FOMO como estilo de vida



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Por: Fernando J. Castellano Azócar

En mi búsqueda permanente de respuestas, leí un artículo que hablaba de la influencia del FOMO (Fear of Missing Out) en nuestras vidas. Mi traducción de lo que significa FOMO es: Miedo de Perderse de Algo.

Recuerdo que cuando era pequeño, la única forma de saber lo que pasaba en nuestra ciudad y alrededor del mundo era a través de la televisión, la radio, o de la prensa escrita. En mi casa era casi una religión comprar la prensa regional, así como una de las opciones de prensa nacional, y por lo general al regreso de sus jornadas de trabajo, mis padres se sentaban a leer su prensa con total concentración. Y los domingos era aún más sagrado el estar en la casa sentados leyendo las versiones dominicales de los periódicos. Obviamente, eran personas informadas con la última versión de la información que tenían a su alcance. Pero los tiempos cambiaron y trajeron consigo distintas formas de estar informados, así como distintos temas de los cuales informarse. Primero, el acceso a la información a través d la Web; luego, servicios como Twitter, y finalmente, las aplicaciones que llevamos en nuestros dispositivos móviles y que nos obligan a ver sus contenidos. Inicialmente, se trataba de un nuevo medio, mucho más eficaz en distintos aspectos en comparación con los tradicionales, sin embargo, con el tiempo se amplió el concepto y ante la posibilidad de compratir TODO, surgieron lo que ahora conocemos como “redes sociales”, y nos comenzó a parecer igual de interesate saber sobre lo que hacen los demás que lo que sucede en el mundo, siendo que lo primero conforma lo segundo. Y esto llevó a que las nuevas generaciones se concentran principalmente en qué hace la gente, más que en contexto y las consecuencias.

El análisis pasó a segundo plano, por no ser algo inmediato, de manera que la opinión pasó de un lugar especial a simplemente ser un comentario limitado a un número de caracteres en un hecho, cualquiera que éste sea. La comunicación activa pasó a un segundo plano, desplazada por una comunicación pasiva, donde principalmente se escucha y se critica.

Se dan por ciertas todas las informaciones, y se reacciona en consecuencia, para lo cual es imprescindible mantenerse actualizado de cuanto acontece. Precisamente es en este punto donde cobra relevancia el concepto de FOMO. Todos terminamos necesitando tener acceso permanente a lo que hacen los demás. Pero ya no son “los demás” aquellos que con una decisión pueden cambiar el destino de nosotros, del mundo o incluso de la raza humana, sino todo aquel que de alguna ha cruzado su vida con la nuestra en algún momento. Un viejo compañero de la escuela, un amigo de la universidad, el hermano, los tíos, los padres. Todos se vuelven de nuestro interés, simplemente porque podemos saber de ellos a toda hora. Así, cada uno de nosotros nos convertimos en el “big brother” de todos los demás, yendo mucho más allá de la realidad distópica presentada en “1984“.

Obviamente, cada quien decide qué ser y hacer con su vida, pero resulta interesante conseguirse esos “Morfeos” que viven advirtiendo sobre cómo estamos conectados a la “Matrix“. Entonces el FOMO es lo que nos impusa a revisar permanentemente las redes sociales. Esa necesidad falsa de no querer perdernos ni un segundo de la vida d elos demás, o de lo que nos hacen creer que es su vida, es la que nos obliga a invertir millones de segundos en una acción que al final sólo resulta en entretenimiento en el mejor de los casos. Y no es que sea malo invertir tiempo en entretenernos, para nada. Por el contrario, es conseguir el equilibrio entre el entretenimiento y la obsesión. Es darnos cuenta de las oportunidades que están disponibles y que ni siquiera nos enteramos por nuestra concentración en saber lo que hacen los demás, o lo que nos quieren hacer saber que hacen. Entre las recomendaciones que encontré proponían incluso un método de cómo organizar los íconos en el teléfono de manera de no caer en la tentación de revisar las redes sociales, método que he seguido y que hasta ahora me ha sido de total utilidad.

Por spuesto que se trata de una decisión personal, y es precisamente ahí donde se encuentra el punto importante: si es una decisión voluntaria el invertir tiempo en saber qué hacen los demás, así como mostrar lo que nosotros hacemos, con lo cual se alimenta ese ecosistema, pues adelante! Pero al menos que sea un acto consciente, y no sólo practicarlo por el simple miedo o del qué dirán, ni mucho menos por el miedo a perderse algo.

Afortunadamente, ante el FOMO, ha surgido el JOMO (Joy of Missing Out), al cual le estoy dedicando tiempo, comenzando por suspender algunas de mis cuentas en redes sociales. Por ahora voy muy bien, y ya tendré oportunidad de contar sobre los resultados…