¿Cómo descubrir la madurez?


Recordando las pequeñas cosas que, como dice la propaganda de SONY, forman la actitud de uno, me vino a la mente el día que me robé un carro en mi casa. Aunque no se crea, yo en mis años de adolescente solo me robé el carro una sola vez. Por qué? Bueno, por una parte porque mi mamá siempre me amenazó que si se enteraba el peo iba a ser grande, y cuando en mi casa se hablaba de peos grandes, ERAN GRANDES. Por otra parte, porque siempre vi que todos mis amigos, y los allegados de la casa, que decidían robarse el carro de sus padres, terminaban al menos chocando, pero en la mayoría de los casos habían muertos y atropellados, producto del choque, etc.).

Lo cierto del caso es que un día había una fiesta en casa de una amiguita que me gustaba mucho. Era una fiesta de gala, quizás un cumpleaños. Nosotros vivíamos en la zona rental de una universidad, que estaba muy cerca de la casa donde era la fiesta. Yo, desde que comencé a manejar, a los doce años, siempre quise andar en carro, y mas en esos días en que la vía de escape de mi adrenalina no era otra que mis pies, ya que me gustaba muchísimo (y me sigue gustando) la velocidad. La diferencia es que en aquellas épocas el carro era el de mi papá, mientras que ahora es el mío. La diferencia? Pues que ahora yo pago las reparaciones, y soy yo el que se queda a pié cuando hay que hacerlas…

Retomando el caso, desde que me invitaron, (y así a cada fiesta), me imaginé llegando en el carro. Afortunadamente, para esa fiesta, estaba yo solo en la casa. Mi familia estaba de viaje (no recuerdo para donde), por lo cual me comenzó a hablar el diablillo en mi hombre, diciéndome que me llevara el carro. Total, la fiesta era cerca, por lo cual en mi mente el peligro se veía reducido ya que no tenía que andar mucho en la calle. Esperé hasta bien entrada la noche a ver si llegaba mi familia, y nada. Llegó un momento en que llegué a la conclusión de que si no habían llegado, ya no llegarían, por lo cual me entusiasmé y decidí llevarme el carro. La zona donde vivíamos, por ser dentro de la Universidad, estaba custodiada por unos vigilantes. Conociendo a mi papá (y como el me conocía a mi), era posible que hubiese dejado instrucciones de que no me dejaran salir en el carro. Esa era la primera barrera a pasar. Llegué a la puerta de la universidad. Estaba cerrada por la hora, por lo cual vi (en cámara lenta) como se me acercaba el vigilante. Pensé que me iba a decir que no podía salir. Pero no, iba era a abrir la puerta. La abrió y salí. Mi adrenalina acumulada había sido disminuida en gran cantidad. Me dirigí a la casa, llegué, y me estacioné lo más cerca posible a la puerta para que las muchachas vieran que cargaba carro. Ahí comenzó mi suplicio…..

 

En lo que llegué, me recibieron los padres de la chica. Por supuesto que fueron los primeros en verme llegar en el carro y manejando, a pesar de ser menor de edad y por supuesto sin papeles. Al ver que me hicieron el comentario, me di cuenta de mi error. Ya era seguro que mis padres sabrían de mi nueva aventura, de mi nuevo invento. Luego, comencé a pensar en que podían robarme el carro, y lo que representaría en mi vida ese hecho, por lo cual me ubiqué en un sitio desde donde tenía vista directa al mismo. Por ultimo, pensé qué pasaría si se retrasaron por alguna razón, y si llegaban y no veían el carro en la casa. Como se podrá imaginar el lector, hubiese sido preferible irme de la fiesta, o mejor dicho, NO HABERME LLEVADO EL PIAZO DE CARRO ESE. No disfruté nada, lo que pensé que iba a ser un momento de gloria, se convirtió en todo lo contrario. La fiesta estaba buenísima, pero yo ya no podía mas con el remordimiento, así que sin que se dieran cuenta, me fui de la fiesta (debo confesar que con eso esperaba que se le olvidara al amigo de papá que me había ido en el carro). Pero, como en casi todo lo que me pasa a mi, ahí no terminó el cuento. Por supuesto que al llegar a la puerta de la universidad, después de andar como a 5 KM/h para que ni siquiera le fuera a pasar algo a los cauchos por fuera, se me ocurrió la genial idea de preguntarle al vigilante si habían llegado mis padres. El tipo me dijo que si, que había visto entrar la camioneta (teníamos una wagoneer). Dios mío, era lo que me faltaba. De la puerta a la casa hay un trayecto corto, de no más de 5 minutos. Fueron los 5 minutos mas largos de mi vida hasta ese momento (después vinieron otros más largos aun). Pensé en todas las opciones que tenía para justificar el hecho punible: me obligaron, me secuestraron, extraterrestres, pero nada, sabia lo que me esperaba.

 

Cuando estuve cerca de la casa, me convertí en superman. Mi vista se convirtió en un largavista, con visión nocturna e infrarroja. Para mi salvación, no estaba la camioneta, y todas las luces estaban apagadas. Por supuesto, podría ser que al no ver ni al carro ni a mi hubiesen salido a buscarme, a la policía, al hospital 8ª mi mama le encantaba lo de decir que iba a buscarme en el hospital), de manera que me asusté mas. Aceleré y llegué a la casa. Abrí sigilosamente, por si acaso estaban dormidos, no despertarlos, pero no, no estaban. No habían maletas, NO HABIAN LLEGADO.

 

Este escrito lo titulé ¿Cómo descubrir la madurez?. Pues bien, hoy en día veo que fue un error lo que cometí. Que de verdad no debí hacer eso por todas las implicaciones que pudo tener el hecho, pero, Y QUE SE HACE CON UN FLUJO INCONTENIBLE DE ADRENALINA??? He descubierto que me llegó la madurez, pero no he descubierto aun como controlar la adrenalina, por lo cual, a pesar de mi madurez (suponiendo que de verdad la tengo), de vez en cuando cometo algunos actos llevado por la adrenalina, Y LO DISFRUTO COMO NO TIENEN UNA IDEA!!!!

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Un viaje que no olvidaré (II y final)


Bueno, después de haber recorrido todo el camino desde Ortiz hasta el Terminal de Maracay, pasando por San Juan de los Morros, pensamos que habíamos pasado lo peor…

 

Al llegar al Terminal de Maracay, lo primero que observamos fue una situación que parecía otro país (al menos para nosotros que ni habíamos visto algo así ni nos imaginábamos que existía). Locos como arroz pica’o; pobreza, pordioseros, y cualquier otra cosa fue lo que nos conseguimos. Eran alrededor de las 9 de la mañana, y ante lo que veíamos (de lo cual ya formábamos parte desde el momento en que nos bajamos del bus), decidimos correr. Buscamos el pasillo donde estaban las ventas de boletos de bus. Preguntamos a ver cual era el primer bus que salía a Puerto la Cruz. El próximo salía a la 1:30 de la tarde. Buscamos en todas las ventas de pasajes, y nada. Preguntamos por busetas, por carritos, y nada, de manera que no nos quedó otra que comprar nuestros dos pasajes para la 1:30 pm. Tratamos de buscar algo que comer, pero en serio a donde íbamos había un loco. Hoy en día trato de recordar y no se si eran muchísimos locos o era el mismo que nos perseguía. Locos de ambos sexos, pordioseros, de verdad que era algo dantesco. En ese ambiente, nosotros, los recién casados, estuvimos esperando alrededor de 4 horas. Nos movíamos de asientos. Cuando teníamos minutos en uno llegaba un loco, y debíamos correr. A veces por la actitud, la mayoría por el olor… Total que llegó la hora y el bus fue nuestra salvación. Por supuesto fuimos los primeros montados en el bus. El mismo salió como a las 2 de la tarde.

 

El viaje en el bus fue como cualquier otro, excepto por el hecho de que había un problema en la carretera principal, por lo cual debimos ir por una carretera alterna, con una cola endemoniada, que nos hizo llegar al Terminal de Puerto la Cruz a las 12 de la noche. Salimos corriendo (en este viaje casi todo el tiempo anduvimos corriendo), tomamos un taxi en un Terminal íngrimo y solo, y enfilamos hacia el Terminal del ferry. Resulta que mi mamá había comprado pasajes en el nuevo ferry, en la sección VIP, para que disfrutáramos de ese viaje como parte de nuestra luna de miel. Al llegar y explicarle al señor de la boletería nuestro caso, nos presentó dos opciones: o nos íbamos en el ferry de la una (que estaba por salir), pero que era el tradicional, sin VIP ni nada, o nos esperábamos hasta las 6 de la mañana que salía el ferry nuevo, y podríamos irnos en nuestro VIP. Si decidíamos irnos en el de la una, no había retorno de dinero. Pensamos (ya nos costaba un poco por el cansancio, por 18 horas de viaje), y decidimos esperar el de las 6. Total, por una parte no era la primera vez que me quedaba en ese Terminal. Era seguro, había baños limpios y un barcito que abría las 24 horas. Por otra parte, teníamos que llegar a margarita, tomar un taxi a playa el agua, y ver que pasaba con nuestra reservación, puesto que llegaríamos el miércoles de madrugada, cuando debimos entrar el lunes. Nos quedamos. Me compré unas cervezas. Vimos televisión en la sala de espera, y al final nos sentamos en la parte de afuera, muy cerca de la orilla del mar, a esperar.

 

Dormimos (al menos yo, que no necesito mayores comodidades para ello, o mejor dicho, creo que tomé cervezas de mas para que me ayudaran a descansar), y a las 5 y tanto estábamos entrando al ferry. 24 horas después de salir de Ortiz, estábamos por fin acomodándonos en la sala VIP del ferry, donde me ofrecieron jugo de naranja, whisky, y cualquier cosa lujosa. Vimos el amanecer, y de verdad se nos salieron las lágrimas al vernos. Dormimos todo el camino (2 horas), y al llegar tomamos un taxi directo a la casa que teníamos allá, donde había un carro que íbamos a utilizar en nuestra estadía en la isla. Llegamos y las cosas cada vez pintaban mejor. Ya en el lobby del hotel, era difícil recordar por lo que habíamos pasado, e incluso a quienes habíamos dejado. Nos atendieron, y después de algunos minutos de espera, nos indicaron que podíamos ir a nuestra habitación. Una cabañita muy cómoda, con un baño blanco y limpio que lucía a nuestras vistas como de propaganda. Una cama como la que teníamos mas de 3 días que no veíamos, y una comodidad absoluta. Aire acondicionado, piscina al frente de la habitación, UN PARAISO. Nos acostamos y dormimos. No se cuanto, lo cierto del caso es que de repente mi esposa me llamó, ya lista para la playa, y me dijo que quería aprovechar cada segundo en la isla, y que nos fuéramos a la playa. Salimos, y era un espectáculo el poder estar allí después de lo que habíamos pasado. De ahí en adelante, todo fue como inicialmente debió ser.

 

No puedo terminar esta historia sin comentar que fue lo que pasó con mis padres. Llegaron el viernes de esa semana, en horas de la tarde. La caja de velocidades del carro hubo que reconstruirla, y decidieron venirse con la caja recién hecha. Hubo un tormillo gigante que nunca supimos de donde salió, pero que nunca hizo falta. Y lo peor del caso es que nos tocaba a mi esposa y a mi regresarnos hasta Mérida en ese mismo carro… Semana y media después de nuestra llegada, nos tocó mudarnos a la casa. En el ínterin, invitamos a una de mis cuñadas a que nos acompañara en el viaje, así que llegó, y a falta de puesto, nos quedamos los tres en el mismo cuarto.

 

Hoy en día, recordando todo lo que pasamos, de lo cual quizás no puedo expresarlo por completo con estas palabras, pienso que era una de las tantas situaciones (en este caso la primera) a la cuales se ve uno sometido en un matrimonio. Han surgido muchas otras aventuras, y todas con finales felices (a pesar de que el camino hacia esos finales, en algunos casos, fue bien difícil). Al recordar a mi mamá me da mucho sentimiento, ya que lamentablemente, un año después de esto murió. Pero su recuerdo, entremezclado con los míos, ahora siempre estarán disponibles para ser revividos.

 

Y GRACIAS A DIOS QUE MI ESPOSA ES LA QUE ME TOCÓ!!!!! (a pesar de que ella piense que yo pienso lo contrario)

Un viaje que nunca olvidaré (I)


El día 1ro de Julio del 2000 me casé. Debido a que en esa época aún estudiaba en la universidad, pues nuestra luna de miel debió posponerse hasta después de finalizar el período de clases, y específicamente después de presentar y tratar de pasar la materia Elementos de Ingeniería Eléctrica. De hecho, yo me casé por el civil un día viernes, por la iglesia el sábado, y el lunes presentaba un examen, ya que mi queridísimo profesor Mario XXXXXXXXX le pareció simpático que tuviera que estudiar para ese examen sin falta (Y LO PASÉ!!!!). Lo cierto del caso es que para nuestra luna de miel, planificamos irnos a finales de mes. En ese entonces, yo tenía un volkswagen, por lo cual el plan inicial era irnos en el fiat de mi mamá, que por supuesto era más cómodo. Nos íbamos para Margarita, donde íbamos a estar 15 días en el resort Playa el Agua, y 15 días más en el apartamento que tenían mis padres allá. Con el paso del tiempo, mi mamá se entusiasmó de irse también para margarita, y al final resultó que organizó todo (siempre lo hacia), de manera que nos íbamos juntos mi padres y nosotros a nuestra luna de miel. La fecha del viaje quedó establecida para el 30 de Julio, fecha en la cual se realizaban las elecciones generales, las primeras de la nueva constitución (todas las anteriores fueron referenda), de manera que el plan era salir de Barinas, después que mis padres depositaran su voto. Así lo hicimos. De hecho, mi hermano salio temprano a revisar el aceite y los cauchos del carro en el cual iríamos (el corolla de mi tía), y todo estaba bien. Ellos fueron, votaron, y regresaron, de manera que salimos a eso de la 1 de la tarde, con el plan de dormir en la carretera, o quizás llegar hasta puerto la cruz (siempre lo hacíamos así). Nos iríamos por la vía del llano, para evitar la entrada a caracas (por otro cuento que echaré oportunamente). Salimos, y todo iba bien. A la altura de Guanare, comencé a sentir que el carro hacia unos “extraños”, pero no era nada del otro mundo. De repente parecía que las velocidades (el carro era automático) no hacían los cambios bien, pero no era nada raro, iba a buena velocidad (siempre he viajado a mucha velocidad), y en general todo estaba bien en el tablero del carro. Eran las 6 de la tarde cuando ya íbamos bien adentrados en la carretera del llano. Una de las características de esta carretera es su soledad. Por esa hora, en la mitad de ninguna parte, con el sol ya caído sobre el horizonte y las sombras a nuestro alrededor, de repente el carro se quedó como en neutro. Todos nos quedamos en silencio, y no cundió el pánico. Me paré, y junto con mi papá nos bajamos, abrimos el capó del carro, y revisamos…. Todo bien! Esperamos un poco, prendimos el carro y el mismo arrancó en forma normal.

Seguimos nuestro recorrido, por supuesto más lento, pero obviamente todos nerviosos. La noche ya se había hecho presente en esa carretera donde de verdad no hay nada en kilómetros. Al rato, el carro volvió a quedarse en neutro. Esta vez, debido a la oscuridad, no nos bajamos. Apagamos el carro, esperamos otro rato (los segundos eran infinitos), intentamos, y seguimos, esta vez mas lento aun. A todas estas, mi esposa iba atrás con mi mama, y yo adelante con mi papá. Ya la conversación era distinta, ya se notaban los nervios. Al pasar de unos minutos, volvió a suceder lo mismo… nos paramos, esperamos, tomando esta vez el tiempo que debía transcurrir, e intentamos hasta que arrancamos de nuevo. Para hacer el cuento corto, la caja echó el tiro. El carro andaba 2 minutos, y se quedaba en neutro, y había que esperar como 3 minutos para volver a intentarlo. Esta prendedora y apagadera del carro podía significar que la batería fallara en cualquier momento, y de paso, lo repito, estábamos en la mitad de ninguna parte. Cada vez que el carro se paraba, lo apagábamos y no prendíamos ninguna luz para ahorrar la carga de la batería. En esos momentos, la oscuridad era hiriente. No se veía más allá de 5 centímetros de la cara. Recuerdo que a mi papa le habían regalado una botella de whisky muy fina por esos días, y el se la llevaba para disfrutarla en margarita. En algún momento se le ocurrió sacarla, y todos nosotros bebimos de ella. De hecho, hasta mi esposa se entusiasmó, para ver si pasaba el mal rato. Nos la bebimos y aun andábamos con la falla. Por allá como a las 10 de la noche, conseguimos un kioskito donde vendían aceite para carros. Compramos aceite, le echamos pensando que esa podría ser la falla, pero nada, todo seguía igual. Intentábamos con el celular, y nada, no había señal tampoco por esos lares olvidados de Dios. Como a las 11 de la noche (recuerden que venimos con la falla como desde las 6), vimos unas luces muy a la distancia. Era el peaje del sombrero. Intentamos llamar y a duras penas conseguimos comunicarnos con el 911 de telcel. Pedimos auxilio, una grúa, pero nos indicaron que donde estábamos (que veíamos el peaje) estaba fuera de la zona de cobertura de las grúas, y que debíamos llegar al peaje para que nos remolcaran. Fueron los minutos más desesperantes que recuerde hasta ese entonces. Tardamos hora y media en llegar. Al llegar, llamamos de nuevo, pero nos dijeron que no habían grúas, y que por la hora debíamos esperar hasta la mañana. Al estar en el peaje, decidimos dormir allí mismo, los cuatro, en el carro.

 

Los mosquitos eran insoportables. Escasamente teníamos agua (quizás del hielo de una cavita con la que siempre viajábamos), pero amanecimos al menos al resguardo de la guardia nacional, y con un baño cerca. Al amanecer, muy temprano (las 6 de la mañana), llamamos pidiendo la grúa con lo que quedaba de batería en el celular. Nos la enviaron y nos llevaron hasta el pueblo de Ortiz, como a una hora de San Juan de los Morros. Mi papa habló con el de la grúa, y por la falla nos llevaron al taller de la persona que trabajaba de mecánico en el pueblo. Para referencia, este pueblo fue la inspiración para el libro “Casas Muertas” (y entendimos por qué).

Resultó que el taller del mecánico recomendado era bajo una mata de mango, con el suelo de arena… Que más, no había opción. Nos dejaron allí y esperamos que desarmaran la caja y nos dieran un veredicto. Mi mama sentada en una sillita que nos prestaron y nosotros como podíamos. Nuestras caras eran de muerte, pero ahí estábamos. Mientras desarmaban el carro, para lo cual creo que tuvieron que ir y pedir gatos prestados, mi papa preguntó por un hotel en el pueblo, y nos dijeron donde estaba el único. Que más, nos fuimos mi esposa, mi mama y yo a buscar una habitación. Dado el hecho de que se supone que mi esposa y yo estábamos de luna de miel, el plan era pedir dos habitaciones. Hablamos en la “recepción”, y nos encontramos con la sorpresa de que debido a las elecciones, los partidos habían movilizado gente para votar, y no había nada desocupado, pero que ya la gente estaba saliendo. Les pedimos efectivamente los dos cuartos, y que regresaríamos en un rato a ver si estaban desocupadas. Antes de salir, nos avisaron que había una vacía. Decidimos que la agarraríamos mientras se desocupaba la otra. Cual será nuestra sorpresa cuando entramos a la habitación…. Era una habitación enorme, donde habían dos camas matrimoniales y dos literas. El estado era realmente deprimente. Ni siquiera nos miramos y entramos con los bolsitos que habíamos destinado para cargar ropa para el viaje, ante la eventualidad de que nos quedáramos en la carretera en caso de estar muy cansados, ya que nuestro ferry salía el día lunes en la noche, tiempo suficiente para llegar con calma. Al sentarnos en la cama, la misma casi pegó al suelo… y ni hablar de cuando entré al baño; bañarse allí descalzo era salir con un sembradío de champiñones en los pies. La situación era realmente caótica, pero todos nos hacíamos los locos. Vino mi papá con las noticias de que habían sacado la caja y estaba destrozada. Cuando vio la habitación, no hizo mas que reírse. En todo el proceso llego el mediodía, y ya era evidente que debíamos quedarnos allí. La caja debía ser llevada a San Juan de los Morros y quizás a Maracay, lo cual llevaría mucho tiempo. Mientras, cuando fuimos al restaurante del hotel, al ver la situación, mi esposa decidió que no iba a comer nada. Y de verdad que la entiendo. Para suerte (¡!) de nosotros, había una arepera 24 horas cerquita, de hecho era la única en el pueblo, donde se paraban los buses de noche a recoger a la gente de paso a otros lares. Mi papá y mi mamá se fueron a ver lo de la caja, y mi esposa no hacia más que llorar, aunque trataba de evitarlo. La situación era bien comprometida, pero ahí estábamos, y no me atrevía a dejar solos a mis padres. Llegó la noche, y el veredicto final del mecánico: hay que reconstruir la caja. Escasamente pudimos dormir, pero allí estábamos. Al día siguiente seguimos entre el hotel y la arepera, esperando que pasara el tiempo. Mi papa se fue a San Juan de los Morros a ver por la caja del carro. El día fue sencillamente horrible. Llanto de mi esposa, mucho aguante de mi mama para no derrumbarse, y yo en el medio sin tener ni la menor idea de qué hacer. En la tarde llego mi papa sin noticias nuevas. Entrada la noche me llamo aparte y me dijo “hijo, ustedes no pueden seguir aquí, es mejor que se vayan”. Yo me vi enfrentado a la decisión de llevarme a mi esposa de allí dejando con ese paquete a mis padres solos, o quedarme quien sabe cuanto tiempo más e irnos todos. Mi papá me insistió en medio de unas cervezas que sabían a gloria: “hijo, váyanse ustedes para que recuperen algo del tiempo que les queda de resort, y nosotros llegamos allá en lo que podamos”. Recordé la cara de mi esposa y la de mi mama, y tomé la decisión de que nos íbamos.

 

De todas las maletas (con ropa para un mes, ya que íbamos a disfrutar y no a comprar), sacamos lo mas importante y lo metimos en un morralito. Preguntamos como hacer para llegar desde ahí hasta Puerto La cruz. había que pararse muy temprano, para agarrar una buseta hasta el Terminal de San Juan de los Morros. De ahí, tomar un bus hasta Maracay o Valencia o La Victoria, y de ahí otro bus a Puerto La cruz. Decidimos que lo haríamos…

 

Al día siguiente nos paramos muy pero muy temprano. A las 6 de la mañana estábamos en la calle principal del pueblo con mi papa esperando que pasara una buseta hacia San Juan de los Morros. Era una escena muy triste, Nadie hablaba, y lo poco que nos decíamos eran bromas destinadas a suavizar el momento. Por fin vino una, la paramos, nos despedimos y nos metimos en la aventura. Fuimos parados como por una hora, hasta que llegamos al Terminal de san Juan de los morros. La idea ahí era agarrar el primer bus a algún Terminal grande, y la suerte nos acompañó por el hecho de que apenas llegando había un señor gritando “TERMINAL DE MARACAY SALIENDOOOOOOO”. Saltamos de la buseta y nos metimos en ese bus. Luego de unos 45 minutos, estábamos los dos en el Terminal de Maracay. Pensamos que ya estábamos en la civilización, y sentimos que podíamos estar tranquilos, pero estuvimos equivocados……

 

Continuará!

Regreso a la normalidad


Después de prácticamente un mes sin escribir, me estoy preparando para regresar a la actividad. El motivo, pues mi mudanza a la Gran Ciudad de Caracas, lo cual ha sido un poco desestabilizante, más de ninguna manera traumático. Mucho tiempo pasé pensando en la oportunidad, pero no fue suficiente todo lo malo que me imaginé y lo que me dijeron para evitar mi viaje de conquista. Hasta ahora, ha ido todo razonablemente bien, y de cualquier manera, todo lo que me pasé se convierte, en un tiempo suficientemente largo, en material para este blog, así que después de retomar el camino, seguiré en este proyecto de registrar lo que va siendo mi pasar por este mundo.

 

Recientemente estuve en una reunión familiar. Aparte del hecho de que desde hacía muchísimo tiempo no se daba un evento de ese tipo, debo confesar que las cosas que he escuchado y vivido son suficientes para consumirse todos los megas disponibles para blogs en el mundo, así que prepárense los ávidos lectores de este pichón de escritor, pues lo que viene es CANDELA!

 

Gusto en regresar al medio, y con mas ganas y sobre todo cuentos que nunca!!!!

Las dos vidas que salvé


Con esto de buscar temas para mantener el interés en los visitantes al blog, me puse a pensar en los eventos significativos de mi vida, de donde seguramente podría obtener algo de inspiración. Mientras los recorría, se me ocurrió la idea de ir interrelacionándolos para ver si podía ahorrar tecleo, y me llegaron estos dos relatos, que espero disfruten.

 

Desde muy pequeño fui Boy Scout, principalmente en el Estado Trujillo. Pase de lobato a scout, mi promesa, las excursiones y los campamentos, todo con miras a pasar a la próxima etapa. Como todos en ese entorno, me esforzaba mucho por ser el mejor. Logré convertirme en miembro de los barras blancas, es decir, formé una patrulla (la cobra), y me gané el puesto de sub-jefe de patrulla (claro, el jefe fue el de la idea, y en ese momento, hasta a ese nivel, todo era meritocracia y rosca), pero seguía con el empeño de ser el Jefe de la patrulla. Religiosamente (quizás lo único que hacia religiosamente y a gusto por esos días) preparaba mi uniforme, y me encargaba de que mi mamá me planchara la camisa (en esa época era la camisa, la pañoleta, y de resto pantalón azul, que por lo general era un jean), para ir impecable a mi reunión sabatina, o a la actividad de turno. Nada mejor que un 5 de Julio, cuando nos tocaba desfilar uniformados, y en formación más rígida que la de los militares. En las excursiones y los campamentos de barras blancas, llegábamos a sitios donde mas nadie iba. Nos exigíamos al máximo. Sin mentir, la vida del grupo, en muchas ocasiones, dependió de que uno recordara que nudo hacer para construir un puente, o para rescatar a alguien que pisaba mal en un risco (una peña, la llamábamos) y se caía, y en forma instantánea había que tomar las acciones que condujeran a su rescate.

Pues bien, en ese entorno, un sábado de cuya fecha no puedo recordarme, sucedió que alguien detectó que por debajo de la puerta del baño estaba saliendo sangre a montones. Por supuesto que nadie le creyó al denunciante. ¿Cómo iban a salir montones de sangre por debajo de la puerta un baño, el baño de la sede de los scouts, en un sábado donde estábamos reunidos los lobatos, los scouts, los rangers y los dirigentes?. Pues bien, a nuestra patrulla se le encomendó la misión de ir a ver eso, quizás con algo de malicia pues como no podía ser cierto, nos querían tomar el pelo. Por supuesto que nosotros fuimos con la mayor seriedad que requería una misión como cualquier otra. Menuda sorpresa nos llevamos cuando vimos que efectivamente, la sangre ya no solo pasaba por debajo de la puerta, sino que pasaba el pasillo del patio (quizás unos 90 cm.) y se acumulaba en el jardín. Nos tuvimos que organizar, era lo que siempre habíamos esperado: una emergencia real!!!. En cuestión de segundos nos asignamos misiones. Unos irían a avisar al resto, otros tratarían de abrir (o tumbar de ser necesario) la puerta, y a mi me tocó el grupo que debía ir a avisar de inmediato a las autoridades, en este caso, a los bomberos. Considerando que para esa época yo pesaba (mi contextura no ha cambiado mucho, pero relativamente estoy mas flaco) unos 110 kilos, con mis 180 cms de altura, no se creía que pudiera yo ir lo mas rápido posible, o tan rápido como se requería. Era cuestión de vida o muerte (y era en serio!!!), y me tocó estar a la altura de las circunstancias. El cuartel de los bomberos quedaba a no menos de 4 cuadras en línea recta a donde estábamos. Éramos dos los que debíamos ir, así que yo arranqué. Corrí como nunca hasta ese momento lo había hecho. Sentía como el viento chocaba en mi cara. Pensaba que ni Carl Lewis era tan rápido como iba yo en ese instante. Y de verdad llegamos en un tiempo record. El único detalle es que mi esfuerzo fue tan grande que no podía ni hablar, pero gracias a Dios los Scouts trabajamos en equipo, y mi compañero, que era flaco y atlético (pero que nunca me pudo ni alcanzar) pudo darle sentido a los sonidos que en forma entrecortada salían de mi boca.

La recompensa: nos montamos en la ambulancia, y recorrimos el camino de regreso con sirena encendida y todo. Ya habían sacado a la victima. Era la Akela, que es quien dirige y orienta a los lobatos (niños menores de 8 años), que se había intentado suicidar, porque tenia problemas con su pareja, que era Baloo (el compañero de akela en la dirección de los lobatos), que parece que la iba a dejar.

Akela se recuperó. No sé si realmente Baloo la dejó o no, pero si se que gracias a nuestra intervención salvamos esa vida…

 

 

Este primer relato me conduce inmediatamente a muchos años después. Yo era estudiante en la Escuela Técnica Industrial de Barinas. Contaba con unos 17 años, cuando me tocó hacer mis pasantías. Como era del área de Electricidad, conseguí trabajar en una empresa de mantenimiento de aires acondicionados que daba servicio a la UNELLEZ. Por ser mis padres profesores en la misma, nosotros vivíamos en un pequeño campus dentro de la misma universidad. Un buen día, llegó la noticia de que debíamos ir a atender algún problema en una de las cabañas donde yo vivía, que era nada mas y nada menos que la cabaña donde vivía Susanita. Susanita era una chica de mi edad, exageradamente exuberante (me gustaba como loco), de la cual estaba realmente enamorado. El problema era que ella nunca me aceptó por mas que le insistí (cosa de la cual se arrepintió y me lo confesó años después). Ella vivía con su mamá, un hermano (de unos 11 años), y una hermanita (de unos 8 años). El hermano de Susana, que se llama Fernando, tenia un perro. Bueno, eso no puede llamarse perro, era una bestia, una combinación de oso con lobo y pastor alemán. Un perro que jamás dejaban suelto, porque eso implicaba que mordiera a alguien y se formaban unos líos tremendos. Por ello, ese perro siempre estaba MUY BIEN amarrado. Lo sabia porque era vecino de ellos. Lo sabia porque siempre iba a casa de Susana a visitarla. Lo sabia porque si algo era seguro, es que no dejarían suelto a ese perro.

Al llegar a la casa, al frente de la mía, en lo que los técnicos con los que iba vieron al perro, me dijeron que ni loco se bajarían del carro hasta asegurarse que el perro estaba bien amarrado. Como yo sabia que ese perro SIEMPRE estaba amarrado, quise ganarme algunos puntos de respeto, al decirles que yo me bajaría del carro. Por supuesto que ellos hasta ese día no sabían que yo vivía en la casa del frente y que conocía todo acerca del perro (y especialmente de Susana). Me bajé, y para ponerle más emoción a la cosa, y ganar mayor respeto, en lugar de pasar por el lado contrario al perro, decidí pasarle por todo el frente, cerca, a centímetros del asesino animal. Iba seguro, pensando en el respeto que me tendrían, cuando escuché el peor sonido de la historia de mi vida: el de la cabuya del perro soltándose. De ahí en adelante, como pasa en las películas, todo se puso en cámara lenta. Vi como subían los vidrios de la camioneta los técnicos que me acompañaban. Vi como el perro se me venia encima, y vi el camino que debía tomar para tratar de huir. Para ese entonces, contaba con un peso de no menos de 130 kilos (estaba realmente gordo), por lo cual se me vino a la cabeza que no tendría oportunidad de correr y huir del animal. Espere milésimas de segundo a ver si alguien, por el amor de Dios, me ayudaba, pero nada. No me quedó otra que correr, correr como nunca…. Corrí, corrí y corrí. El terreno no era plano, de manera que conseguí todos los huecos. A medida que corría, sentía como el perro me lanzaba los mordiscos, los cuales rozaban mi pantalón en Bendita sea la parte. Esto se repetía, mientras yo corría mas rápido que Carl Lewis (de verdad que lo admiro aun), al tiempo que trataba de mantener el equilibrio mientras alguno de mis pies (convertidos en alas) caía en algún hueco o desnivel. Pensaba que si me caía, la muerte era segura, pero ya no podía seguir corriendo. Había corrido más de 200 metros, y ya mi cuerpo no daba para más. Con lo ultimo de fuerza que me quedaba decidí enfrentar mi destino: detenerme y pelear de tu a tu con el perro, y que el destino decidiera quien saldría beneficiado con la vida y quien con la muerte. Me detuve, y también lo hizo el animal. Me di vuelta, cerré los puños (ni pensar en patadas, no sentía nada de la cintura para abajo), y me enfrenté a la bestia. El muy bendito perro se me quedó mirando, y simplemente se dio la vuelta y se regresó al sitio donde estaba acostumbrado a estar amarrado.

Por supuesto que en ese momento mi primera acción tenía que ser caer desmayado por el cansancio y el susto, pero recordé, y de hecho vi, que estaban los técnicos en el carro viendo el espectáculo. Por supuesto que hice de tripas corazón y comencé a recorrer el camino de regreso. A medida que regresaba observaba que el perro estaba suelto, pero inmóvil del cansancio en su lugar de siempre, y en la camioneta, Dios Mío, dos seres humanos que no podían estarse quietos de la risa que tenían… Me monté, aguantando las bromas que me hacían, y nos retiramos del lugar. Solo la lechina que me dio días después me salvó de la mamadera de gallo diaria y continua a la cual me veía sometido… pero salvé, una vez más, una vida: LA MIA!!!!!!

Con respecto al perro, resultó que la hermanita de Susana lo había amarrado la última vez, por lo cual se desamarró en lo que le pasó el primer pendejo mas cerca de lo que debía. Y por supuesto que después de tantas burlas, y de decirme que solo a un loco se le ocurría pasarle a ese perro tan cerca, les confesé lo que ya mencioné, que es que yo vivía al frente, etc…

 

 

A quien crea que estos relatos los estoy inventando, o que de alguna manera les estoy dando un toque poético, está equivocado. Las cosas sucedieron tal cual las relato, y son parte de las cosas que me han sucedido, y que iré relatando, en la medida de lo posible, por este medio.

 

No recuerdo mas vidas salvadas…pero si muchas otras situaciones.

¿Para qué un Blog?


Hoy estaba conversando con un amigo por el Messenger, y salio el tema de los blogs. De hecho, como quien no quiere la cosa, le pregunté: “y tu no andas en la nota de los blogs?”. Su respuesta no se hizo esperar: “no, pero si me lo estas preguntando, es que seguro ya tu tienes uno”. Pues si, le respondí, y comenzamos a intercambiar ideas acerca del tema de los blogs. El me dijo que yo ya era uno mas de los que hacen su vida pública, y yo, de alguna manera, comencé a justificarlo. Para hacer el cuento corto, al final, me dijo que esto era algo que requería mucha dedicación, y que por ello no tenía uno. En el ínterin, comencé a imaginarme a algunos miembros de mi familia con un blog, y de verdad que la pasé muy bien pensando en ello e imaginándome las cosas que escribirían (y con la ayuda de mi amigo en algunas ideas de personas que conocemos ambos, la cosa estuvo mejor).

Pero bueno, la pregunta es la del título: ¿Para qué un Blog?. Bueno, estoy seguro que podria obtener millones de respuestas, ya que cada persona que tiene (al menos) un blog, su razón tendrá. Seguramente algunas razones serán mas de peso que otras, pero a la final, siempre tenderán a la misma respuesta. Por ahí leyendo (aprendiendo blog-logia), encontré a alguien que decía que esto viene a sustituir lo que antes eran (o pretendieron ser) las paginas web, con la mejora de que permiten, de acuerdo a la intención del administrador del blog, mayor interacción. A la final me pareció que era algo así como un super libro de visitas, con mas ventajas. A medida que voy participando en los blogs que voy conociendo, se me va haciendo mas claro por que quiero un blog. En medio de la explicación (o justificación a esas alturas de la conversación) que le daba a mi amigo (ya ven por qué lo mencioné al comienzo), le dije que no me gustaba tener un blog temático (creo que se dice asi) sobre política, y que definitivamente no quería hablar nada acerca del trabajo, asi que lo unico que quedaba era hablar de lo que le pasaba a uno en los escazos minutos entre las convivencias con la politica, y las horas de trabajo. Pero ademas pude ver que uno (al menos yo) en un punto muy básico solo hace tiene 3 actividades: la política, el trabajo y el resto (a lo cual llamaré “vida” de ahora en adelante). Pues bien, si uno se da cuenta, después de cierta edad (y bajo ciertas circunstancias), casi todo se transforma en trabajo. Uno termina con jornadas de hasta 10 horas (al menos en mi caso), sin contar lo que se lleva para la casa (siempre hay al menos una busqueda en Internet). Uno realmente “convive” con sus compañeros de trabajo, inclusive mas que con su familia, si se detalla que las horas del dia son las que se pasan en la oficina, y mas del 80% de las horas con la familia uno esta durmiendo. Eso nos lleva al segundo punto.

Cuando habla uno de politica? Y que conste que no me refiero a chavez y a la oposición…. Me refiero a lo que pasa en la calle, lo que ve en la prensa, en los noticieros, lo que quisiera que sucediera para que las cosas cambiaran. Si consideramos que este tipo de conversaciones suceden en la oficina, no mucho tiempo pues se esta en otras actividades, por lo cual suceden mayoritariamente en el tiempo que se dedica a la familia (a uno pues!), pues entonces se reduce el tiempo de disfrute familiar (considerando que no necesariamente se disfruta cuando se habla de politica), por lo cual, efectivamente, el tiempo que se pasa con la familia, con uno mismo, se ve reducido a su minima expresión en relación con el tiempo que se dedica al trabajo y a la politica. Entonces, al menos en mi caso, la pregunta ¿para qué un blog?, casi se responde sola: Es tan poco el tiempo del que se dispone para disfrutar esos “momentos kodak”, que lo mejor es relatarlos para que asi perduren mas de lo que se tomaron en suceder. Y ademas, ya que uno no puede recrearlos a imagen y semejanza de la primera vez, pues al menos asi uno puede traer cuando quiera, y en forma organizada, los recuerdos a la mente.

 

Bueno, hasta aquí creo que ha ido muy bien la explicación. Al menos, para la próxima vez que quiera introducir a alguien en el tema de los blogs, con miras a que lea el mio, lo podré remitir a estas palabras, con lo cual espero que al menos, al final del mismo, entienda que yo tengo un blog porque me dio la gana de tenerlo.

 

Siéntanse tan libres como yo para escribir lo que quieran, sin importar quien lo lee o no y que opina al respecto!

 

Al final de cuentas, la satisfacción es propia, solo la puede sentir uno…

CAI EN LA TENTACION!!!!!! pero estoy muy contento de haberlo hecho


Hace unos días decidí dejarme de pensamientos e ir a renovar mi teléfono celular. Siempre me gustó un NOKIA, y me compré el 6235. Nada mejor que ese teléfono! Me siento muy feliz con el mismo. Tiene todo lo que necesito. Tan es asi, que inclusive voy a dejar mi palm.

 

Llevo como 4 dias trasnochandome, ya que por el puerto infrarrojo lo comunico con mi computadora, y he pasado tonos, imágenes, y todo lo que se puede pasar. He bajado un software para manejar los contactos, que me permite sincronizar los contactos del telefono con mis contactos del Outlook. Pude hacer un respaldo de seguridad de mis contactos, de manera que no se pierdan la proxima vez que cambie de telefono (que de ahora en adelante siempre sera un nokia, por supuesto).

 

Y si alguien se pregunta por que escribo sobre esto, es porque recientemente escribi que no sabia por que la gente andaba como idiota con el celular en la mano dandole a los botoncitos. Ahora lo sé. Y lo acepto, soy un idiota mas, y me siento orgulloso de ello.

 

Si hubiese sabido que podria ser tan feliz con solo cambiar mi telefono celular, lo hubiese hecho hace mucho….

 

Por ahora, dejo esto hasta aquí porque estoy modificando muchas imágenes para poder cambiar el fondo del telefono al menos 2 veces al dia.

 

GRACIAS A DIOS EXISTE NOKIAAAAAAA