Lo que en realidad somos


Siempre me pasa lo mismo, y siempre soy tan afortunado de revivir tantas cosas cuando me siento a clasificar las fotos y videos que tengo. Siempre he tenido el plan de documentar y organizar, en la medida de lo posible, todo cuanto me acontece. Tuve la suerte de recibir muchas fotos de tiempos que van desde mucho antes de nacer hasta que fui adolescente. En algún momento comencé a digitalizarlo todo, y agregué todas y cada una de las fotos y videos que se generan en las actividades que realizamos a diario. Los tiempos modernos, en los cuales uno tiene una cámara fotográfica y de video siempre en la mano, permiten que se registre todo cuanto acontece (quiera uno o no), siendo el caso que después de toda actividad en grupo, se desborda el WhatsApp con fotos, videos y comentarios. Ahora, con mas de 27 mil fotos  y videos ya disponibles, invierto parte de mi tiempo en clasificarlas, lo cual me trae a diario los recuerdos de tantos momentos.

Ver en perspectiva las cosas es maravilloso. Leo lo que le escribí a mi hija desde antes de nacer y es increíble ver todo lo que me pasaba por la cabeza en esos momentos. Ver las fotos de los viajes, y recordar los olores, los sentimientos, las emociones… Entonces, cómo compartir eso? Pues la verdad es que no lo sé, pero voy a intentarlo a través de cuentos que iré compartiendo.

Ahora, no tengo ninguna duda de que somos lo que hacemos, lo que vivimos, lo que sentimos. Y eso va cambiando cada segundo de nuestras vidas, de manera que tenemos la oportunidad de ser muchas cosas, algunas buenas, otras no tanto. Pero también somos lo que heredamos, la historia que nos antecede, de allá de donde venimos. Espero que mi hija piense, al igual que yo, lo afortunada que es de tener tanto detalle de su historia. Y que en base a la misma, pueda eliminar cualquier duda sobre quién es…

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Y qué le queda a uno de la Universidad?


En estos días pasados, mis compadres (Mario y Gabriela) cumplieron 21 años de casados. Recordaba yo aquellos días en los que ella llegó a Mérida, a seguir sus estudios en la ULA. Y se me agolpaban en la cabeza tantos momentos vividos (muchos de ellos escritos en esta especie de registro), unos muy buenos, otros no tantos. Y me quedé pensando en el tema, y en tantas cosas que hoy en día son derivadas de lo que sucedió en mis tiempos de Universidad.
En mi caso, hijo de universitarios, sobrino de universitarios, ahijado de universitarios, hermano de universitario, concuñado de universitarios… Existo, literalmente, gracias a la Universidad (el cuento corto es que mi papá estudió con mi tía, y así conoció a mi mamá). Viví en el marco de la universidad: jugué en sus instalaciones, crecí en medio de científicos, experimentos, hipótesis, artículos, bibliotecas, libros, revistas, congresos, clases, laboratorios, fiestas, elecciones, estudiantes… Y luego, me tocó ir a la Universidad a estudiar. Tiempos inolvidables. Y hoy en día, lo lógico y más sencillo es concluir que la Universidad me dejó mi experiencia como estudiante, y obviamente mi Título. Es lo que todos nos llevamos cuando apesadumbrados, nos enfrentamos al hecho de que el alcanzar la cúspide de nuestros estudios al recibir nuestro título en el Aula Magna, implica el final de esa hermosa etapa. Algunos tienen la suerte de poder quedarse, otros, quizás a pesar de la oportunidad, decidimos ir a buscar suerte en otras latitudes. Y el paso del tiempo me permite ver que en realidad la Universidad me dejó mucho más que mis conocimientos técnicos, y la constancia de haberlos recibido.

Recuerdo claramente a cada Profesor con quien vi clases. Cada uno de ellos me transmitió, a través de los momentos que compartimos, pistas y detalles que en esos días ni siquiera fuí consciente, pero que hoy en día conforman elementos claves en las acciones diarias que como parte de mis responsabilidades llevo a cabo. En mi caso, lo relacionado con la política en la universidad es una de las mayores experiencias que me acompañan. Aquellos primeros días en los que me tocaba entrar a un salón de clases a dar un discurso, ese miedo a la reacción de todos, el lograr dominarlo. O pararse a hablar en el auditorio 108 lleno a reventar… Los momentos en que nos sentábamos a disfrutar una cerveza con algún Profesor, jugando dominó, y hablando de cualquier tema (aunque quizás la idea era caerle simpático para que fuera mas generoso al momento de evaluarnos); de allí surgieron amistades que a pesar del tiempo y la distancia aún se conservan. Los sueños… Cuántos no tuvimos, hoy en día muchos de ellos concretados. Otros, pues aún en proyecto, y muchos comprenden chistes que hacemos cuando nos reunimos antiguos compañeros de clases. Las relaciones; amor, odio, deseo. El descontrol hormonal mezclado con el libertinaje temporal (hasta que, en mi caso, aparecía mi papá a poner orden) generó amistades, mas bien hermandades que trascienden el tiempo. Son, como se puede ver, muchas, muchas mas cosas las que nos deja la Universidad.

Hoy en día, en circunstancias muy distintas a las que vivimos en los días de la Universidad, me esfuerzo por tener esa paciencia que tenían los profesores con nosotros; intento transmitir lo necesario para complementar esa formación profesional en cada una de las personas con quien trabajo; le cuento a mi hija de tantas cosas de esos días, como con el ánimo de que aprenda de mi experiencia, pero consciente de que sólo su propia experiencia le mostrará el camino que debe recorrer. Disfruto de ver a tantos que pasamos por las aulas de la Universidad, y que se mantienen en la lucha, fieles a aquellos sueños que compartimos. Y concluyo, que de la Universidad me quedó todo. La oportunidad de conocerla, de pertenecerle y, ahora, de rendirle tributo al ser la Persona y el Profesional cuyas obras dejan cuenta de lo importante que es ser un Universitario.

Es mi pasado una historia de museo?


Obviamente, con el avance del tiempo han surgido infinidad de avances tecnológicos con la intención de mejorar nuestros días. Así, en todas las áreas, incluso donde ni idea tenemos, hay nuevas tecnologías, procesos y hasta actitudes que, de acuerdo al ojo con el que se le mire, representan mejoras. Pero, hasta dónde nos ayudan todos esos avances? Cuando veo a mi hija manejar una computadora tan bien a sus 5 años, en la que ve vídeos, juega, busca información, y recuerdo lo afortunado que fui al tener una computadora a mis 8 años, pero que solo tenia BASIC, pienso en que ella no me va a creer cuando le cuente que yo crecí sin tener la mayoría de las cosas que para ella son normales. Por ello, a continuación hago una lista de las cosas que hoy en día tenemos, y comento como hacíamos en aquellos tiempos cuando ni en las películas mas futuristas pensaban en que serian, algún día, superados por la realidad.

EL CELULAR
O móvil, debe ser el articulo mas común hoy en día. Al menos en Venezuela, literalmente morimos por uno. Su evolución es interesante ya que al comienzo lo necesitábamos solo para hablar, pero ahora para lo menos que lo utilizamos es para eso. Es una mezcla de distintas tecnologías que detallaré más adelante, pero ahora me referiré a lo que debería ser su uso principal.
En aquellos tiempos, mi papá salía de la casa a trabajar. Realmente no recuerdo de alguna emergencia que se hubiese presentado estando el trabajando, y mucho menos viajando, lo cierto del caso es que una vez afuera la única manera de contactarlo era al teléfono de su oficina. Recuerdo cuando en las tardes mi mamá se enteraba de alguna acción heroica de las que regularmente hacía, y me decía “deja que llegue tu papá, ojalá haya tenido bastantes problemas!”; yo me desesperaba esperando ese momento en que sonaba la puerta de la casa, y respiraba aliviado cuando lo escuchaba que venía silbando o cantando. Ahora, si mi mamá hubiese tenido un celular moderno, jum! Lo habría llamado ” en vivo”, le habría pasado una foto, un vídeo de mi hermano como testigo (afortunadamente siempre lo amenazaba para que no hablara por lo cual nunca sabia nada), y seguro mi papá, con toda esa información , habría tenido tiempo suficiente para pensar en algún castigo… Aunque realmente era muy bueno improvisando en eso…
Ahora vemos niños desconectados de todo con uno en la mano, adultos incapaces de vivir sin su celular, y viciosos, como yo, intentando justificar la necesidad de contar con el último modelo. Definitivamente me va a costar convencer a mi hija de que de pequeño ni siquiera existían.

TELEVISIÓN POR CABLE
Por alguna razón, todos los días a las 6 de la mañana, cuando prendían el televisor para arreglarnos e ir a la escuela, sonaba el himno nacional y luego el himno de radio Caracas televisión (RCTV). Seguramente en la noche mis padres se habían trasnochado viendo a Marcel Granier, o viendo a Eladio Lares. Lo cierto del caso es que a las 12 de la noche, luego del himno nacional (por lo general no llegaba a esa hora despierto), solo quedaba un pito que si no me equivoco era en tono de LA, y una imagen fija. Mas nada. Fue a partir de mediados de los años 80 cuando en mi vida llegó la televisión por satélite. Para tenerla, se debían caer a coñazos los propietarios y las juntas de condominio para autorizar primero el aumento de la cuota del condominio, y luego la instalación de la antena. Aun hoy en día podemos verlas. Así, comenzamos a tener televisión a toda hora, programación mas entretenida, y lo mejor: MTV! Ya para esas fechas contábamos con televisores a full color, de 21″ y mas, que desafiaban y habían lanzado a la basura a aquel viejo Zenith en blanco y negro, que era mas una mesa que un televisor, sobre el que se ponía un mantelito y un florero, y cuyas patas de madera en mas de una ocasión serruché con alguna navaja de mi papá.
Hoy en día, mi hija ve SUS canales, si quisiera las 24 horas, a full color, en su pantalla plana y con su control remoto en la mano. Me imagino contándole de cuando no veíamos ni siquiera en color, y presiento que en lo que pueda va a buscar algún manicomio para meterme…

LA COMPUTADORA
Para el año 78, ya tenia en mis manos aquella inolvidable Sinclair ZX81. Conectada al televisor cual videojuego, me ayudó a dar mis primeros pasos en programación. Luego fueron muchas mas, entre ellas mi Apple IIc que aun tengo. Realmente soy un ser único y muy afortunado con respecto al tema de las computadoras. Aquellos días de biblioteca, cuando iba a buscar las respuestas a mis tareas, hurgando en el viejo fichero para saber que libro buscar y, finalmente, trascribir a un cuaderno la información, calcar el dibujo o inventar uno, ya que ni siquiera las fotocopias eran algo común, ya solo viven en los recuerdos de quienes tuvimos que usarlas. Para preparar sus exámenes, mis papás pasaban horas escribiendo a máquina en aquellas hojas para stencil, corrigiendo con ese mágico liquido rojo fosforescente. Recuerdo lo exigente que era la maestra Ana Hilia con aquella tarea en la que debía trascribir un texto, para lo cual ponía debajo media hoja de examen con un cuadro rojo que marcaba hasta donde debía llegar, y siempre, en la ultima linea, separaba mal la palabra, por lo cual tocaba comenzar todo desde el principio.
Hoy en día mi hija busca en internet los vídeos de los temas que necesita. Con el Word vino la maravilla de los margenes justificados, y se eliminó la separación de palabras. La impresora nos hizo casi olvidar como escribir, y los libros quedaron casi que solo como hobby. Tablas, kindles y demás artilugios nos facilitan la vida diaria. Cuando viajo llamo a la casa por skype. Y cómo le justifico a mi hija que iba a una biblioteca a buscar lo que ella consigue en una computadora? Y como le explico todo lo que ha pasado en el mundo para que ella pueda tener esa computadora…

Son tantas cosas… GPS, iPods, blueray, artículos inalámbricos, aplicaciones, videojuegos, etc. los que son tan normales hoy en día, pero mas importante aun, la experiencia de haber vivido el proceso de pasar desde no tenerlos a depender de ellos, que necesitaría mas espacio para describirlos todos. Definitivamente, lo iré haciendo, pero por ahora, quien esto lee, puede dejar sus experiencias en este proceso de modernización… O de museización?