Perseguir Metas o Ejecutar Sistemas


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Por: Fernando J. Castellano Azócar

En los meses pasados me he dedicado a organizar prácticamente todo lo que hago, de manera de poder ser lo más eficiente posible en cuanto a resultados se refiere. Y es que una de mis mayores preocupaciones es olvidar ago importante. Por ello, intenté con muchas aplicaciones, obteniendo una mezcla de resultados, pero sin lograr una satisfacción aceptable. Por ello, se me ocurrió que la solución no estaba en las herramientas que utilizara, sino más bien en el modelo, y al respecto encontré que básicamente existen 2: basar las acciones en un sistema, o a través de la consecución de metas.

La mejor forma de definir estos modelos es: si se hace algo diariamente, se usa un sistema; pero si se espera hacerlo algún día en el futuro, es una meta. El concepto de Sistema Vs. Meta aplica a cualquier iniciativa que se tenga. Por ejemplo, si se habla de dietas, perder 10 kilos es una meta, mientras que comer sanamente es un sistema. Si se habla de ejercicio, correr un maratón en menos de 4 horas es una meta, mientras que ejercitarse a diario es un sistema. En el mundo de los negocios, reunir un millón de dólares es una meta, mientras que ser un empresario exitoso es un sistema.

Quienes se inclinan por el modelo de Metas permanecen en un estado de fracaso continuo previo al éxito en el mejor de los casos, y de fracaso permanente en el peor de los casos si las cosas nunca funcionan. Quienes se inclinan por el modelo de Sistemas alcanzan el éxito cada vez que lo aplican, ya que hacen lo que definieron que iban a hacer. En el primer caso se mantiene una lucha contra el sentimiento de desaliento en cada turno. En el segundo, se tiene un permanente sentimiento de logro cada vez que se aplica el sistema.

Como todo en la vida, no hay absolutos, y en mi caso particular, me mantengo en una combinación de los dos modelos. Principalmente defino sistemas que me permiten mantener la constancia en mis acciones, para lo cual me apoyo en herramientas para ir registrando el cumplimiento de lo definido. Pero en algunas oportunidades, también defino metas, las cuales eventualmente se convierten en sistemas. La fórmula mágica que he encontrado es que algunas metas son más fáciles de alcanzar a través de la definición de algún sistema.

Al final, cada quien termina encontrando el modelo que mejor se adapta a sus condiciones y circunstancias, lo cual en mi opinión tiene mucho que ver con el interés que se tenga en mantener su energía personal orientada en la dirección correcta.

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Entre “Likes” y Seguidores


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Por: Fernando J. Castellano Azócar

En días pasados le comentaba Yordano Di Marzo a Luis Chataing que hubo una época en la cual recibía sacos de cartas que le enviaban sus fans, y que eran unas obras de arte, y le respondía Chataing (palabras más, palabras menos) que con todo respeto a sus seguidores, ahora un “like” era algo que en nada se comparaba con lo que eran esas expresiones cuando no existían las redes sociales. Y es que no sólo era hacer la carta, sino enviarla a través del correo “tradicional”, y tener la esperanza de que llegara, y más que la leyeran! Y ni hablar de recibir una respuesta. Con el surgimiento de las redes sociales, pues todo cambió radicalmente. Cada uno de los que las usamos pasamos de ser el objetivo del medio para promocionar el producto, a ser el producto mismo, y como tal, nuestra atención comenzó a medirse, entre otros parámetros, con los “likes”. Entonces, nuestros deseos pasaron de querer “algo”, a hacerlo público, dejando como evidencia de lo popular de ese deseo la cantidad de “likes” que recibimos. Obviamente, y en general, los “likes” los otorgan personas, por lo cual necesitamos contar con muchos “seguidores” a quienes les lleguen nuestros mensajes, para que nos premiem con sus “likes”. Y se ha vuelto tan común y necesario, que ya se venden desde seguidores, hasta, por supuesto, sus “likes”.

Como usuario de las redes sociales, soy parte del ecosistema. En una época me trasnochaba la necesidad de conseguir más “likes”, en todas las redes que podía, hasta que un día, ante aquella enfermedad que me agobiaba, decidí revisar lo que hacía, y sobre todo por qué y para quien. En mi caso, escribo porque me gusta, y de hecho, lo que publico no es más que una pequeña muestra de todo lo que genero. Me interesa más el efecto o la influencia que puedo causar en quienes me hacen el honor de leer lo que publico, que la sola reacción que se obtiene con un “like”. Agradezco todos los que recibo, pero aún estoy lejos de lo que me gustaría que sucediera realmente, que son los comentarios sobre lo que opino.

La vida es mucho más de lo que hay en los medios digitales. Más que simple público que aplaude, lo ideal sería pasar al escenario y ser actores en este espacio al que ahora todos tenemos acceso.

Y, para finalizar, no dejen de darle “like” a este post…

Niñ@ pequeñ@, problema pequeño…


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Por: Fernando J. Castellano Azócar

Así me decía uno de mis compañeros de trabajo quien ya tenía hijos adolescentes, cuando yo le comentaba de las cosas por las que pasaba con mi hija recién nacida.

Efectivamente, mientras nuestros hijos son pequeños, aún no sabemos muy bien ni el carácter ni la forma de ser que traen. Nos hacemos ciegos ante las pequeñas muestras que van presentando, lo cual les celebramos inocentes, aún, de lo que viene en camino. Y en la medida en la que van creciendo, comenzamos a ver algunas actitudes que nos desconciertan, y que nos es muy difícil aceptar que son propias de nuestros “bebés”. Y un día, ya nos muestran su opinión, o mejor dicho, nos hacemos conscientes del hecho de que ya no son esa bolita de carne procesadora de alimento que siempre se ríen de nuestras cosas. strike one…

Una de las situaciones más complicadas que se viven como padres, es el entender que nuestros hijos son seres vivos, pensantes, y que quizás por la supervivencia de la especie, luchan por ser independientes. Nos cuesta manejar esa situación, que por las cosas de la vida, y por conveniencia, hemos olvidado que también la vivimos, y buscamos aplicar nuestro peso de ley para contrarrestar nuestro miedo ante una situación esperada, pero nunca oportuna. Y es en ese momento cuando pretendemos que la bioquímica solucione el problema, aduciendo que no hay combinación posible de células propias que haya creado ese ser que se levanta y nos enfrenta. Y lo peor que hacemos es actuar considerando que debido a una falla en nuestra forma de criarlos, los hemos convertido en esos seres, y tratamos de aplicar soluciones a un problema que no existe. strike two…

Ser padre no es nada fácil. Ni la primera ni la n-ésima vez son iguales, debido a que no tenemos en todas esas ocasiones al mismo hijo. Quizás lo más difícil es entender que a pesar de que no tenemos la experiencia como padres, si tenemos toda una vida, la nuestra, de experiencia como hijos. Entonces debemos recordar lo frustrante que era cada respuesta que no coincidía con nuestra expectativa; lo incomprensible que era cada “no” que nos daban; pero cómo, a la larga, entendimos lo necesario que fueron. Entonces, nuestro rol no es hacer que cambien su forma de ser, que simplemente es como es, sin posibilidad de interferir, sino por el contrario, es orientarlos, guiarlos, hacerles más fácil el proceso de adaptación a un mundo que ni nosotros terminamos de entender, mucho menos dominar.

No son mascotas que por repetición y costumbre hacen lo que nosotros queremos. Y no queremos que lo sean! Pero, antes que nada debemos dejar de lado nuestros temores, cargas y frustraciones, para dedicarnos a cuidar esa hoja en blanco donde irán escribiendo su propia historia. Habrá, sin duda alguna, errores que cometerán, y es nuestro deber orientarlos, pero sobre todo acompañarlos, ser ese lugar donde siempre podrán ir, sin importar lo que hayan hecho, ni lo que necesiten.

Como hijo, me hace una falta terrible esa seguridad que siempre me ofrecieron mis padres. Y vaya que los busqué en muchas oportunidades cuando las cosas me salieron mal, unas por mi empeño, otras pues porque así es la vida. Y como padre, cada segundo ruego estar preparado para lo que sé que jamás estaré, porque cada segundo mi hija, mi vida, mi sol, mi universo, está en evolución.

Niñ@ pequeñ@, problema pequeño, y mi hija crece… pero así mismo y de forma voluntaria crece mi decisión de atender lo que, sin duda alguna, vendrá.

FOMO como estilo de vida



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Por: Fernando J. Castellano Azócar

En mi búsqueda permanente de respuestas, leí un artículo que hablaba de la influencia del FOMO (Fear of Missing Out) en nuestras vidas. Mi traducción de lo que significa FOMO es: Miedo de Perderse de Algo.

Recuerdo que cuando era pequeño, la única forma de saber lo que pasaba en nuestra ciudad y alrededor del mundo era a través de la televisión, la radio, o de la prensa escrita. En mi casa era casi una religión comprar la prensa regional, así como una de las opciones de prensa nacional, y por lo general al regreso de sus jornadas de trabajo, mis padres se sentaban a leer su prensa con total concentración. Y los domingos era aún más sagrado el estar en la casa sentados leyendo las versiones dominicales de los periódicos. Obviamente, eran personas informadas con la última versión de la información que tenían a su alcance. Pero los tiempos cambiaron y trajeron consigo distintas formas de estar informados, así como distintos temas de los cuales informarse. Primero, el acceso a la información a través d la Web; luego, servicios como Twitter, y finalmente, las aplicaciones que llevamos en nuestros dispositivos móviles y que nos obligan a ver sus contenidos. Inicialmente, se trataba de un nuevo medio, mucho más eficaz en distintos aspectos en comparación con los tradicionales, sin embargo, con el tiempo se amplió el concepto y ante la posibilidad de compratir TODO, surgieron lo que ahora conocemos como “redes sociales”, y nos comenzó a parecer igual de interesate saber sobre lo que hacen los demás que lo que sucede en el mundo, siendo que lo primero conforma lo segundo. Y esto llevó a que las nuevas generaciones se concentran principalmente en qué hace la gente, más que en contexto y las consecuencias.

El análisis pasó a segundo plano, por no ser algo inmediato, de manera que la opinión pasó de un lugar especial a simplemente ser un comentario limitado a un número de caracteres en un hecho, cualquiera que éste sea. La comunicación activa pasó a un segundo plano, desplazada por una comunicación pasiva, donde principalmente se escucha y se critica.

Se dan por ciertas todas las informaciones, y se reacciona en consecuencia, para lo cual es imprescindible mantenerse actualizado de cuanto acontece. Precisamente es en este punto donde cobra relevancia el concepto de FOMO. Todos terminamos necesitando tener acceso permanente a lo que hacen los demás. Pero ya no son “los demás” aquellos que con una decisión pueden cambiar el destino de nosotros, del mundo o incluso de la raza humana, sino todo aquel que de alguna ha cruzado su vida con la nuestra en algún momento. Un viejo compañero de la escuela, un amigo de la universidad, el hermano, los tíos, los padres. Todos se vuelven de nuestro interés, simplemente porque podemos saber de ellos a toda hora. Así, cada uno de nosotros nos convertimos en el “big brother” de todos los demás, yendo mucho más allá de la realidad distópica presentada en “1984“.

Obviamente, cada quien decide qué ser y hacer con su vida, pero resulta interesante conseguirse esos “Morfeos” que viven advirtiendo sobre cómo estamos conectados a la “Matrix“. Entonces el FOMO es lo que nos impusa a revisar permanentemente las redes sociales. Esa necesidad falsa de no querer perdernos ni un segundo de la vida d elos demás, o de lo que nos hacen creer que es su vida, es la que nos obliga a invertir millones de segundos en una acción que al final sólo resulta en entretenimiento en el mejor de los casos. Y no es que sea malo invertir tiempo en entretenernos, para nada. Por el contrario, es conseguir el equilibrio entre el entretenimiento y la obsesión. Es darnos cuenta de las oportunidades que están disponibles y que ni siquiera nos enteramos por nuestra concentración en saber lo que hacen los demás, o lo que nos quieren hacer saber que hacen. Entre las recomendaciones que encontré proponían incluso un método de cómo organizar los íconos en el teléfono de manera de no caer en la tentación de revisar las redes sociales, método que he seguido y que hasta ahora me ha sido de total utilidad.

Por spuesto que se trata de una decisión personal, y es precisamente ahí donde se encuentra el punto importante: si es una decisión voluntaria el invertir tiempo en saber qué hacen los demás, así como mostrar lo que nosotros hacemos, con lo cual se alimenta ese ecosistema, pues adelante! Pero al menos que sea un acto consciente, y no sólo practicarlo por el simple miedo o del qué dirán, ni mucho menos por el miedo a perderse algo.

Afortunadamente, ante el FOMO, ha surgido el JOMO (Joy of Missing Out), al cual le estoy dedicando tiempo, comenzando por suspender algunas de mis cuentas en redes sociales. Por ahora voy muy bien, y ya tendré oportunidad de contar sobre los resultados…

El Plan Perfecto


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Por: Fernando J. Castellano Azócar

Siempre he dicho y sostengo que no hay plan malo. Cuando se tiene una situación a la que se quiere llegar desde la actual que se vive, es imprescindible establecer la forma de hacerlo, lo cual se convierte en “el” Plan. Pero, como todo en la vida, no hay una sola forma de lograr las cosas, de manera que la calidad de un plan se tendría que medir en función de parámetros muy particulares, entre los cuales se incluyen: tiempo, recursos y riesgo.

En estos días me comentaba un amigo su intención de mudarse de país. Tenía todo considerado: comprar el boleto, el sitio donde llegaría, el tiempo que le tomaría paa estabilizarse, las oportunidades de trabajo disponibles, el dinero requerido. Todo sonaba como un plan perfecto, hasta el punto en que me comentó que sólo le faltaba su pasaporte…

En muchas oportunidades nos enfocamos en el desarrollo del plan, que sin duda es una pieza fundamental para alcanzar el objetivo, pero de nada servirá el mismo, por más perfecto que parezca, si no se plantea en función de los requisitos para su ejecución. Al final, el nivel de perfección de un plan lo determinará la consecución de la meta.

Serie de Las Frases del Mal: “aún queda tiempo”


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Por: Fernando Castellano Azócar

Más sabe el diablo por viejo que por diablo“. Muchas veces escuché esa frase, y precisamente mi juventud me impidió entenderla. En algún momento, cuando comencé a hacerme consciente de mi experiencia (en todos los aspectos de mi vida), finalmente entendí lo que se encontraba detrás de ese conjunto de palabras. Cuántas veces escuché que me dijeran que hiciera las cosas en un momento y de una manera, y siempre la confianza en mis capacidades e información me hizo comportarme de manera contraria a lo que debía, desviando los resultados, en algunos casos, de manera que afectaba abruptamente los proyectos en los que trabajaba. Y es que ese aspecto de “hacer caso” o no, definitivamente está íntimamente relacionado con la actitud, educación, experiencia y carácter de cada quien. Hay quienes siempre estamos retándolo todo. Otros actúan como robots haciendo única y exclusivamente lo que les indican; y luego están los zombies que sólo hacen lo que les provoca y nada los mueve de esa actitud. Y cuando uno está con equipos donde la juventud es grande (y por lo general es uno el de más edad), comienza entonces a hacerse presente esa frase que tanto problema trae consigo: aún queda tiempo.

Se acerca una actividad importante. Muchas cosas dependen del resultado de la misma, por lo cual se busca asegurar que no hayan fallas a última hora. Se le pide a la persona a cargo que verifique una vez más todo, y sale ese monstruo, ese demonio, que en los mejores casos responde “ya todo se verificó, tranquilo que aún queda tiempo“, y a pesar de eso se le pide, ya como instrucción, que verifique, y entre refunfuños y casi pataleos se van, pero no hacen la tarea. Resultado, detalles que se habian identificado no se atendieron, y se presenta el desastre. Y todo se pudo haber evitado si tan solo se hubiese escuchado y actuado en consecuencia.
Cuantas facturas no se generan por esperar a última hora? Cuanto tiempo se pierde por no haber verificado que se llevaban las herramientas necesarias? Y así, existen miles de casos que se hubiesen podido evitar si no se hubiese dependido de la confianza extrema, e ignorado el consejo de un amigo o, peor, la solicitud de un supervisor.

Ahora bien, hay una variante de esta frase, que causa, al menos en mi, mas terror: “tranquilo que usted anda conmigo!“. Esta frase es original de un personaje que siempre logra su objetivo, pero el problema es que quienes por lo general la dicen, no tienen esa capacidad y eficiencia. Si por casualidad alguna persona de su equipo ante una solicitud le responde así, preocupese! porque con toda seguridad, se hará presente Murphy y se sentirá aplastado con todos los libros escritos sobre su muy temida ley.

 

Viviendo el increíble futuro de mi generación


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Por: Fernando Castellano Azócar

Tenía como 8 años y siempre peleaba para ver las series que me gustaban: Starsky & Hutch, SWAT, Misión Imposible… Eran las series de moda, que eran transmitidas a las 8 de la noche entre semana, justo a la hora en que debía dormir. Que yo recuerde, y no solo en ese mosmento sino por mucho tiempo después, nadie sabía cuántos capítulos confirmaban las temporadas de las series. En días recientes me llamaba la atención una conversación donde hablaban de una serie en Netflix, y cómo preferian las de capítulos cortos y sin muchas temporadas. Eso definitivamente es algo que hace unos años era imposible tan sólo imaginarlo! Y Netflix??? Cómo siquiera soñar que existiría cuando apenas celebrábamos el paso del Betamax al VHS

Tenía yo un radio de Banda Ciudadana, para el cual construí una antena especial que me permitiera lograr contactar gente fuera del país, para lo cual necesitaba unas condiciones atmosféricas perfectas, de manera que cuando lo lograba se buscaba conseguir la dirección de la persona para enviarle una postal como prueba del contacto realizado. Hoy en día tenemos muchas opciones para mantener conversaciones con cualquier persona alrededor del mundo.

Al momento de pagar con una tarjeta de crédito, aparecía un cuaderno donde buscaban el número de la misma. Lo que recuerdo es que si aparecía no la aceptaban. Y si se robaban una tarjeta, la víctima se enteraba de las consecencias al recibir, por correo “tradicional”, el estado de cuenta, que llegaba como con un mes de diferencia. Hoy en día una aplicación en nuestros teléfonos móviles nos avisa de cualquier transacción, y la validación de la validez de la tarjeta se hace de forma inmediata con la terminal.

En un programa de televisión comentaban que lo que conocemos como “la nube” es un invento de los extraterrestres para poder tener acceso a toda la información de la raza humana, y la verdad es que al menos a mi me parece que tantas cosas deben venir de esa fuente, porque jamás pudimos ni siquiera soñar que las estaríamos utilizando. Los supersónicos era una quimera, una fantasía que al final se ha vuelto realidad en buena medida, y quién pensaría que sería posible? NADIE!!!

Los efectos de esta situación de vivir en lo que era un futuro irreal e impensable se pierden de vista. El poder utilizar algo que no existía nos hace conscientes de la importancia de su existencia, mientras que aquellos que han vivido toda su existencia teniéndolos no les dan la misma relevancia, lo cual crea una brecha.

Mientras para mi el valor es más emotivo, para las nuevas generaciones es muy distinto. Mientras escucho en mi iPhone la música que me gusta, recuerdo cuando grababa en casetes la música que podía, y me parece increíble poder cargar en mi bolsillo millones de canciones. Ni siquiera me hubiese imaginado tener cientos de discos de vinilo. Es un ejemplo de tantos casos con los que vivimos, y que nos han hecho olvidar lo que significaban antes.

Hay que aprender a vivir el presente, que no es otra cosa más que aquel futuro increíble que soñábamos. A algunos se les hace más fácil, a otros nos sigue impresionando cada detalle que nos corrobora que efectivamente, y a pesar de las probabilidades, llegamos milagrosamente hasta donde nuestra imaginación no se atrevió.