Los Dos Volkswagen


En toda familia hay momentos difíciles. Es parte de la vida, es parte de las enseñanzas que van fortaleciendo los lazos que las unen, que los hacen visibles para todos sus miembros

En esta oportunidad comparto uno de los capítulos que mayor impactó causó en mi, y que me permitió entender que uno puede disentir incluso dentro de la familia, sin que eso signifique una traición ni nada parecido. Una lección que sin dudas me ha servido en el resto de mi vida, y que por supuesto jamás olvidaré.

Una forma de explicar el equilibrio que siempre debe estar presente en una familia, aún cuando definitivamente es, al igual que en la vida de cada uno de sus miembros, difícil de alcanzar.

Sin más preámbulo, comparto el cuento de Los Dos Volkswagen

https://fjcastell.wordpress.com/los-cuentos-del-castellano/los-dos-volkswagen/

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El Primer Semestre


Para quienes hemos tenido la oportunidad de estudiar en la Universidad, y especialmente para mi, el Primer Semestre representó un punto de inflexión importante, si no el que más, en mi vida. Fué el momento en que me dieron el volante de mi vida para que comenzara a manejarla, aún inocente de todas las curvas, vueltas en “U”, huecos, peatones y otras vidas que estarían compartiendo la vida conmigo. Momentos en los cuales se conoció realmente lo que significa la amistad; momentos en los que se dilucidó la duda sobre el amor, y en general, se entendió lo que querían decir nuestros padres durante todos los años previos.

Para quienes como yo lo vivieron, se hizo presente la tentación de todo lo que eran los males de los cuales buscaban protegernos y que gracias a los principios, valores y grandes discursos, logramos salir airosos y con un conocimiento nuevo como fué descubrir que cargábamos todas esas enseñanzas.

El comienzo de una historia, la de mi vida, que ahora comparto al menos hasta donde el decoro y las buenas costumbres me dejen!

https://fjcastell.wordpress.com/el-flujograma/el-primer-semestre/

Viviendo el increíble futuro de mi generación


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Por: Fernando Castellano Azócar

Tenía como 8 años y siempre peleaba para ver las series que me gustaban: Starsky & Hutch, SWAT, Misión Imposible… Eran las series de moda, que eran transmitidas a las 8 de la noche entre semana, justo a la hora en que debía dormir. Que yo recuerde, y no solo en ese mosmento sino por mucho tiempo después, nadie sabía cuántos capítulos confirmaban las temporadas de las series. En días recientes me llamaba la atención una conversación donde hablaban de una serie en Netflix, y cómo preferian las de capítulos cortos y sin muchas temporadas. Eso definitivamente es algo que hace unos años era imposible tan sólo imaginarlo! Y Netflix??? Cómo siquiera soñar que existiría cuando apenas celebrábamos el paso del Betamax al VHS

Tenía yo un radio de Banda Ciudadana, para el cual construí una antena especial que me permitiera lograr contactar gente fuera del país, para lo cual necesitaba unas condiciones atmosféricas perfectas, de manera que cuando lo lograba se buscaba conseguir la dirección de la persona para enviarle una postal como prueba del contacto realizado. Hoy en día tenemos muchas opciones para mantener conversaciones con cualquier persona alrededor del mundo.

Al momento de pagar con una tarjeta de crédito, aparecía un cuaderno donde buscaban el número de la misma. Lo que recuerdo es que si aparecía no la aceptaban. Y si se robaban una tarjeta, la víctima se enteraba de las consecencias al recibir, por correo “tradicional”, el estado de cuenta, que llegaba como con un mes de diferencia. Hoy en día una aplicación en nuestros teléfonos móviles nos avisa de cualquier transacción, y la validación de la validez de la tarjeta se hace de forma inmediata con la terminal.

En un programa de televisión comentaban que lo que conocemos como “la nube” es un invento de los extraterrestres para poder tener acceso a toda la información de la raza humana, y la verdad es que al menos a mi me parece que tantas cosas deben venir de esa fuente, porque jamás pudimos ni siquiera soñar que las estaríamos utilizando. Los supersónicos era una quimera, una fantasía que al final se ha vuelto realidad en buena medida, y quién pensaría que sería posible? NADIE!!!

Los efectos de esta situación de vivir en lo que era un futuro irreal e impensable se pierden de vista. El poder utilizar algo que no existía nos hace conscientes de la importancia de su existencia, mientras que aquellos que han vivido toda su existencia teniéndolos no les dan la misma relevancia, lo cual crea una brecha.

Mientras para mi el valor es más emotivo, para las nuevas generaciones es muy distinto. Mientras escucho en mi iPhone la música que me gusta, recuerdo cuando grababa en casetes la música que podía, y me parece increíble poder cargar en mi bolsillo millones de canciones. Ni siquiera me hubiese imaginado tener cientos de discos de vinilo. Es un ejemplo de tantos casos con los que vivimos, y que nos han hecho olvidar lo que significaban antes.

Hay que aprender a vivir el presente, que no es otra cosa más que aquel futuro increíble que soñábamos. A algunos se les hace más fácil, a otros nos sigue impresionando cada detalle que nos corrobora que efectivamente, y a pesar de las probabilidades, llegamos milagrosamente hasta donde nuestra imaginación no se atrevió.

Huyéndole a Carolina Herrera


Siguiendo con “Los Cuentos del Castellano“, les dejo este que sucedió hace mucho tiempo. De esas experiencias que parecen inventos literarios, pero que no son más que la realidad de la vida transcrita para el recuerdo.

Sin más preámbulo, les dejo “Huyéndole a Carolina Herrera

 

Cuando Pase el Temblor


(O el susto de mi primer terremoto)

Yo, caminaré entre las piedras
hasta sentir el temblor, en mis piernas
a veces tengo temor, lo sé
a veces vergüenza

Recuerdo que cuando llegamos a México, uno de los factores que nos afectó fué el frío. En teoría, fué un año atípico en cuanto al frío se refería. Con sacrificio (y sin mucho remedio) sobrevivimos. El otro factor fué algo que de repente nos afectó: la contingencia!. Esto significó que un día no hubo transporte público como hasta cuando la declararon; se duplicaron los precios de los taxis, que además no aparecían por ninguna parte, y constantemente escuchaba de un “engomado” con colores y según el cual debía o no circular. Y el tercer factor fué el sísmico. Por los días en los que llegamos hubo un simulacro de evacuación por alarma sísmica, al cual no pude asistir, pero tampoco escuché la alarma. Aún tengo fresco el recuerdo del terremoto que se sucedió en México en el año 1985, de lo cual tengo presente la imagen de Plácido con un casco ayudando a rescatar gente de entre los escombros. El tema es muy serio aquí en México, sobre todo por el riesgo que existe. Y algunos de los amigos nos cuentan de las oportunidades en las que se han presentado temblores. De esta manera, pues uno vive con esa posibilidad en la mente de que algún día puede suceder.

Estoy, sentado en un cráter desierto
Sigo aguardando
 el temblor, en mi cuerpo
nadie me vió partir, lo sé
nadie me espera

Fataban sólo unos minutos para que comenzara el día en el cual celebraría un año más de vida. Estaba acostado, buscando el sueño, mientras decidía si me ponía a leer, buscaba algo interesante en la televisión, o sencillamente la apagaba y me dormía, cuando comencé a sentir la cama moverse de forma extraña. Bueno, cualquier movimiento de la cama que no sea producido por uno definitivamente es extraño, pero en este caso, al no haber reacción de más nadie, pues pensé que era el único que lo estaba sintiendo. Se me ocurrió que estaba sufriendo alguna taquicardia, por lo que decidí ni moverme hasta que se me pasara, pero nada que dejaba de sentir el movimiento, por lo que decidí ponerme de pié, mientras veía la cortina de la ventana moverse de manera horizontal, lo cual era imposible que lo produjera el viento. Estando de pié sentí como que me mareaba, lo cual atribuí a los triglicéridos, sin embargo, pasados otros segundos, pensé en lo peor: que podía ser un temblor. Procedí a asomarme por la ventana y lo que había era un silencio abrumante. Me quedé muy tranquilo esperando escuchar a los vecinos salir asustados, pero nada, solo había silencio. De repente, la puerta del cuarto comenzó a sonar como si se estuviera rompiendo. Allí ya me di cuenta, sin lugar a dudas, que si era un temblor. Corrí a ponerme unos zapatos y un suéter, llamé a mi esposa, a quien le dije “está temblando!“. En medio de mucho miedo nos preparámos a salir, mientras yo recordaba las imágenes del terremoto del 85, y en mi mente me iba despidiendo de todo. De repente, la puerta dejó de crujir, el mareo pasó, y comencé a escuchar pasos en el piso de arriba. Sin saber qué hacer, me acosté, vestido, y busqué un canal de noticias, donde ya estaban informando del terremoto de 8.2 que acababa de ocurrir.

Definitivamente, fué un cumpleaños distinto. Aprendimos la lección, y nos preparamos por si se repetía (que efectivamente sucede más a menudo de lo que uno quisiera). Luego, me acordé de la canción de Soda Stereo “cuando pase el temblor”, y pude ver que en realidad no es tan romántico el escenario en el medio de ese momento. Es parte de las cosas a las cuales nos debemos adaptar al vivir en un país distinto. Luego, vino el terremoto de Septiembre del 2017 que fué otra experiencia. No se sabe lo que es estar en ese momento hasta que se vive…

Fernando Castellano Azócar

El Cuarto de Drácula


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Photo by Craig Whitehead on Unsplash

Mi vida, como la de cualquier persona, está llena de cuentos, y en mi caso, he decidido irlos escribiendo y compartiendo. En este oportunidad, comienzo con “El Cuarto de Drácula“, que trata de la primera vez que me tocó alquilar un cuarto para vivir, mientras estuve en la Universidad. Fueron días confusos, de mucho reto en lo personal, pero en los que la amistad, la constancia y la esperanza me ayudaron a salir adelante.

El primero de la serie, y de los más retadores momentos de mi vida. Les dejo: El Cuarto de Drácula.

Hielo en el Mingitorio


Fuí al baño, como de costumbre, para aliviar la presión regular que causa la combinación de café y agua. Entré y por casualidad era el único presente, y unos segundos después mi concentración fué interrumpida por un señor del grupo de limpieza que comenzó a verter una gran cantidad de hielo en cada mingitorio. Con extrema precisión, llenó los dos previos al que yo ocupaba. Al tocar el que usaba, se me quedó mirando, y al final se movió al siguiente.

Jugó ese día México contra Suecia, por lo cual se organizó en la oficina un espacio para ver el partido. Hubo tacos, frutas, vegetales y bebidas, que fueron disfrutados por todos, quienes celebraban el pase de la selección gracias al juego de Korea.

Mientras me lavaba las manos, pensaba en la razón por la cual habían vaciado el hielo en los urinarios. El frío debía ser una de las razones principales: con toda seguridad mataba las bacterias del líquido amarillo en un proceso bioquímico de defensa. Al mismo tiempo se me ocurría que al colocar el hielo, su forma irregular y consistencia haría que al caer el líquido caliente, este, en el proceso de derretirlo, aparte de reducir el efecto de las bacterias que lo contienen, evitaría su esparcimiento por el área aledaña al mingitorio, lo cual representaba una medida sanitaria para mantener la limpieza. Mientras me sacudía las manos y procedía a secármelas, se apareció nuevamente el señor que había vaciado el hielo. No pude aguantar la tentación, y procedí a preguntarle la razón por la cual había ejecutado tal acción, con la seguridad de que me proveería la confirmación de alguna de mis teorías. Con una extrema amabilidad, me dió la respuesta que menos me esperaba: le habían dado la instrucción de vaciar en los baños el hielo que había sobrado del evento recién concluido…

Por alguna razón, en muchas oportunidades nos empeñamos en darle las explicaciones mas complicadas a los hechos inéditos o desconocidos a los que nos enfrentamos, cuando en la mayoría de los casos, la respuesta es la mas simple.