Archive for the ‘Muerte’ Category

Compartiendo con los Muertos

noviembre 4, 2016

Desde que llegamos a Mexico, el Día de los Muertos se nos presentó como un hito importante en las celebraciones del año. En la medida en que se fué acercando la fecha, más se veía la preparación al respecto. Y, en mi caso, recordaba la película de James Bond en la que una de las escenas se realiza en el medio de la celebración de esa festividad, lo cual hacía más interesante la oportunidad de estar presente en las actividades alusivas. En mi caso, pues realmente no estaba muy pendiente de la fecha. Por lo general el día de Todos los Santos es el que se me hacía más conocido, principalmente por los lunes bancarios por tal motivo, pero la verdad es que no había escuchado de la celebración del día de los muertos. Y, en la visión que tenemos los Venezolanos (al menos los que yo conozco) sobre el tema de los muertos, pues un día de celebración en su honor se me hacía algo como que muy triste, pesado. En mi caso, habiendo sufrido la pérdida temprana de mi mamá, se me hacía que iba a pasar por la misma depresión que me aturde en las fechas en que la recuerdo (cumpleaños, navidades, día de mi grado, etc.). Lo que veía de la tradición pues consistía en disfrazarse de los personajes típicos de la fecha, como los de la película “El Libro de la Vida“. Mi hija cambió su plan de disfrazarse de “Meivis” por “La Catrina“, y en la casa adornamos todo con lo típico. En la oficina me preguntaron si me anotaba para el concurso de altares, y mi respuesta fué que no tenía ni la menor idea de lo que eso era pero que me anotaba. El día del concurso se mezcló con la visita de los niños a pedir caramelos por Halloween, lo cal me confundió un poco, y tuve la oportunidad de ver los altares que hicieron por la ocasión (aunque el nuestro quedó en segundo lugar).

Entre lo que nos decían estaba que debíamos ir a un cementerio (Panteón) para ver lo que hacían el día de los muertos. Que si fuéramos a xochimilco, o a coyoacán de noche. Lo cierto del caso es que las circunstancias nos llevaron a Coyoacán, donde pudimos ver lo que es esta fecha para los Mexicanos. Por toda la ciudad pululaban los disfrazados de todas las edades y motivos, y en Coyoacán fué increíble el espectáculo. Unos altares realmente impresionantes, entre los que había uno dedicado a Juan Gabriel, otro a Chespirito con un Chavo y un Don Ramón de ultratumba franqueando la entrada; otro dedicado a los muertos en accidentes de tránsito por conductores bajo los efectos del alcohol; y muchos, pero muchos disfraces. Hacia la media noche tuvimos que irnos porque aparecieron personajes disfrazados como los que están en nuestras peores pesadillas, que de paso fueron los más populares, pero mi hija estaba aterrada. De acuerdo a lo que vimos, la costumbre es comer “pan de muerto” con chocolate caliente, lo cual hicimos en varias oportunidades durante el fin de semana.

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Mi Catrina con un pan de muerto en una presentación especial

Pero la mejor experiencia, la que me permitió entender mucho más la ocasión, fué el mismo día de muertos, cuando nos invitó una familia a compartir con ellos la comida. Llegamos y, como era de esperar, había un altar, frente al cual había mucha comida (que asumí era parte de la ofrenda para los muertos). Habían muchas velas, cada una con un nombre, y todo tipo de cosas: café en su taza; cigarros (algunos como su hubiesen fumado, otros en las scajas destapadas); frutas; dulces; ron; tequila. Al llegar, y mientras veiamos el altar, nos explicaron a quienes pertenecian algunos de los nombres de las velas. Eran sus muertos. Y cerca de cada vela habían las cosas que les gustaba en vida. Efectivamente, la comida que estaba frente al altar era parte de la ofrenda, pero también lo que ibamos a comer. Un condumio compuesto por Chicharrones en sala verde (picante); longaniza en salsa roja (picante); costillas de cerdo guisadas (supuestament no picante peeero…); pollo “encacahuatado”; arroz, tamales. Todo demasiado bueno, con un toque casero que, a pesar de no estar acostumbrados a los sabores, fue un manjar digno de reyes. Luego, nos dijeron que probáramos los dulces, que formaban parte del altar, por lo cual pregunté si no habría problema con los muertos, a lo cual me contestaron que ya no, porque habían pasado las 3 de la tarde y se habían retirado. Nos explicaron los dulces que habían, y que estaban colocados de una manera especial por algunas razones. Unos eran los dulces que les gustaban a la mamá de la dueña de la casa, quien antes de morir decía que escondieran sus dulces para que otro familiar que ya habia fallecido no se los llevara, por lo cual estaban escondidos, y así nos comentaron el por qué de muchos de los dulces y sus ubicaciones en el altar. Entre lo que comentaban estaba “el palo de los muertos”, colocado junto al altar con la intención de que se cargue de energía con la presencia de los muertos, para luego ser utilizado para barrer las casa y sacar las malas vibras.

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Parte de la decoración en la casa

Para mi, aparte de un honor y una gran impresión el poder ver cómo contaban de sus muertos con una emoción tremendas, fué un día de mucho aprendizaje. En mi caso en particular, pude caer en cuenta que aparte de los muchos momentos felices que uno recuerda de sus muertos, pues los últimos momentos con ellos son los que dejan la mayor impresión. Por lo general cuando hablamos de nuestros difuntos, pues denotamos tristeza y pesar; pero aquí se nota una emoción particular con la cual hablan de sus muertos, que más que tristeza denota añoranza, que se les extraña. En el camino hacia la casa donde íbamos pasamos al lado de un panteón (cementerio), y pudimos escuchar como una banda tocando música. Definitivamente algo que no es nada común en nuestra tierra.

La experiencia del Dia de Muertos resultó sumamente interesante. El vivir en carne propia las diferencias culturales es tremendamente instructivo, y en este caso, me permitió ver una dimensión distinta sobre este tema que, por lo general, resulta de tanto pesar para uno. Ya habiendo vivido lo que he contado, pues me siento preparado para celebrar el próximo año esta efemérides, claro, de este lado, a menos que Dios quiera que venga a llenar de energía el “palo de los muertos”…

Vivir con miedo de estar vivo

abril 19, 2015

Recuerdo aquellos días de mi niñez, en los que andaba solo, con mis amigos, jugando libremente por la calle. Recuerdo aquel 24 de diciembre cuando recibí de regalo mi bicicleta. Salía, solo, y me iba como 3 kms lejos de la casa, corría en mi bicicleta y regresaba. No se si mis padres sufrían pensando en las cosas que me podían pasar, pero a mi entender que me atropellaran era el mayor riesgo. En Trujillo, salia de la casa por lo general acompañado por mis amigos, y nos íbamos a la Virgen de La Paz en paseos de horas. Nunca, en esas soledades, pasamos ni un susto, mas allá de alguna aparición de las que supuestamente sucedían en las cuevas. Obviamente los tiempos cambian, pero esos cambios deben implicar la adaptación de las políticas de manera de al menos mantener el mismo nivel de vida de todos los ciudadanos.

Hoy en día, veo horrorizado como la violencia, el asesinato cobarde, nos llena la vida de episodios. Hasta hace algunos meses, se decía que los centros comerciales eran el único lugar seguro donde estar, pero ya ni eso nos queda. No hay sitio ni hora donde se esté a salvo de la muerte. No hay muerte buena, pero las que a diario están sucediendo en Venezuela, no pueden llamarse menos que cobardes, ruines, detestables.
Y lo peor es que los repartidores de muerte ya no respetan ni a quienes deben velar por evitarla: guardaespaldas, policías y militares son los blancos predilectos en esta lotería macabra en la que todos tenemos tickets. Abusando del ingenio de Saramago, la situación es tan trágica que hasta La Muerte terminará poniéndose en huelga.

En Venezuela nos hemos distraído con los temas políticos que manejan el gobierno y la oposición, pero, honestamente, nuestra situación ya no aguanta mas palabras, insultos, “hashtags”, ni mucho menos mas víctimas. Necesitamos, cada uno de nosotros, responsabilizarnos por nuestro futuro. Bueno, primero tenemos que rescatar el futuro, porque pareciera que el mismo es tan largo como la distancia que recorre una bala.

Qué hacer? Enseriarnos. Entender que no necesitamos un gobierno que aumente el cupo viajero; no necesitamos un gobierno que nos permita comprar 4 rollos de papel tualé a la semana; un gobierno que luche contra imperios ni invasiones de fantasía. Necesitamos un gobierno que gobierne, y eso solo lo tendremos con el voto y la participación cívica. Ese gobierno, de derecha, izquierda, centro o lo que sea, debe devolvernos la tranquilidad, debe asegurarnos que la probabilidad de regresar a la casa cada día, vivo, sea la mas alta del mundo! Ese, definitivamente, sería un muy buen comienzo.

Mientras, cada día seguiré escuchando a mi hija decirme cuando venimos en el carro “papá me voy a arropar para que los malandros no me vean, me avisas cuando salgamos de la zona peligrosa”, y yo seguiré rogando que no salga mi número, mientras soy testigo silente de los atracos que a diario suceden a mi alrededor, con las armas sangrientas que costaron quien sabe cuántas vidas.

La realidad de la vida es que desde que nacemos comenzamos a morir, pero nadie puede tomarse el derecho de contravenir los designios de la Gracia Divina.

Morir en dictadura

abril 6, 2014

Realmente nadie puede decir si morir es bueno o malo, excepto aquellos que han podido establecer comunicación desde el “mas allá” para echar el cuento. E incluso en ese caso, no se podría determinar si lo dicen sólo por no preocupar a sus interlocutores o por alguna otra oculta razón.

La muerte es parte de la vida. Apenas se inicia cualquier vida, se comienza a morir irremediablemente. El truco esta en contar con las oportunidades suficientes para que la muerte tenga las mínimas excusas para aparecer. Así, mientras mejores condiciones de VIDA se tengan, pues menor debe ser la probabilidad de enfrentar y sucumbir a la muerte. Así, en un país donde existe un sistema político que provee las mayores oportunidades de vivir, pues la muerte la tiene difícil para excederse en su milenario trabajo.
En Venezuela, lamentablemente es mas probable morir que mantenerse vivo. O dicho de un mejor modo: en lugar de disfrutar de la vida, se lucha y huye de la muerte. Cuantas personas son víctimas de muertes violentas? Vamos por casi 500 al mes. Quizás alguien me acuse de exagerado, corrigiendome porque en lugar de 500 son 250. Allá quien lo haga y su obscuro y rojo “positivismo”. Un derecho como lo es contar con las medicinas necesarias para tratar enfermedades tan graves como las coronarias o el cáncer, es violado impunemente por el gobierno enquilostado en Miraflores. No hay quien de razón de por que no hay los tratamientos médicos que se requieren, convirtiéndose ese hecho en la demostración de que es una acción voluntaria del gobierno, en lo que están siendo realmente eficientes. 4 veces han robado ya a una de mis amigas, lo cual la convierte en una sempiterna luchadora contra el destino y la muerte, dado que gracias a los mas de 20 planes de atención a la inseguridad, la vida vale menos, mucho menos que un teléfono, unos zapatos, unos lentes o simplemente tiene el valor de hacer sentirse Dios a quien arbitrariamente decide quitarle a un congénere la vida porque si. Todos los venezolanos vivimos conscientes de que si sobrevivimos a morir en la casa, es muy probable que esa despedida diaria de los miembros de la familia sea la última.
Ahora, además, corremos el riesgo de morir por insolación, pero no por estar en la playa ni disfrutando, sino en una cola para comprar lo que deberíamos tener como hasta hace 2 años, que simplemente íbamos a cualquier supermercado, mercado, bodega, mercal o cualquier otra forma de comercio y lo conseguíamos; otra forma de morir actual es por tráfico de productos de la pulpa del papel. Recientemente tuve casi que darme golpes con una dama que pretendía llevarse un bulto de papel toalé sin pensar en los demás. Luego de algunos intercambios de palabras, rompí el plástico y saque los paquetes que pude. Riesgo de ser linchado en el momento, o afuera si me encontraba con la dama y quizás miembros de su familia.

Ahora, buscando cambiar todo y mas de lo hasta aquí descrito, a diario muere gente en las protestas que se dan en todo el país. Se muere la gente como producto de participar en protestas pacificas, que son atacadas como si de invasores extranjeros se tratara. Peor aún, se atacan con la misma violencia y motivos que usa la delincuencia común contra las personas, lo cual convierte a los organismos de seguridad del estado en meros delincuentes, lo cual permite entender el por qué del rotundo éxito de este gobierno en cuanto a seguridad se refiere: un gobierno forajido no puede mas que valerse de delincuentes y malhechores para infundir miedo y perpetuarse en el poder. Pero, siempre se acaban esos gobiernos. Siempre sucumben ante la necesidad de sus miembros de expiar sus culpas. Y, como siempre, se impondrá la justicia con la misma vehemencia con que atacan y torturan a los valientes que se interponen en su camino.

Morir no puede ser bueno, a menos que sea por el cumplimiento de una vida plena. Morir no puede ser la salida, ni siquiera para quienes mas merecen ese destino, quienes deben someterse a las leyes del Hombre y pagar por cada decisión equivocada que tomaron, por cada consecuencia de su falta de humanidad.

Mientras tanto, los venezolanos seguiremos sometidos a esta reducción de la vida gracias al gobierno de turno, pero sumándonos a quienes se revelan contra esa circunstancia so pena de adelantar el fatídico momento. Pero siendo cuestión de probabilidades y teniendo todas en contra incluso sin hacer nada, mejor es sacrificarse por un futuro mejor, que esperar sentado el mismo destino.

Las intermitencias de la muerte

diciembre 15, 2012

El título de este artículo es copia fiel y exacta del título de uno de mis libros preferidos, obra excelsa de ese gigante de las letras como lo es José Saramago. Y el atrevimiento a tal “licencia literaria” obedece a que ese título encaja perfectamente con la situación que se vive en un país, cierto país, donde suceden cosas que ni la mente más atrevida podría llegar a escribir al respecto.

Para quienes no han tenido la oportunidad de leer el libro, el mismo trata (y Dios me permita no equivocarme en este trance) sobre las consecuencias que sufren los pobladores de un país, ante el hecho de que luego de algunos sucesos, la muerte decide ponerse en huelga.
En este otro país, la historia se relaciona con la muerte, pero con un toque de más dramatismo. Todo comienza cuando, para transformar la mentalidad de sus acólitos, se obliga a gritar, con fuerza, con ahínco, con bolas, “patria, socialismo o muerte”. En este país, donde los mejores chistes se cuentan en las casas que formalmente ocupa la muerte, lo cual termina prácticamente significando que la muerte no es más que un chiste, el colocarle ese tono de seriedad, de profundidad, no causó los mejores resultados. Al increpar a todo aquel que estuviera con el proceso a que era este o su vida, comenzaron a verse resultados en personas clave, con lo cual, luego de algunos casos importantes, incluyendo la interrupción del descanso eterno de los restos de quien resultaba ser la guia del proceso mismo, se decidió cambiar aquel funesto slogan por uno que no atrayera la mirada de la muerte. Y es entonces cuando, en un giro inesperado, en un pseudoclimax literario, surgió la posibilidad de que el líder, el que reclamaba a todos sus vidas en caso de no ser patriotas socialistas, se vio enfrentado a la posibilidad de verse de frente con la muerte misma.

Todo cambió. No fue lo mismo el exigir la inmolación ajena a cambio de sus ideas, que verse en el trance de dar la vida propia ante la dificultad para concretar el proyecto, para ellos, liberador. Así, y luego de anunciarse de manera muy sumisa, se hizo presente el anuncio de un posible encuentro, a lo Bolívar y Morillo, entre el caudillo y su par, La Muerte. En el proceso de avance hacia el terreno de batalla electoral, La Muerte se convirtió en un aliado de mucho peso. Porque al ver que las cosas se enfriaban, que el proceso sucumbía ante el asomo oportuno de sangre fresca, se hacía uso, no de La Muerte, sino de un elemento arriesgado, de mayor poder, como lo es la vencibilidad de la misma. Y así, comenzó esa danza macabra, donde ante la posibilidad de bajar en encuestas, lo cual significaría la pérdida de terreno ganado con el uso y la anuencia de La Muerte misma, surgía un Líder renovado, que volvía de las fauces mismas de La Muerte, demostrando que ni esa mil milenaria fuerza seria capaz de arrancarlo del camino de la consolidación de sus planes.

Y mientras en otros países, sus líderes se enfrentaban humildes al designio del destino, aceptando la posibilidad real de enfrentarla sin posibilidad de vencerla, este neo-paladín se impulsaba con la fuerza que da el convencimiento de que La Muerte no es más que un adversario, a quien, ante sus ojos y los de aquellos creyentes en su capacidad, vencería cada vez que fuera necesario. De esta manera, se hizo costumbre el usar la desesperanza de quienes lo admiraban y seguían, al anunciar una nueva lucha de su Líder con La Muerte, resultando que en cada round, aparecía aquella bota negra pisando la hoz en señal de triunfo, ante lo cual exigía el aporte de cada uno de sus seguidores, a quienes increpaba para que lo hicieran eterno en las urnas. Nuevamente, su estadía en la historia se fijaba en un elemento propio de La Muerte.

Para el momento más importante, en el que se jugaba el destino del proyecto, se presentó, inesperada como casi siempre, La Muerte para un round más. Debido a lo importante del trance, se mantuvo el encuentro cubierto de la vista del público de galería. Mientras se decía que había un empate técnico, de vez en cuando, muy eventualmente, salia el Líder a mostrar que iba ganando al menos en puntos.
Finalmente, el proceso venció. Los planes de perdurar en el tiempo se hicieron realidad, aunque aún faltaba un detalle más. No se tenía el resultado de aquel round iniciado. Se decía que una vez más había perdido la adversaria, sin embargo, los resultados oficiales seguían siendo un misterio. El silencio se hizo el cómplice de aquella batalla. Una vez más no se sabía nada de los resultados, hasta que aquel avión partió en el medio de la noche con destino por todos conocido.

La lucha continúa. Nadie puede desear que se pierda en un compromiso de tal envergadura, menos si lo que está en juego es el destino de un país y su gente. Sólo esperamos que, como cuentan los grandes poetas, el ver a La Muerte tan de cerca, lo haga más sabio y justo. Y que tenga mil años más para impartir justicia basado en su sabiduría. Quizas, de esa manera, La Muerte se fije otro objetivo. Quizás de esa manera, pase de largo en ese país donde a diario se le ve, convirtiendo sus intermitencias en absurda continuidad.