El Miedo Necesario


Photo by Aarón Blanco Tejedor on Unsplash

No habían pasado más de 3 meses de haber comenzado en un nuevo trabajo. Una responsabilidad en un negocio totalmente desconocido para mi, donde mi experiencia era la base por la que me habían dado la oportunidad. Nos convocan a un evento de planificación estratégica donde están personas con muchos años de experiencia y, por supuesto, conocimiento del negocio. El conocimiento técnico era el que más me preocupaba, ya que representa el mayor espacio de oportunidad para mi. Trabajamos en las estrategias, siento que tengo ideas para aportar, sin embargo, me da un miedo enorme atreverme a compartirlo, pensando en que cualquiera podría callarme con tan solo indicar que no se nada de lo técnico. Desde hacía mucho tiempo no me sentía tan vulnerable, por lo que decidí mantener un muy bajo perfil. Pero al final llegó el momento en que se pidieron voluntarios para presentar a todo el grupo su plan de acción con respecto a las estrategias definidas en los dos días reunión. Levanta la mano el primero, luego el segundo, y dicen que darán oportunidad sólo a dos más. Miro a mi alrededor, y pienso que estoy loco si decido salir al ruedo, pero justo a tiempo me presento como voluntario y me llega mi oportunidad.

Me paro frente a todo el tren Gerencial y Directivo de la organización. Deben haber al menos 400 años de experiencia acumulada si sumo la de cada uno de los presentes, y ahí estoy yo, dispuesto a compartir mi visión de cómo hacer efectivos los resultados requeridos. Quizás como se siente un toro en medio de la plaza donde lo lidiarán, así me siento yo. Me dan el micrófono y siento que no voy a tener la fuerza para sostenerlo, y cuando comienzo, siento que la voz no me sale, así como que todas las miradas son escrutadoras, agresivas, juzgadoras, pero en la medida en la que voy compartiendo mis propuestas y compromisos siento que se suavizan. No son mas de 5 minutos que parecen siglos, pero finalizo, y mientras regreso a mi puesto en medio de los aplausos me pregunto si se habrá notado mi voz temblorosa, y si pensarían que simplemente no soy la persona correcta para el cargo.

Desde muy pequeño vi como mis padres, ambos Profesores Universitarios, impartían sus clases, daban seminarios y hacían presentaciones frente a públicos de distintos tamaños; los acompañé en eventos ante expertos y fuí testigo de su seguridad al dar las respuestas en función de su preparación. Siempre fuí introvertido pero con el ejemplo y la práctica desarrollé la habilidad, de manera que cuando llegué a la Universidad terminé participando en la actividad política, por lo que era normal enfrentar auditorios llenos de estudiantes alterados a quienes les daba discursos; discusiones basadas en hechos como representante estudiantil en el Consejo Universitario, el máximo organismo de decisión en la Institución; y hasta enfrentando a las fuerzas de seguridad pública en medio de alguna manifestación. Pero a pesar de toda esa experiencia, en ésta última oportunidad sentía que era la primera.

Al final llegué a la conclusión de que lo que me afectó fué sentirme tan vulnerable. En todas las oportunidades anteriores me sentía preparado para dar respuesta a cualquier comentario que me hicieran. Consideraba que había muy poca probabilidad de que me plantearan algo que no pudiera atender, y si llegara a suceder, podría manejarlo sin problema, a diferencia de ésta última vez en la que era plenamente consciente de que sólo contaba con mi experiencia para trabajar con el resto del equipo, pero en caso de que se me planteara cualquier detalle técnico, estaría en serios problemas. Sin embargo, ese mismo hecho es el que me impulsó a presentarme frente a todos, y el que me mantiene preparándome para cerrar esa brecha, lo cual he ido haciendo sin prisa pero sin pausa.

Hace algunos días tuve la oportunidad de comentarle ésto a uno de los Directores que estuvo presente en el evento, quien me dijo que no podía creer lo que le decía ya que no se me había notado nada. Y el fin de año dejó unos resultados que superaron los que nos planteamos en aquel momento. Esto me llevó a concluir que no hay que tenerle miedo al miedo, y que por el contrario sentirlo, al menos en este tipo de casos, nos mueve a enfrentar lo que sabemos es una debilidad que tenemos, lo cual nos fortalece.

El miedo termina siendo la emoción que nos indica que nos estamos saliendo de nuestra área confort, y su duración dependerá de la decisión que tomemos al respecto. La constancia se hace imprescindible para desarrollar el proceso que nos hará no solo salir de las situaciones particulares que enfrentamos, sino estar conscientes de nuestra capacidad para eventos futuros.

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