionar, y que además tiene muchas aplicaciones, pero que en este caso me queda como anillo al dedo. La publicó J. Koloffon en su columna del Domingo 20 de Enero de 2019: “El mundo necesita gente que ame lo que hace y, especialmente, personas que hagan lo que aman, a su manera, de forma única y distinta!!”