Karate Kid Bolivariano


nunchakusLos nunchakus son un arma de origen japonés, más específicamente de la isla de Okinawa. Originalmente era utilizado como una herramienta de trabajo por los campesinos y servía para desgranar el arroz (separar el grano de la paja) golpeando con ellos las espigas puestas en una malla. En 1609 se prohibió a estos campesinos el uso de armas, y tras los constantes ataques de los samurai, quienes robaban y oprimían a los campesinos se empezaron a usar herramientas de trabajo para defensa, creando así el kobudo de Okinawa, casi al mismo tiempo que el karate, que se creó con el mismo fin pero sin considerar el uso de armas. Dentro de las armas del kobudo de Okinawa, se encuentra el nunchaku, que se compone de dos varas de forma cilíndrica que son de la medida del antebrazo del practicante, se unen en uno de sus extremos entre sí con una cadena o soga de la medida del contorno de la muñeca. Esto permite ágiles y rápidos movimientos dinámicos, que en conjunto con la masa de los palos se convierten en una gran inercia que puede ser mortal. En la película Game of Death (1972), Bruce Lee presenta lo que los expertos definen como uno de los mejores duelos con nunchakus jamás vistos.

Pues bien, que tiene toda esta introducción que ver con una historia en este blog? Simplemente el hecho de contextualizar uno de los momentos más difíciles por los cuales he pasado en mi vida, el cual me enseñó una de las mayores lecciones que he recibido.

Vivíamos en Trujillo, alrededor del año 1980. Mi mamá, al ser abogado, mantenía estrecha relación con el colegio que los agrupa. Entre las actividades que ofrecían a sus agremiados, estaban las clases de karate, para todos los niveles. Mi mamá, en su delirio de que nos mantuviéramos lejos de la droga, entre otras múltiples actividades nos inscribió en dichas clases. El sensei era Coromoto (no recuerdo su apellido). Este personaje era todo un fornido, con cara de matar gente, que era el entrenador de la policía del estado, y por supuesto un hombre a temer. Se la pasaba descalzo trotando en un traje negro de karate (o quien sabe que otra disciplina). Por ser amigo personal de mi papá, yo sabía que era un experto conocedor de todas las armas de fuego que podían existir. Quizás fue miembro de algún grupo elite del ejercito, y quien sabe si hasta trabajo con el FBI o la CIA. Lo cierto del caso es que Coromoto era nuestro sensei, y representaba fielmente lo que debe ser un sensei (lo único que le faltaba era ser chino o japonés). Por cierto que años después me enteré que se había tenido que ir del estado, ya que un flaquito lo había agarrado y le había dado hasta por la cedula….

Aunque no recuerdo bien, las clases eran al menos 3 días a la semana. Esos días, nos íbamos mi hermano y yo a recibir nuestras respectivas clases de karate, kimono en mano. Como ayudantes del sensei, siempre habían o estudiantes mas avanzados, u otros practicantes que venían por épocas. Por lo general, los sábados habían exposiciones de artes marciales, donde por supuesto se presentaban las distintas armas que componen esta arte marcial, lo cual aumentaba el deseo de practicarlo por parte principalmente de los más pequeños. Un sábado de esos, en una exposición, se presentaron los nunchakus. Hasta ese momento, nada me había llamado mucho la atención de ese arte. Mas aun cuando un día, nos tocó una actividad donde nos iban a preparar para el futuro como cintas amarillas, lo cual consistió en que el sensei nos agarraba los brazos, y nos echaba un jalón tan pero tan duro, que se dormían ambos brazos por un tiempo como de media hora. Claro está, en ese momento, nadie se quejaba ni decía nada, pero en el baño se hizo una piscina cuando todos llegábamos a desahogar nuestro dolor supuestamente en privado llorando, sin sentir nuestros bracitos. En otra oportunidad, nos pusieron a todos acostados boca arriba, nos pidió el sensei que pusiéramos la barriga dura, y acto seguido se puso a correr sobre nuestras barrigas. Como entenderá el lector, esa no era la parte que me gustaba del deporte. Por el contrario, un día hubo una exposición, que al finalizar quedaron una serie de tejas, maderas y ladrillos sin utilizar, y me deleité partiéndolos al grito del KIAIIII!. Gocé un mundo, partí como mil tablas, ladrillos y maderos, pero al querer fijarme en la hora que era, me di cuenta que no me había quitado el reloj, el cual se encontraba, cual comiquita, con el cristal partido y las agujitas todas enrolladas y apuntando hacia fuera del reloj.

Total, que después de la exposición donde vi los nunchakus, quedé enamorado de los mismos. Por supuesto que le pedí a mi papá unos, y su respuesta fue la de costumbre: “fernando, ya te he comprado demasiadas cosas que no utilizas. Demuéstrame que vas a practicar el karate por un tiempo suficiente, y te los compro; no puedes seguir coleccionando vainas que no utilizas”. Me quedé con esa rabia, pero decidido a tener mis nunchakus a como diera lugar.

Una de las consecuencias de la exposición de los nunchakus, fue que no fui el único que quedó entusiasmado con los mismos, de manera que se generó una fiebre de tener nunchakus. Los mas grandes, lo que hicieron fue comenzar a fabricárselos ellos mismos, lo cual tenía mucho mayor mérito para quien orgullosamente contaba con un par de nunchakus fabricados por sus propias manos. Recuerdo que en la clase, a pesar de que no se utilizaban, quien tenia unos nunchakus se los colocaba en la parte posterior de su cuerpo (por atrás pues!), en forma oblicua, y amarrados por la cinta. Se veía realmente bien el tener sus nunchakus de esa manera. Yo de verdad no aguantaba la envidia, por lo cual, como de costumbre, hice un plan….

Comencé estudiando a todos los que llevaban sus nunchakus (les decíamos “chacos” simplemente). Observaba donde los ponían, los estudiaba, porque estaba decidido a tenerlos a como diera lugar. Un día, mientras nos cambiábamos en el baño, alguien dejo sus chacos colocados cerca de donde me estaba cambiando yo. Era el momento, era ahora o nunca, pensé. Miré donde estaba el dueño de los mismos, quien se encontraba distraído. Lancé mi kimono sobre mi objetivo, y procedí a agarrarlo con todo lo que estaba cubriendo. Los tenía en la mano. Agarré mi bolso rápidamente, y metí allí el objeto de mi reciente acción comando. Rogué por que mi papá nos estuviera esperando afuera, y así fue, de manera que ni me despedí de nadie. Me monté en el carro, y suspiré que pude salir del compromiso que significó alcanzar mi anhelo de tener unos chacos. Por supuesto, en mi casa mis padres no eran pendejos, de manera que eso debía ser un secreto, ya que si llegaban a ver que tenía cualquier cosa que no me hubiesen comprado, se formaría la de San Quintín (madre peo pues!), por lo cual no pude compartir con nadie mi reciente éxito alcanzado. Llegué a la casa, me encerré en mi cuarto, y por fin pude acariciar unos chacos. Les di una o dos vueltas, como había visto en las películas y en las exposiciones; me pegué madres coñazos en la cara, en las costillas, en los brazos, pero no me importaba, ya que con el tiempo adquiriría la experticia necesaria para utilizarlos como arma de defensa personal.

Pasaron los días. En la siguiente clase, el sensei nos reunió a todos, y nos indicó la situación que se había sucedido, que correspondía al hecho de que a uno de los compañeros se le habían “extraviado” sus chacos, y que esperaba que quien se los hubiese “encontrado” los devolviera. Inclusive, dijo que era suficiente con que los dejara donde los encontró, ya que lo importante era que aparecieran, y que no buscaban perjudicar a nadie. Esto vino acompañado con quien sabe que otra historia referencial acerca de lo correcto, lo justo, el sacrificio, lo malo de robar, etc. Yo, por supuesto, me hice el loco. Jamás entregaría mis tan anhelados chacos.

Siguieron pasando los días, y en mis ratos de soledad practicaba con “mis” chacos, pero realmente no era lo mismo tener que practicar en la soledad de mi cuarto, que poder ir a las clases y mostrar los chacos, amarrados por la cinta a la espalda, para la envidia de todos los demás (misma que sentía yo). Aquí es donde el cuento se pone “peludo”. Comencé pensando que para poder llevar los chacos a la clase de karate, debía hacer que los mismos fuesen irreconocibles por su anterior dueño. Recuerde que solo contaba con 10 u 11 años a lo sumo. Decidí darles unos golpes para que se vieran mas usados, y colocarles mis iniciales. Con eso, supuse que jamás podría reconocer el exdueño sus chacos. Una vez realizada la acción, esperé con ansias la próxima clase, en la cual haría el debut como orgulloso dueño de unos chacos.

Llegó el momento de la verdad. Llegué a la clase, me cambié, y me puse mis chacos a la espalda. Me sentía el hombre más grande del mundo, puesto que todos me preguntaban de donde los había sacado. Yo les dije, sin dudar ni un segundo, que los había hecho. Por supuesto que fueron muchos los que se me acercaron y me pidieron para verlos. Estuve toda la clase con mis chacos en la espalda, hasta cerca del final de la clase, donde todo se vino abajo. El sensei, que nos reunía a todos antes de la clase, en posición como de yoga, dijo, palabras mas palabras menos: “ya sabemos quien se llevó los chacos. Al terminar la clase hablaremos con el, y recibirá de nuestra parte la reprimenda que se merece. No diremos su nombre puesto que el sabe quien es”. De verdad, que hasta ahora ese ha sido el momento MAS DIFICIL que he tenido en mi vida. Nada hasta la fecha se compara con lo que sentí en ese momento, ahí sentado, mientras se me dormían las piernas quizás por la posición en la que me encontraba, quizás por el susto y el dolor que sentía. Era como si todo el mundo, con esas palabras, supiera que era yo. El sensei, con esa cara de asesino que tenia, me miraba fijamente. El dueño de los piazo de chacos me miraba fijamente. De verdad que rogaba porque la tierra se abriera y me tragara. Quería que el tiempo se detuviera, para que nunca tuvieran que hablar conmigo. Nos paramos todos. Yo con mucha dificultad ya que sentía que las piernas me temblaban. Se me acercó el sensei así como hecho el loco, y me dijo que no me fuera, que quería hablar conmigo. Me imagino que quien me veía no notaba la diferencia entre el blanco del kimono y el de mi cara. Todo el mundo se estaba haciendo el loco para quedarse y ver quien fue el ladrón. Hasta que me tocó ir a hablar con el sensei. Todos se dieron cuenta. Quedé al descubierto. Me sentó el sensei con sus tres ayudantes, y el dueño de los chacos. Por supuesto, como comenté al comienzo, cada quien se hacia sus chacos, de manera que era imposible que el dueño de los que me había robado no se diera cuenta de que eran los suyos. Me dio un discurso. Muy poco recuerdo del mismo, puesto que el miedo, por una parte, el susto por otra, y la vergüenza no me permitían pensar muy claramente. Me reclamó que como era posible teniendo los padres que tenia, que me robara algo que ellos me podían comprar, que eso estaba mal hecho, y en fin, todo lo que se le puede decir a un pendejo que hace una guebonada como esa. Me llevo a donde estaba mi papa esperándome, y le echó todo el cuento. DIOS, como había cometido semejante estupidez.

El camino a la casa con mi papá fue silencioso. Mi papá es un hombre que pocas veces pierde la paciencia, y en cuanto a los castigos se refiere, siempre fue un genio, ya que conseguía, sin violencia alguna, que uno sintiera hasta la última fibra el castigo. Cuando llegamos, supe que venía la conversación con el. Por supuesto que al contarle a mi mamá, que era más apasionada con todo, se arrechó, fritó, le dio vergüenza ajena. Mi papá por el contrario me dijo que eso estaba mal hecho, que no se podía repetir. Le pedí; le imploré que no me llevara más al karate; no quería ir a que me señalaran todos, y al mostrar mi debilidad, mi papá consiguió el castigo perfecto: seguiría llevándome religiosamente a mis clases de karate…

Las clases sucesivas fueron realmente terribles. Era como un cáncer andante. Nadie se me acercaba. Nadie me hablaba. había roto el código de solidaridad de quienes practican las artes marciales. Fueron días muy duros y terribles, pero como todo, pasaron. Aprendí mi lección de que jamás, JAMÁS, debía robarme nada, lo cual, hasta cierto punto, he cumplido en lo que llevo de vida.

Pero si alguien me propone que practique el karate, de verdad que lo pensaré dos veces… no vaya a ser que me roben.

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POR FIN VACACIONES!!!!


Hace 6 años me casé. Como escribí en una entrega anterior, tuve un viaje de luna de miel que, aunque extraño, lo disfrutamos muchísimo. Luego de eso, se han sucedido 6 años de trabajo constante, durante los cuales, por distintas razones, no tuve la oportunidad de disfrutar de otras vacaciones. Hoy, orgullosamente disfruto de unas muy merecidas vacaciones. Dado que tengo tanto si saber lo que es una vacación, decidí investigar un poco para armar el contexto de mi situación actual. Cualquiera podría pensar que esto es de locos, pero… NO ESTOY DE VACACIONES?????? En teoría puedo hacer lo que quiera, pero veamos algunas definiciones.

El diccionario de la lengua española define vacación como período de descanso durante el que se interrumpe una tarea o actividad habitual. Más claro que el agua. En estos días de vacaciones no debería hacer nada de lo que usualmente hago, que principalmente es trabajar. Pero esta definición me dejó como medio dudoso, por lo cual indagué un poco mas a ver que conseguía que me permitiera entretenerme en estos momentos en los que siento que no estoy haciendo nada. Así conseguí una definición de ocio, según la cual es el conjunto de ocupaciones en las que una persona emplea el tiempo sin estar obligado a hacerlas. Mucho mejor, pero definitivamente confuso. Según lo que entiendo, al estar de vacaciones, estoy ocioso. Es decir, que podría interrumpir mi jornada laboral, pero podría seguir trabajando sin estar obligado a ello, con lo cual estaría en un período de ocio. Es media confusa la idea. Pero investigando mas, conseguí algunas definiciones, donde en resumen una persona está ocupada si está trabajando (realizando algún trabajo por un sueldo o salario en metálico o especie) o con empleo pero sin trabajar (no esta trabajando temporalmente y mantiene un vínculo formal con su empleo). Pues bien, a la luz de lo que me toca hacer en estas vacaciones, llego a la conclusión de que efectivamente estoy de vacaciones, estoy ocioso, y de paso ocupado. La cosa se pone mas turbia aún…

 

Al final de cuentas, decidí apegarme a todas estas definiciones y asumir que efectivamente estoy de vacaciones, porque en un documento escrito así me lo indicaron; que estoy ocioso, porque realmente puedo hacer lo que me dé la gana sin que nada me obligue a ello; y definitivamente estoy ocupado, por cuanto aquí estoy escribiendo esto y buscando complicarme la existencia con algo tan sencillo como estar de vacaciones.

 

Haciendo uso de las vacaciones, voy a dejar esta confundidera hasta aquí, y voy a proceder a ejercer las mismas, acostándome cómodamente en mi cama a ver el mundial, con la firme esperanza de que no me salga una infección en la espalda por estar tanto tiempo acostado… claro, que de paso son unas vacaciones envidiadas, lo cual me hace el centro de algunos pensamientos malintencionados, ya que son muchísimos los que quisieran tener la oportunidad de unas vacaciones en pleno mundial de fútbol, pero hasta en eso la cosa es difícil, por cuanto realmente no tengo ningún fanatismo por el fútbol, de manera que tampoco me voy a dedicar a ver el mundial, sino solamente en los casos obligados, o cuando me inviten a ello.

 

Ya estoy confundidísimo, y cansadísimo, ya que he descubierto que dormir más de 12 horas continuas es agotador, de manera que voy a descansar un rato a ver que más se me ocurre…

 

QUE BUENO ES ESTAR DE VACACIONES!!!!

Siguiendo con la moto


Es imposible continuar son terminar de contar el segundo cuento mas significativo referente al tema de mi moto.

Resulta que desde el primer momento, siempre pedí que me compraran un casco para andar en la moto. Por supuesto que no podía ser cualquier casco, sino uno que estuviese a tono con las circunstancias (por así decirlo). Por ello, el casco que había seleccionado tenia un costo de 1500 bolívares, lo cual era el precio que habían pagado por la moto (ver la publicación anterior a esta). Por ello, se me dijo que no, que esperara a conseguir un casco mas económico.

 

Donde vivíamos para esos días, era una zona muy tranquila, que tenia forma de ovalo. Este ovalo lo formaba la calle, y nuestra casa estaba justo en el centro. No era común que mi papá montara la moto, pero ese día estábamos simplemente sentados en la puerta de la casa, donde solíamos pasar muchos ratos, y se le ocurrió a mi papá montarse en la moto a dar algunos giros en el ovalo. Por no saber manejarla muy bien, iba bastante lento. Por estar nuestra casa en el medio del ovalo, teníamos vista de la mitad del mismo, ya que la otra mitad estaba a nuestras espaldas. Por estar en el frente de la casa, no veíamos ni escuchábamos nada de lo que pasaba por la parte de atrás.

Mi papá comenzó con unas vueltas lentas. El ovalo tenia una parte baja, que era la que estaba al frente de la casa, y una parte alta, por detrás, por lo cual, en una parte tenia que bajar, y en otra tenia que subir. Estábamos sentados mi mama, mi hermano y yo frente a la casa, y veíamos a mi papa cada vez que pasaba por nuestro frente. Una vuelta, dos vueltas, tres vueltas, cuatro vueltas… y ya le estaba agarrando el gusto al deporte. Para la siguiente vuelta, paso y levanto los brazos, en señal de que podía manejar sin brazos. Para la vuelta siguiente, levanto las piernas mientras pasaba frente a nosotros. Para la siguiente, levanto las piernas y los brazos al mismo tiempo. Definitivamente se sentía cómodo con la moto, y nosotros le celebrábamos cada acto de impresionismo con aplausos y gritos.

Pasó el tiempo del siguiente paso de mi papá, pero nos quedamos esperando. Pasó suficiente tiempo para una segunda vuelta, y nada que pasaba el hombre. Mi mamá comenzó a preocuparse, y me dijo que fuera a ver si le había pasado algo. Yo le dije que no se preocupara, ya que seguramente se había conseguido una chama por ahí, y le estaba dando la cola… Pero realmente pasó tanto tiempo, que hasta yo me preocupé.

Mi moto tenía una característica, que era que por ser un motor de dos tiempos, cada vez que se caía, al prenderla botaba muchísimo humo blanco.

 

Pasó mucho tiempo, quizás media hora, cuando de repente escuchamos la moto. Al verla, venía arrojando una tremenda columna de humo blanco, por lo cual supe que se había caído. Cuando llegó a la casa, donde estábamos nosotros, pudimos observar un tremendo golpe que tenia en la frente. Venia realmente mal, de broma habló, y lo acostamos en el sofá. Nos contó lo sucedido: en la ultima vuelta que estaba dando, al momento de comenzar a bajar, quiso frenar, pero por falta de practica, en lugar de frenar con el freno de la rueda trasera, lo hizo con el freno de la delantera, por lo cual, como iba en bajada, salió disparado, utilizando como tren de aterrizaje su cabeza, la cual dio contra el brocal de la acera (el filito pues!). Contó que creía haberse desmayado. Cuando volvió en sí, estaba perdido. Se paró y recordó lo sucedido. Trató de prender la moto, que estaba ahí a un lado, y le costó mucho, hasta que lo logró y se vino a la casa.

 

Realmente el golpe había sido duro, además de golpearse el pecho, los brazos, TODO. Se le puso carne para la hinchazón, hielo, y algunos calmantes. Pero de repente sucedió que comenzó a sentir como se le movía algo por el pecho, y en realidad se le veía. Se veía como una pequeña masa se movía por las venas, rumbo al corazón. Ahí comenzó el joropo! Era muy peligroso lo que podría suceder si eso, lo que fuera, le llegaba al corazón o al cerebro. Por ello, se fueron mi papa y mi mama (no se por que yo no) para la clínica.

 

Al regresar, me entere que había sido una parte del morado que se le había hecho en el pecho, que se le había desprendido (o algo así). Estaba realmente mal. El golpe en la frente, con morado y todo, se le bajó a la cara, a los ojos, de manera que parecía rocky al final de la película. Cuando salía, los amigos le decían que como era posible que se dejara pegar de esa manera. Estuvo bastante tiempo convaleciente por ese encuentro terrestre (o con la tierra).

 

Como consecuencia, su primera acción fue darme la plata para comprarme el bendito casco, y prohibirme terminantemente utilizar la moto sin el casco. Por supuesto, que no tuvo que insistir mucho en ello, era mi sueño poder andar en mi moto con mi casco, y así lo hice, al menos mientras me duró “la fiebre”.

Y el ganador es!!!!!!


En mi casa había, de todas las reglas, una de especial cumplimiento: JAMAS TENDRIAMOS UNA MOTO COMPRADA POR NUESTROS PADRES. Es mas, mi mamá siempre decía: “el día que les compre una moto, se las compro con la urna donde con seguridad los enterraré”. Por ello, la posibilidad de que uno pidiera una moto y cuando mucho se pensara en la compra de la misma era, por así decirlo, simplemente imposible.

Estando en Barinas, uno de mis compañeros de clase era “el catire”. Con el catire hice una amistad realmente especial; estudiábamos juntos y nos iba muy bien, pero por sobre todas las cosas, soñábamos juntos, y compartíamos muchos gustos, algunos de ellos extraños. Por ejemplo, yo siempre he sido fanático de las carreras de carros (piques, carreras, etc.). La familia del catire tenía (creo que aun la tiene) una tienda en la plaza del estudiante, donde principalmente vendían mangueras de todo tipo. Por ello, el tío del catire tenía mucha relación con gente en el sector automotriz. Un día, el Tío del catire, que era bastante joven, nos invitó al taller de un amigo suyo. Era nada más y nada menos que el campeón barinés de piques. Nada me emocionó mas, me sentía en las grandes ligas, pues ya había logrado llegar a conocer a un verdadero corredor. Tenía un camaro, una belleza. Esto significó, en los tiempos siguientes a ese primer encuentro, que cada vez que podía le pedía al catire que fuéramos donde orlando (así se llamaba el dueño del camaro). Inclusive un día nos invitaron a ir a unos piques; fui todo emocionado a la casa a pedir permiso, pero fue negada la solicitud. La razón? Pues bueno, era muy peligroso, según mi mamá, que fuera a esas cosas, que la gente se mataba en las carreteras, etc.… Total, que después de mucho rogar, comprometerme a portarme bien, etc., no fui al evento.

Bueno, el cuento no es el de los piques… Un día, el tío del catire llegó al negocio en una moto. Roja, 80cc, Honda, de cross. Yo de inmediato me enamoré. El comentó que la estaban vendiendo. Estaba recién reconstruida, y era una belleza. Le pregunté el precio: 3000 bolívares (era el año 86). Por supuesto que, como me suele suceder, se me metió entre ceja y ceja esa moto. Soñaba con ella, rogaba por ella. Por no dejar, le hice la pregunta de rigor a mis padres: puedo tener esa moto? La respuesta es obvia: NO. Recuerdo que insistía a menudo con el tema, y siempre recibía por respuesta la misma palabra: NO. Un día, quizás mi mamá estaba débil, o simplemente fastidiada de mi insistencia, aplicó una de psicología, con lo cual esperaba que se acabara el temita. Ante una de las tantas veces que pregunté sobre la posibilidad de comprarme la moto, me dijo: si me la venden en 1500 bolívares, te la compro. Por supuesto que era una respuesta bien interesante, por decir lo menos. Obviamente, nadie bajaría el precio de la moto en un 50% solo por satisfacerme. Y de hecho, era una muy buena respuesta, puesto que yo siempre insistía basándome en que siempre me portaba bien, salía bien en mis estudios, etc. Con esta respuesta mi mamá consideró que se cerraba la posibilidad, pero por el contrario, me dejó la puerta trasera que necesitaba.

 

Como quizás sucede en muchas casas, al menos por esos días, en mi casa se cambiaba regularmente algún equipo: el de sonido, un televisor, etc. Yo, por lo general, me quedaba con las cosas que se iban cambiando, con lo cual logré tener en mi cuarto música para mi solo, televisor, radio, y en general, todo lo que mis padres, por una u otra razón, dejaban de utilizar, e inclusive, cuando se desechaba algo, también me lo quedaba, y por lo general lo arreglaba. Por aquellos días tenia yo un equipo de sonido muy bueno, que era de mi papa, y que me había dado producto de que se había comprado uno nuevo. El equipo estaba perfecto, y me permitía escuchar mi música en mi cuarto, grabar cintas, etc. Cual es la importancia de este equipo en este cuento? Pues mucha. Con la respuesta que me había dado mi mamá, fui y hablé con el tío del catire, y le pregunte si el estaría dispuesto a negociar la moto, recibiendo en parte de pago un equipo de sonido por la mitad del precio, y la otra en efectivo. Afortunadamente, su respuesta fue que SI, pero que debía ver primero el equipo. Listo, se me estaban facilitando las cosas.

Un día inventé que estaba malo el equipo, y que me lo llevaba a arreglar. Me lo lleve como pude a casa del tío del catire. Por supuesto que cuando lo vio aceptó el negocio, por lo cual inclusive me entregó la moto. Llegué con la moto a la casa, y a mi mamá casi le dio un yeyo. Le expliqué que había negociado, y que me aceptarían el pago de 1500 bolívares, por lo cual, tomando su palabra, y para que no fueran a vendérsela a mas nadie, me la había traído. Mi mamá no pudo hacer nada. Estaba atada de manos, ya que había dado su palabra de que si se la ponían a ese precio, la compraría. Me dio un cheque por 1500 bolívares para que lo cobrara y la pagara, y comenzó la diversión. Claro está, que puso condiciones MUY claras respecto al uso de la moto: quedaba terminantemente prohibido prestarle la moto a nadie, al menos sin su autorización. Por no tener papeles a mi nombre, quedaba prohibido andar por la calle con la moto; por no tener luces (era una moto de cross), no podría andar de noche; y algunas mas de menor peso.

 

Yo estaba feliz, tenía una moto. En esos días vivíamos dentro de la universidad, en unas cabañas de la zona rental, que era un espacio ideal para tener una moto. Recorría toda la universidad, cada vez que podía lo hacia, y los fines de semana eran dedicados casi exclusivamente al uso de la moto. Una característica de la moto era que yo a cada rato me caía, pero no me pasaba nada ni a mi ni a la moto, pero cuando la utilizaba mi hermano, cuando se caía era medio grave la cosa, pero afortunadamente nunca le pasó nada grave a él (a mi papá si. Tan grave, que merece un espacio aparte en este blog).

 

Un día, sábado recuerdo que era, estábamos el catire (quien era un asiduo visitante a mi casa con la esperanza de usar la moto), mi hermano y yo. Mi hermano y yo montábamos por turnos la moto, pero el catire solo podía vernos, ya que estaba prohibido que la montara nadie que no fuera de la familia, al menos sin la autorización y supervisión de mis padres. La cuestión fue que mis padres salieron, y quedamos lo estres solos. De repente, se me ocurrió una idea: por que no hacíamos una competencia de motocross, donde cada quien tendría un turno, en una zona con muchos baches y zonas de salto, y ganaría quien hiciera el salto mas alto y espectacular. Todos estuvimos de acuerdo, y en vista de que mis padres no estaban, pues no había a quien pedirle permiso para que el catire participara, lo cual no era mas que un detalle, ya que como nada iba a ocurrir, decidimos informar posteriormente lo que habíamos hecho, para no darle mas largas al comienzo de la competencia.

 

Para la competencia, utilizamos un lugar donde había posibilidad de desarrollar una alta velocidad, y que terminaba en una especie de rampa natural que sería la plataforma que permitiría dar el salto que establecería quien era el mejor. Los jueces siempre serían los dos que no estaban manejando. Comenzamos con mi hermano. Tomó velocidad, y dio su salto. Estuvo muy bien, pero era el primero. Le seguí yo; como dueño de la moto estaba obligado a ganar, así que lo di todo. La aceleré al máximo, y di un salto que, ahora que lo recuerdo, incluso me dio miedo cuando ya estaba en el aire. Caí a tierra, casi me caigo, pero sorteé el salto. La opinión de los jueces: era el ganador; pero aun faltaba el catire…

Recuerdo claramente que estábamos mi hermano y yo compartiendo una sombra, quizás la única que había, que hacia un arbolito que estaba a mitad de camino entre el punto de partida y el lugar del salto. Debido al tamaño de la sombra, estábamos muy juntos los dos sentados bajo el árbol cuya sombra nos cobijaba. Vimos arrancar al catire, venia muy rápido, quizás mas rápido que la velocidad que habíamos alcanzado mi hermano y yo; pasó en frente de nosotros muy rápido. Comentamos que de seguir así, sería el ganador. Llegó al sitio del salto, y al día de hoy, es el salto más impresionante que he visto al menos en persona. Subió muchísimo, tanto, que parecía que se había detenido en el aire. En el aire, vimos como se separó de la moto. Nos pareció una maniobra realmente temeraria, que indicaba que quería dejarnos a nosotros en ridículo, puesto que el ganaría siendo nosotros los dueños de la moto. Comenzó su descenso, y vimos como la moto seguía derecho, y el caía de lado, sin moto. Estábamos realmente impresionados, el catire era el ganador. La moto cayó en las dos ruedas, sola, avanzó un tramo, y cayó suavemente de lado. El catire siguió cayendo ahora sin moto, y al tocar el suelo, rodó como 5 metros dando vueltas sobre su eje. Levantó muchísimo polvo, tanto que no se le veía. Nos paramos y hasta aplaudimos!!! Definitivamente era el ganador. Nos quedamos, ahora parados, bajo la sombra del árbol, esperando que el catire viniera para felicitarlo, pero nada; el catire seguía en el piso sin moverse. Esperamos unos minutos, y nada, nos miramos mi hermano y yo, y le comenté “será que se dio duro?”. Naaah, dijo mi hermano, “eso es que se la esta echando ahí tirado, vamos a esperar que se pare”, y seguimos esperando. Ante el hecho de que no se paraba, me comenzó a recorrer por la espalda un frío que indicaba que podría haber pasado algo. Algo que significaría que mi mamá se enterara que le habíamos prestado la moto al catire sin permiso. Me aterré, y comencé a correr.

Llegamos donde estaba el catire, quien seguía como inconsciente. Cuando lo agarré y lo volteé, comenzó a gritar, y comenzó a decirme “AGARRAME EL BRAZO, AGARRAME EL BRAZO!”, al tiempo que su brazo (no recuerdo si era el izquierdo o el derecho) y su hombro se movían en forma incontrolable. Se lo agarré, hasta que cesó el movimiento. Se paró; DIOS MIO!!, tenía el chasis torcido!!!! Un hombre estaba notablemente mas bajo que el otro. Le dije que dejara la jodedera, que se enderezara, y me dijo que no podía hacerlo, que le dolía el hombro. Cuando revisamos, uno de los huesos de su clavícula se veía partido. EL CATIRE SE HABIA PARTIDO LA CLAVICULA!!!! Traté desesperadamente de que tratara de arreglársela, convenciéndome que era algo sencillo, que no había pasado nada, pero no, había un espacio entre cada pedazo de la clavícula en el cual cabían dos dedos. Fuimos a la casa, los tres y la moto, a pensar que haríamos. El catire me pedía que llamara a su papá, y yo le decía que se esperara, que me dejara pensar. En eso llegaron mis padres. No se podía hacer nada. En lo que vieron al catire con el chasis torcido, la mirada de mi mamá de inmediato se posó en mí, con muestras de querer matarme. Ni me habló, simplemente le dijo al catire que le diera el teléfono de su casa. Llamo al papa, y le contó lo que sucedía, que íbamos saliendo para la clínica.

Salimos, mi mamá no me dirigía palabra, y llegamos a la clínica, donde estaba ya esperando el papa del catire. Las explicaciones de rigor, las disculpas, pero nada grave. Revisaron al catire, y el diagnóstico fue que debían operarlo, ya que estaban muy separados los huesos, y habría que utilizar unos clavos para unirlos. Mi Dios, y todo por no hacerle caso a mi mamá!

 

Al catire lo operaron. Por supuesto que la primera noche, fui a quedarme con el, ya que me sentía responsable de lo sucedido. El problema fue que me pidieron que no me quedara más, ya que me dormí tan profundo, que ni me enteré de las veces que entraron las enfermeras a revisar al catire, y que la idea de quedarme era que estuviera pendiente del enfermo.

Finalmente, el catire se recuperó, aunque a decir verdad, le quedó el chasis medio torcido. Le hicieron mal la operación, y le quedó el hueso montado una parte sobre la otra. Tuvieron que volver a operarlo, y quedó medio bien.

 

Mi mamá me prohibió TERMINANTEMENTE que le prestara la moto a nadie, ni a mi hermano, que si me iba a matar lo hiciera yo solo, pero que no quería volver a saber que alguien mas se había montado. Y lamentablemente, no tuvimos un trofeo que darle al catire, para que al menos le quedara una muestra física de cuando ganó el campeonato de motocross.

 

A partir de allí, comencé a pedir un casco. Todo lo que ha sucedido lo hicimos sin tener un casco, lo cual significa que el catire, y todos los que participamos en la competencia, tuvimos mucha suerte de no partirnos el cráneo. Lo que pasaba es que el casco más sencillo, que combinaba con la moto, costaba 1500 bolívares, y era ilógico gastar solo en el casco lo mismo que se había gastado en la moto.

Nada es perfecto, afortunadamente. Yo obtuve mi casco, pero no por lo que podríamos llamar la “vía normal”, sino debido a que mi papá, con la aprobación de mi mamá, decidió un día montar la moto. Para hacer corto el cuento, se cayó y de broma no se mató, por lo cual una vez que se recuperó, lo primero que hizo fue darme la plata para comprar el bendito casco, pero es un cuento que, como dije anteriormente, merece ser contado aparte, en una futura entrega.

 

Del equipo de sonido, hasta ahora nadie supo la verdad de lo que había sucedido. En varias oportunidades mi mamá me preguntó por el mismo, y siempre le decía que me lo habían robado, por lo cual varias veces tuve que esquivar, de cualquier manera, el hecho de que fuéramos a denunciar al ladrón en la PTJ. Ahora ya se sabe donde fue a parar el equipo de sonido que me permitió tener la moto que siempre quise. Ahora de grande, uno de mis anhelos es, de nuevo, tener una moto. La diferencia es que ahora no puedo aplicarme a mi mismo la que apliqué el glorioso día que tuve la moto roja.

Nueva Imagen


Como observarán, he trabajado en algunos cambios al blog. Me ha movido principalmente la intención de personalizar el mismo, haciendolo, por una parte, mas agradable a MI vista, y por otro, para que se note algo de movimiento en cuanto a diseño se refiere. Lamentablemente, esto no significa que se haga mas facil la lectura, por lo cual les pido a quienes me hacen el honor de leer lo que escribo, que me den su opinión acerca de esta nueva imagen. Indíquenme si es mas difícil de leer, por sobre todas las cosas, que es la actividad principal para la cual esta hecho el sitio.

 

Espero sus comentarios…

Técnico Medio o medio técnico


Era junio o julio de 1987.

Yo siempre quise ser Ingeniero Electricista, por lo cual, decidí estudiar en una escuela técnica, con miras a tener cierta ventaja al momento de comenzar mis estudios universitarios. Cuando comencé a estudiar, vivíamos en el estado Trujillo, por lo cual estudié en la ETI “Laudelino Mejías”. Luego, nos fuimos a Mérida, donde estudié en la ETI “Manuel Antonio Pulido Méndez”, y finalmente vivimos en Barinas, donde estudié en la ETI “Ezequiel Zamora”. Después de 3 ETIs, y 5 años, llegaba al final de ese tramo del camino, para convertirme en TECNICO MEDIO EN ELECTRICIDAD.

Para esa época, una de las características principales que tenían las escuelas técnicas, es que estudiaba gente de muy bajos recursos. En mi caso, por ser hijo de profesores universitarios, estaba, según las escalas “tradicionalmente” establecidas, fuera de lugar, ya que me tocaría haber estudiado en un liceo privado. Por ello, siempre había el momento en que salía cierto “roce”, donde se dejaba claro la supuesta “diferencia” que existía entre yo y mis compañeros de clases. Realmente esta situación era, por demás, absurda, por lo cual no le paraba mucho, por no decir nada. Claro, en mi caso, jamás me quedé a comer en el comedor, no porque no quisiera, sino porque no me hacia falta. Ya verán por que menciono este caso.

Total, que era final de año, de mi 5to año. Recuerdo que habíamos presentado el penúltimo examen del año. Solo faltaba el de matemáticas. No era nada fácil lo que nos esperaba, puesto que las matemáticas en la Técnica siempre fue mas avanzada que en cualquier otro liceo. Sin embargo, ya nos consideramos Técnicos Medios. Por ello, al salir del examen, y seguros de que lo habíamos pasado, decidimos irnos a nuestro sitio de reunión (la pasarela frente a la técnica), a disfrutar del momento. Como nunca falta, a alguien se le ocurrió la genial idea, a las 10 de la mañana, de comprar un “picante” para celebrar. Reunimos plata, yo puse lo mismo que los demás, y alcanzó para una carterita de ron, la cual sería compartida entre más o menos 10 personas. Se compró la carterita, cacique recuerdo que era, y por supuesto que solo alcanzó para que cada uno recibiera una dosis de una tapita. Se acabó, pero como suele suceder, quedamos “picaos”. Decidieron reunir para comprar otra carterita, pero yo, como de costumbre, no me la calé, y decidí comprar algo grande. Fui y me compré una “patadeelefante”, y dije que nadie se le ocurriera pedirme, ya que era para mi solo.

Estuvimos como 1 hora hablando y tomando ron en la pasarela. Por supuesto que para esa hora, ya había decidido compartir mi “patadeelefante” con mis compañeros de jornada diaria, por lo cual ya estábamos bien entusiasmados. Comenzamos a sentir el clamor del cuerpo, expresado en ganas de orinar, y hambre, ya que era cerca del mediodía. Para resolver la primera solicitud corporal, decidimos irnos a la Técnica. Ya más de uno estaba borracho, puesto que no era común que bebiéramos ron a tan tempranas horas. Estando en el sitio, una vez atendida la principal solicitud, comenzamos a buscarle solución a la segunda. Nadie se quería ir. Yo ya me sentía muy borracho, pero aun podía pensar y medio ver las cosas claras. Así no me podía ir a la casa, así que decidí esperar a ver que decidía el grupo. La idea no pudo ser mejor: VAMOS A ALMORZAR TODOS EN EL COMEDOR, y hasta dijeron “y así almuerza Fernando algún DIA con nosotros, que nunca lo ha hecho”. Pues bien, yo no quise despreciar la invitación, y nada podía ser más inofensivo que aceptar la invitación.

Nos fuimos a la cola del comedor. Ya a mi se me había desarrollado una “pea” de padre y señor mío, de manera que comencé a sentirme muy mal mientras hacia la cola en espera de la bandeja. Habían unos hermanos que tenían un carro. Ese carro era algo así como un coronet, muy viejo, y muy descuidado. Yo, ante el hecho de que de verdad no aguantaba más sin recostarme, les pedí que me abrieran el carro para echar un “camaroncito”. Abandoné la cola, y me eche a dormir la tremenda pea que había agarrado luego de compartir una patadeelefante de ron. Perdí el conocimiento……

 

Eran las cuatro o cinco de la tarde, cuando sentí que alguien me llamaba. Escuchaba voces, inclusive gritos, pero no podía despertar. Sentí que me movían, que gritaban, pero no podía moverme. Volvió el silencio.

De repente sentí que me cacheteaban. Alguien me gritaba “chamo, llegamos a tu casa, tu mama te esta esperando”. Eso me despertó, reaccioné. Me paré y estaba en la parte trasera del carro de mis compañeros de clases. Estaba totalmente empapado, de pies a cabeza. No tenia zapatos, ni medias, ni cartera, ni correa. Solo tenía la ropa puesta. Cuando vi para el frente y alrededor, el carro estaba en la puerta de mi casa. Abrí la puerta, y me bajé como si nada estuviera pasando, y sin caer en cuenta de la situación. Mientras yo caminaba (si es que a eso se le puede llamar caminar), mis compañeros de jornada se bajaban y llevaban en la mano mis zapatos, mi cartera, correa, cuadernos… Mi mamá salio como alma que lleva el diablo, y me comenzó a preguntar que me había pasado, donde había estado, si estaba bien… recuerdo que le dije que qué le pasaba? Si estaba loca, que no me pasaba nada, y me puse realmente molesto ante sus preguntas y actitud. Tanto así, que uno de mis compañeros me dijo “chamo, ya, tranquilo, que es tu mamá, vamos para acompañarte a tu cuarto…”

Silencio de nuevo….

Eran las 8 o 9 de la mañana del día siguiente. Quizás era sábado, no recuerdo, pero si recuerdo que Salí con un dolor de cabeza que me estaba matando. Era un ratón de librito lo que tenía. Al salir a la sala, mi mamá me esperaba con una sopita exquisita. Me la comí, y ella comenzó a contarme lo que había sucedido. Que estaba muy preocupada, puesto que me había ido a las 7 de la mañana a presentar un examen, y regresé a las 6 de la tarde, con una gente que ella no conocía, en un carro que no conocía, mojado, a la casa. Que lo primero que ella vio fue que llevaban mis cosas personales (cartera, correa, zapatos) y que al no verme, pensó que me habían atropellado o algo peor, y se había asustado muchísimo. Pero al verme, ese sentimiento le cambió a rabia, al ver que lo que estaba era borracho. Según me contó, yo la había insultado, le había dicho que no me pasaba nada, que yo era un hombre que salía con mis amigos y hacia lo que me daba la gana, y que incluso estaba algo agresivo. Yo estaba atónito ante ese cuento, ya que honestamente no recordaba nada. Le pedí disculpas, y ahora que recuerdo que efectivamente era viernes cuando fui a presentar el examen, y que el lunes presentaría el examen de matemáticas, no me quedó mas que pasar mi ratón estudiando, y con otro ratón moral mas grande que el producido por la ingesta alcohólica. Afortunadamente, mi papá estaba de viaje, por lo cual no hubo mayores consecuencias. O mejor dicho, las consecuencias no fueron las correspondientes a las que se suceden en una situación en vivo.

 

Sobreviví al fin de semana, y me llegó el día de, ahora si, mi ultimo examen para ser Técnico Medio. El examen era a las 8, por lo cual llegué, como de costumbre, a las 7. Cuando llego, de una vez me rodean mis compañeros. Comienzan a decirme unas cosas que no entendía: que si tenía que apoyarlos, que éramos todos o nada, y les dije que no entendía. Lamentablemente, alguno de ellos comenzó a explicarme: el día viernes, cuando estábamos todos borrachos y esperando para comer en el comedor del liceo, justo después de que yo me fuera al carro a dormir, se acercó el sub-director del liceo a ver que pasaba, ya que ese grupo estaba haciendo mucha bulla. Al ver que estaban borrachos, les pidió que se fueran, y mis compañeros de clase no pudieron hacer algo mejor que caerle a golpes al sub-director. Luego se acercó un profesor, y le cayeron también en cayapa; se metieron en el comedor, voltearon las bandejas, las sillas, golpearon a quien se les acercaba, hasta que al final los sacaron a todos por la fuerza (quizás la policía, de verdad no recuerdo). Por ello, ahora estaban seguros de que habrían represalias, y estaban diciendo que debíamos hacer. Mayor susto, no sabía que hacer, que pensar. Entramos al salón, nos sentamos, cada quien en su sitio (por lo general yo me sentaba al frente), y el profesor comenzó diciendo: Jóvenes, ustedes saben que fueron parte de un hecho irregular el viernes pasado, por lo cual, el sub-director va a hablar con ustedes. En eso entró el sub-director, todo morado en la cara, con algunas vendas en los brazos, y con una mirada indescriptible. Simplemente dijo que el esperaba que los que participaron en el comedor se salieran del examen, puesto que no podrían presentarlo. Uno a uno se fue parando y saliendo bajo la mirada incisiva del sub-director. Prácticamente todos los hombres del salón salieron por su propia cuenta, y solo quedamos un compañero que no había estado con nosotros (siempre hay pajúo), todas las mujeres (ninguna había estado tampoco), y yo. Me volteé a la puerta, y a través del vidrio vi como me hacían señas de que me saliera. Me encomendé a Dios, ya que el no salir implicaría quizás el mismo destino del sub-director. En eso se me acerca el mismo sub-director y me dice: “Castellano, yo lo vi a usted con esa cuerda de facinerosos, así que espero que sea hombre y se salga y asuma su responsabilidad”. Hice de tripas corazón, pensé que debía hacer, rogué por un milagro, y como no ocurría, decidí enfrentar mi destino. Me paré, y le dije al sub-director: “profesor, es verdad que yo estuve con ellos bebiendo fuera del liceo, lo cual no es ilegal. También se que entré con ellos porque íbamos a comer en el comedor, pero antes de que se formara el problema, me sentí muy mal y me fui al carro de los Briceño (así se llamaban los hermanos que tenia el carro), y no estuve al momento de los hechos, así que no me voy a salir”, y me senté. Se me quedó mirando fijamente mi inquisidor, y me dijo: la verdad es que usted no fue uno de los que nos atacó, así que puede quedarse y presentar el examen.

 

Al salir fui objeto del desprecio de todos mis compañeros. A ellos prácticamente los juzgaron, y decidieron dejarlos presentar otro examen al día siguiente, examen que, como era de esperar, ninguno presentó. Por mi parte, pasé mi examen, y termine mis estudios, haciendo merecedor del titulo de Técnico Medio en Electricidad. El problema fue que después de ser el presidente de la Promoción, de haber buscado de padrino al Presidente del Consejo Legislativo, de conseguir plata para guerras de minitecas, con las cuales reunimos para hacer una fiesta de grado, no pude ni siquiera participar, ya que en septiembre comenzaba las clases en la universidad, mientras que el 80% de mi sección debía ir a reparación, por lo cual el grado decidieron correrlo para el momento en que todos terminaran. Supe que hicieron la fiesta que yo planifiqué, con la plata que yo organicé como conseguirla, pero me recordaron mucho. Algunos de mis compañeros fueron luego estudiantes de mis padres en la Universidad, allá en Barinas, por lo cual les echaron todo el cuento en detalle.

 

Por cierto, que días después, me contaron lo que había sucedido conmigo cuando ellos salieron del liceo después de la paliza que le propinaron a medio mundo en el comedor. Salieron corriendo, se montaron en el carro, y salieron de allí. Fueron a comprar más ron, y siguieron bebiendo, mientras yo estaba muerto en el carro. Cayó un palo de agua gigante, y en vista de que yo no reaccionaba, decidieron meterme en un charco de agua a ver si daba señales de vida; por ello es que me habían quitado los zapatos, la cartera y todo lo que cargaba encima. A pesar de los gritos, del agua, y de las cachetadas, no reaccionaba, por lo cual decidieron llevarme a la casa. Al ver a mi mamá, tuvieron que explicarle lo sucedido, mientras me llevaban a mi cuarto y me acostaban a dormir, no sin antes indicarme que no le gritara, que era mi mamá, que me calmara…

 

A mis compañeros de clases, y a los momentos que me permitieron compartir con ellos.

El día de las Madres


Hoy es día de la madre. En esta onda de plasmar los recuerdos, estuve tratando de traer a mi mente el último día de la madre que celebré con mi mamá. La verdad es que no afloró, pero si otros, quizás debido a que hubo algunos eventos significativos. Por ejemplo, un día de la madre, por los años ochenta, mientras vivíamos en Trujillo, mi papá nos levantó bien temprano a mi hermano y a mí, para salir a buscar el regalo del día de la madre. Subimos a pié, recuerdo yo, hasta comercial Maldonado, donde ya nos esperaba un tremendo regalo, envuelto y todo, que obviamente mi papá había pagado y reservado con anterioridad. Nosotros vivíamos a 5 cuadras del lugar de compra del regalo, por lo cual subimos caminando, y bajaríamos de la misma manera. El regalo era nada mas y nada menos que un juego de Té de plata, que estaba compuesto por una bandeja gigante, donde se posaban al menos 3 jarras de distinto tamaño, para el te, la leche y el azúcar (si no recuerdo mal), y hasta un pequeño mechero creo que tenia el juego, para mantener el té caliente. Estaba envuelto por un papel transparente, y lo adornaba un lazo rojo gigante. Recuerdo muy bien que bajamos los tres cargando el regalo. En realidad lo llevábamos entre mi hermano y yo. Fue todo un espectáculo, el pasearnos por los lados de la plaza bolívar de Trujillo con ese regalote. Llegamos a la casa, y se lo llevamos a mi mamá a la cama. Que recuerdo más bonito el de ese día.

Quizás uno de los días de la Madre más memorables e importantes para mí, es uno en el cual precisamente no lo pasé con ella, pero que me cambió la vida para siempre.

Como es de suponer, todos, todos los días de la madre me iba a la ciudad donde vivía mi mama a estar con ella. Por ser un día domingo, por lo general almorzábamos temprano, ya que debía regresarme a la ciudad donde estudiaba, lo cual representaba un viaje de unas 4 horas. Por supuesto que no importaba si habían exámenes, o si habían compromisos ineludibles; el día de la madre debía estar donde mi mamá, y así siempre lo hice. En el caso que estoy relatando, recientemente había conocido a una muchacha que me gustaba mucho. Dicha muchacha cumplía años precisamente en una fecha que caía el domingo día de la madre. Yo estaba muy entusiasmado por ella, y quería impresionarla gratamente para poder acercarme mas a mi propósito que era que aceptase ser mi novia. Esa semana lo estuve pensando, y pensando y pensando, hasta que el día viernes decidí hacer mi jugada. Como vivía en una residencia donde mi compañero de casa (y dueño de la misma) había sido novio de una hermana de mi candidata, le planteé que me llevara a casa de ella, y aprovecharía de quedarme en su casa, que estaba también en la ciudad a donde íbamos. Claro, debía sortear el pequeño problema que representaba no ir con mi mamá el día de la madre. En vista de que había una materia que era realmente difícil de pasar, y que en mi caso era fundamental, decidí decir en mi casa que tenia un examen el lunes de esa materia, por lo cual me iba a quedar estudiando el fin de semana, y no iba a viajar como todos los años. Mi mamá aceptó, ya que cualquier cosa que representara avanzar en mis estudios siempre fue sagrado para ella. Todo estaba listo. Por boca de una de las hermanas de motivo de viaje, me enteré que iban a celebrar el día sábado el cumpleaños, por lo cual preparé viaje para ese mismo día. Me fui con mi amigo en mi volkswagen, el cual nunca me fallaba en mis viajes. Resultó que a mitad de camino, se presentó una falla en el alternador del carro, por lo cual tuvimos que seguir solo con la batería. Para ahorrar la energía en la misma, y en vista de que íbamos principalmente de bajada, apagué el carro. Casi a una hora de destino, pudimos determinar que no llegaríamos a la ciudad final, por lo cual decidimos, muy a mi pesar, desviarnos al pueblo natal de mi compañero y cómplice de aventura. Llegamos, ya pasaba del mediodía, y a cada minuto iba desapareciendo más y más la posibilidad de cumplir con mi meta de llegar de sorpresa. Y no era tanto eso, sino que todo indicaba que no estaría ni con mi mamá, ni con la persona a quien quería sorprender, lo cual era un fracaso total de la misión.

En donde estábamos buscamos la posibilidad de arreglar el carro, pero era imposible. Solo pudimos cargar la batería, e intentamos llegar al menos a nuestra ciudad destino. Se nos fue el día, y debido a la situación con la batería, no podría andar de noche por la ciudad. Además de eso, no tenía ni la menor idea de donde estaba mi destino final, ya que dependía de mi compañero de viaje, quien me dijo que era preferible ir al día siguiente….

Dormí escasamente. En la madrugada caí en cuenta que era el día de la madre, y no estaba en la casa con mamá. Confieso que me sentí muy mal por ello, ya que como dije era la primera vez que no estaba con ella en ese día. Por ello, decidí que no podía quedarme tranquilo, y le rogué a mi compañero que por favor me llevara al sitio. Finalmente llegamos en horas del mediodía. Efectivamente habían rastros claros que indicaban que hubo una fiesta el día anterior, a la cual había faltado. Había gente tirada en los muebles, otros en las sillas, y entre toda la gente por fin vi una cara conocida: la hermana de mi objetivo. Cuando me vio se impresionó, pues ya ellos estaban celebrando el día de la madre con su mamá, y me preguntó que qué hacía yo allí. Le explique que quería darle una sorpresa a su hermana, por lo cual le pedí que la llamara. Salió, y como era de esperarse, su impresión no fue mayor. Me recibió, me sentó, me buscó una cerveza, y me contó que estaban haciendo una competencia de quien resistía más sin dormir. Entre los asistentes a la fiesta, estaba una pareja con una niña recién nacida. De repente la criaturita comenzó a llorar, y todos comenzaron a entrar a ver que le pasaba. Mi anfitriona me dijo que esperara un ratico, que iba a ver que le pasaba a la niña, se paró y se fue.

La velada estaba siendo muy buena. Conocí a los padres de las muchachas, a sus amigos (los que estaban vivos), y en general estuvo muy buena la tarde. Al rato de estar solo, le pregunté a alguien si la niña estaba muy mal, puesto que mi anfitriona se había parado hace mucho a ver por ella y aun no había regresado. A mi pregunta, y con muchas risas, me dijeron que ella se había acostado hace muchísimo rato…. La verdad es que no sabía que pensar, pero en general, me dije que era la consecuencia de haber inventado una mentira para no estar con mi mamá en su día. Le dije a la hermana que nos íbamos mañana luego de arreglar el carro, y que si quería se podían ir con nosotros (estudiaban en la misma ciudad), y aceptó mi oferta.

Nos fuimos mi compañero y yo antes de que cayera la noche, ya que no teníamos luces por el problema del carro, y terminé de pasar la velada en casa de su familia, donde estaban aun celebrando el día de la madre….

Al día siguiente, muy temprano, salimos a arreglar el carro. Luego pasamos buscando a nuestras invitadas, quienes con mucha pena se fueron con nosotros, a pesar de que pensaban que yo no iría por la afrenta a la cual había sido sometido el día anterior.

Hoy es día de la madre. Por primera vez en 5 años, fui al cementerio a ponerle unas flores a la tumba de mi mamá en su día. No lo había hecho antes simplemente porque no estaba enterrada en la misma ciudad donde vivía, pero ahora que estoy mas cerca, me encargo de esos detalles. Afortunadamente no fui solo, me acompañó la persona por la cual dejé de pasar un día de la madre (el único, de hecho) con mi mamá. Si, así es, me casé con esa misma muchacha, quien me apoya en momentos tan duros como los que me toca vivir cada día de la madre.

Feliz día de la madre!!!!

(Dedicado a mi mamá, quien se que siempre esta a mi lado. Ojala no te molestes con esta historia, pero al menos tuvo un final feliz -o dicho de otra manera, el sacrificio rindió sus frutos-)